27 de octubre de 2018
Video reseña de El cuarto deseo
José Capristo leyó El cuarto deseo e hizo esta extensa y muy interesante video-reseña para su página "Lo mejor en libros".
https://www.facebook.com/LoMejorEnLibrosAr/videos/679018352484323/?__xts__[0]=68.ARDeks3bUooScyaPzrqyrMs0hhYHM5q4ty2GJXsPdYcwuoTeN3tqvNXi7tDlPTh0_ts6PZY5q3wzs5qsQPFa3aQuIayPP3rRLudELxsnNZbsrE2Z8Nm7UuGnXq8F38qmpinbXFw1k1EGUsdjWM55PcnGYt4Pz_siIpIHPmYIbryOiQDFO6-AXahlbxcUn200hPpye_7iHqkdOu7vR47DroaRZ6NMEI-t10ErmY4&__tn__=H-R
7 de agosto de 2018
El cuarto deseo (primer capítulo)
La noche en que cumplía cincuenta y dos años,
mientras soplaba una velita clavada en una porción de torta de manzana en una
parrilla de Pinamar, Alberto sintió, de una manera brutal, que ya no quería
seguir compartiendo su vida con Norma. Antes, a ciegas, había pedido los tres
deseos (que Huracán no se vaya a la B, que Ramiro sea feliz, volver a jugar a
la pelota), y cuando abrió los ojos y vio la cara de su esposa volvió a
cerrarlos para agregar un cuarto deseo: que Norma se muera.
Esas cuatro palabras
que atravesaron su cabeza como un rayo impulsado por una fuerza involuntaria y
se clavaron en su pecho con la potencia de una trompada lo dejaron paralizado.
La inercia hizo que apagara el fuego de un soplido, que sonriera ante los cantitos
de las mesas vecinas y que agradeciera los aplausos de su mujer y de Josefina y
Daniel, la pareja amiga que había venido especialmente desde su veraneo en Mar
del Plata a pasar el fin de semana, pero por dentro estaba congelado. ¿Cómo
había llegado a pensar eso? Si él no era un violento ni un asesino ni odiaba a
su esposa, ¿por qué había pedido un deseo tan terrible? Mientras tomaba el café
y forzaba risas ante los chistes de su amigo, trató de convencerse, sin éxito,
de que la muerte de Norma podría ser el mal menor en este caso, de que mucho
peor para ella sería seguir viva y sufrir por el abandono y el hecho de
quedarse sola a su edad.
Al salir de la
parrilla Alberto se alegró de que Daniel y Josefina hubieran aceptado su
invitación de pasar la noche en el departamento en vez de en un hotel. Si bien
hacía más de una semana que estaba a solas con Norma en Pinamar, ahora, después
de la irrupción de ese cuarto deseo en su cabeza, no se imaginaba actuando de
la misma manera. Ya ni siquiera podía mirarla a los ojos.
Cuando llegaron al
auto de su amigo, Alberto se apuró a ubicarse junto a la ventanilla del
acompañante y les abrió la puerta a las mujeres para que subieran atrás. En el
corto viaje hasta el edificio, un poco mareado por el vino de la cena y el
champagne del brindis, y haciendo esfuerzos para respirar por la nariz el aire
de la noche, abrió la boca sólo para indicarle a Daniel qué calles tomar. Las
mujeres hablaban sobre el perfume que tenía puesto una de ellas pero él casi no
escuchaba el contenido de las palabras; sólo llegaban a su oído las texturas de
sus voces que delataban los dieciocho años de diferencia que había entre las
dos.
Ya en el
departamento, Norma abrió el sofá cama del living y con la ayuda de Josefina
pusieron las sábanas. Alberto fue al baño y se metió en la habitación, se quedó
en calzoncillos, se tiró en la cama y escuchó cómo su esposa les pedía a los
huéspedes que se sintieran cómodos y les deseaba las buenas noches. Buenas
noches, buenas noches de mierda, pensó él, con la mirada apuntando hacia la
ventana abierta de par en par, mientras imaginaba la inmensidad del mar que
empezaba a doscientos metros de ahí y sentía cómo la puerta se cerraba para
dejarlo solo con Norma, como cada noche desde hacía un cuarto de siglo, y ella
se ponía el camisón y se acostaba a su lado para sacarse los restos de maquillaje
con un algodón humedecido.
20 de octubre de 2016
Taller literario
La dinámica:
-Escritura y lectura de textos propios; corrección, comentarios y debate grupal
-Recomendaciones y análisis de cuentos y relatos de otros autores
-Dos horas semanales (o hasta dos horas y media, de ser necesario)
Los objetivos:
-Experimentar el placer que genera la escritura; intercambiar textos, ideas, conceptos y sensaciones acerca de la literatura propia y ajena; leer y escribir en busca de motivaciones para seguir leyendo y escribiendo
Dos grupos. Los horarios:
-Martes de 19:30 a 21:30 hs.
-Jueves de 19:30 a 21:30 hs.
-Sábados de 11 a 13 hs.
La zona:
-Palermo Viejo-Colegiales
La tarifa:
-$600 por mes
El contacto:
ignaciomolina22@gmail.com
El coordinador:
Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976. Publicó el libro de cuentos Los estantes vacíos (Entropía, 2006), los libros de poemas Viajemos en subte a China (Pánico el Pánico, 2009) y El idioma que usan todos (Pánico el Pánico, 2012), las novela Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010) y Los puentes magnéticos (Entropía, 2013), y el libro En los márgenes (2011), basado en textos de su blog Unidad Funcional. Como periodista ha colaborado en diferentes medios gráficos y publicado el libro Tribus Urbanas (Kier, 2009). Trabaja como corrector de estilo y dicta talleres de escritura grupales e individuales.
-Escritura y lectura de textos propios; corrección, comentarios y debate grupal
-Recomendaciones y análisis de cuentos y relatos de otros autores
-Dos horas semanales (o hasta dos horas y media, de ser necesario)
Los objetivos:
-Experimentar el placer que genera la escritura; intercambiar textos, ideas, conceptos y sensaciones acerca de la literatura propia y ajena; leer y escribir en busca de motivaciones para seguir leyendo y escribiendo
Dos grupos. Los horarios:
-Martes de 19:30 a 21:30 hs.
-Jueves de 19:30 a 21:30 hs.
-Sábados de 11 a 13 hs.
La zona:
-Palermo Viejo-Colegiales
La tarifa:
-$600 por mes
El contacto:
ignaciomolina22@gmail.com
El coordinador:
Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976. Publicó el libro de cuentos Los estantes vacíos (Entropía, 2006), los libros de poemas Viajemos en subte a China (Pánico el Pánico, 2009) y El idioma que usan todos (Pánico el Pánico, 2012), las novela Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010) y Los puentes magnéticos (Entropía, 2013), y el libro En los márgenes (2011), basado en textos de su blog Unidad Funcional. Como periodista ha colaborado en diferentes medios gráficos y publicado el libro Tribus Urbanas (Kier, 2009). Trabaja como corrector de estilo y dicta talleres de escritura grupales e individuales.
20 de enero de 2016
Clínica intensiva de Novela (febrero de 2016)
A partir del jueves 18 de febrero y durante los cuatro jueves siguientes voy a coordinar una clínica intensiva de novela en Colegiales. Está dirigida a quienes tengan una novela inédita terminada o en desarrollo y quieran hacerla circular y someterla (completa o hasta donde den los tiempos) a la lectura, la crítica, las correcciones, el goce, las miradas y las sugerencias mías y del resto del grupo. Para que cada texto pueda ser leído lo más extensamente posible por todos los talleristas el cupo de participantes es limitadísimo (cuatro personas –cuando se supere ese número de inscriptos puedo armar otro grupo).
La tarifa por los cuatro encuentros es una ganga: un yaguareté, una taruca y un cóndor (es decir, $650).
Inscripción y consultas por inbox o a ignaciomolina22@gmail.com
13 de septiembre de 2014
Anoche, en un homenaje a los poetas desaparecidos que se hizo en una Unidad Básica de La Cámpora en La Paternal, hablé un poco sobre Tilo Wenner (un tipógrafo y poeta entrerriano que fue secuestrado en Escobar dos días después del golpe de Estado y cuyos restos fueron rescatados de una fosa común e identificados en el 2009) y leí un hermoso poema de su autoría. Lo más lindo fue el beso y el “gracias” que me dio Taty Almeyda, Madre de Plaza de Mayo, cuando se iba del lugar.
3 de septiembre de 2014
Los relatos de la vida real cuentan con una gran ventaja con respecto a los relatos de ficción: en la vida real, la narración de los hechos no precisa estar acompañada por una sensación de verosimilitud para que sea creíble. Es decir: un suceso es creíble por el solo hecho de haber sucedido, por más extraño que parezca. En la ficción, en cambio, para que algo suene creíble y natural debe ser verosímil. Por ejemplo: si yo escribo una novela protagonizada por un flaco que es músico y que compone canciones sobre la memoria y los desaparecidos y colabora en eventos de las Abuelas de Plaza de Mayo y milita por la búsqueda de la identidad de los nietos apropiados y a veces se pregunta dónde estará Guido, el nieto de la Abuela más emblemática, y que un día decide hacerse un análisis y termina descubriendo que él mismo es Guido, nadie la va “a creer” y nadie se va a emocionar. Sería una novela forzada, inverosímil, malísima… Por eso es un desafío tan complejo el de escribir ficción. Y por suerte, al revés de lo que pasa en las novelas, a veces en la vida real se dan cosas tan increíbles que no necesitan ser verosímiles para resultar emocionantes.
20 de agosto de 2014
Tips para trabajadores freelance (I)
Salí a caminar.
Tu cerebro siempre es el mismo pero funciona de maneras diferentes de acuerdo a lo que estés haciendo: cuando caminás por la calle pensás de un modo muy distinto a cuando estás mirando televisión o a cuando estás escribiendo o a cuando estás tirado en la cama o a cuando te duchás. En cada una de esas ocasiones tu mente se maneja con un particular grado de perspectiva y proyección sobre los objetos de pensamiento.
Cuando caminás por la calle, por ejemplo, pensás en tus asuntos, proyectos y problemas desde una visión más a largo plazo y desde una perspectiva más amplia (como si los estuvieras viendo desde la terraza de un edificio) que en otros momentos del día. (Esto es fácilmente comprobable en la interacción entre dos cerebros: una pareja no conversa de la misma manera cuando está en la cama que cuando está comiendo en su casa que cuando está comiendo en un restaurante que cuando está paseando por la calle, etc. En cada uno de esos momentos cambia la temática de las conversaciones y el tono y el registro de las voces.)
Por todo esto, es fundamental que, aunque no tengas necesidad práctica de hacerlo, al menos un par de veces por día salgas a la calle a dar una vuelta de diez o quince minutos para charlar con vos mismo, organizar las ideas y los planes y ampliar la perspectiva de tus pensamientos.
Tu cerebro siempre es el mismo pero funciona de maneras diferentes de acuerdo a lo que estés haciendo: cuando caminás por la calle pensás de un modo muy distinto a cuando estás mirando televisión o a cuando estás escribiendo o a cuando estás tirado en la cama o a cuando te duchás. En cada una de esas ocasiones tu mente se maneja con un particular grado de perspectiva y proyección sobre los objetos de pensamiento.
Cuando caminás por la calle, por ejemplo, pensás en tus asuntos, proyectos y problemas desde una visión más a largo plazo y desde una perspectiva más amplia (como si los estuvieras viendo desde la terraza de un edificio) que en otros momentos del día. (Esto es fácilmente comprobable en la interacción entre dos cerebros: una pareja no conversa de la misma manera cuando está en la cama que cuando está comiendo en su casa que cuando está comiendo en un restaurante que cuando está paseando por la calle, etc. En cada uno de esos momentos cambia la temática de las conversaciones y el tono y el registro de las voces.)
Por todo esto, es fundamental que, aunque no tengas necesidad práctica de hacerlo, al menos un par de veces por día salgas a la calle a dar una vuelta de diez o quince minutos para charlar con vos mismo, organizar las ideas y los planes y ampliar la perspectiva de tus pensamientos.
19 de agosto de 2014
en las telenovelas de la tarde y la tardecita nadie se sienta a charlar de boludeces ni a mirar la tele un rato: todos se encuentran como de casualidad en la cocina o en el living siempre limpio y ordenado y conversan de pie sobre temas fundamentales para sus vidas. y cuando atienden el teléfono siempre es para recibir noticias inesperadas e impactantes; nunca es alguien del call center del banco para ofrecer un seguro contra incendios ni un amigo o familiar para preguntar cómo va todo, y menos que menos alguien que marcó equivocado.
17 de agosto de 2014
"(..) Y luego de un sueño cortito, todavía sin poder bajar de la alegría, arribamos, el sábado a la mañana, al Taller de escritura de Ignacio Molina. Está genial. Lo coordina el Ethan Hawke argentino, el más grosso, el de Los modos de ganarse la vida, Los estantes vacíos y Los puentes magnéticos, don Molina, que sabe mucho y enseña muy bien...
Voy al taller desde hace ya varios meses y cada día me gusta más. Se armó un grupo muy lindo en el que cada uno sigue el proyecto literario del otro y se ha convertido en uno de mis lugares en el mundo porque es donde se cocina mi novela ¡por fin! luego de muchos años de bloqueo escrituril. Al muñeco Eugene le encantó estar ahí. Lo alentaron para que él escribiera este post, pero en este momento está meta tocar la guitarra, así que quizás será la próxima (...)"
Corita King y las andanzas de su amigo Eugene, en:
20 de junio de 2014
"Yo jugué contra Ginóbili", de mi autoría, y textos de otros cinco bahienses y/o basquetboleros en Revista Anfibia, clickeando acá.
16 de mayo de 2014
1 de mayo de 2014
"El nombre del padre"
La semana pasada leí La doble ausencia, la primera novela del rosarino Javier Núñez, y después lo entrevisté para el blog de Eterna Cadencia.
Para leer la nota, clickear acá: http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2014/35087
Para leer la nota, clickear acá: http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2014/35087
11 de abril de 2014
Taller en la Feria del Libro
Voy a coordinar un taller / clínica de novelas en progreso en la Feria del Libro, durante tres lunes de fines de abril y principios de mayo. Es gratuito y con cupo limitado. Hay tiempo para postularse hasta el próximo jueves 17. En este link está toda la información.
15 de marzo de 2014
Matar a un nene
(Mi traducción del inglés de “Att döda ett barn”, gran cuento del sueco Stig Dagerman)
Es un domingo soleado; pronto sonarán las campanas de la iglesia. Los campos de girasoles brillan y en los tres pueblos de la zona resplandecen los vidrios de las casas. Los hombres se afeitan frente al espejo, las mujeres cortan pan para el desayuno y los nenes se visten. Es la mañana agradable de un domingo fatal: hoy un nene será muerto, en el tercer pueblo, por un hombre feliz. Pero el nene todavía se está vistiendo, su papá se afeita y su mamá, cantando, acomoda el pan recién cortado sobre un plato azul. Ninguna sombra atraviesa la cocina.
El hombre que va a matar a un nene está parado al lado de un tanque de nafta, en el primer pueblo. Es un hombre feliz que, a través de su cámara, mira a una mujer que se ríe apoyada en un auto azul. Mientras el hombre le saca una foto, el empleado de la estación de servicio ajusta la tapa del tanque y, mirando el cielo, dice que les tocó un buen día. La mujer entra al auto y el hombre que va a matar a un nene saca su billetera y comenta que están yendo al mar, que van a alquilar un bote y van a navegar lejos, muy lejos. La mujer escucha esas palabras, cierra los ojos y se imagina en el mar. El hombre está feliz, y durante un segundo, antes de subir al auto, disfruta del olor de la nafta. Ninguna sombra cae sobre el auto y el paragolpes, brillante por el sol, no tiene ninguna abolladura ni está enrojecido de sangre.
Al mismo tiempo que, en el primer pueblo, el hombre cierra la puerta del auto y prende el motor, en el tercer pueblo la mujer descubre que no tiene más azúcar. El nene, que ya terminó de vestirse, mira por la ventana hacia el arroyo y ve el bote negro en la orilla. El hombre que perderá a su hijo está recién afeitado. En la mesa de la cocina hay tazas de café, pan, manteca y moscas. Sólo falta el azúcar; la madre le pide a su hijo que vaya corriendo a lo de los Larson a pedir prestada. Y mientras el nene abre la puerta, su papá le dice que se apure, que el bote los está esperando. Dale, que vamos a remar más lejos que nunca, alcanza a gritarle. Mientras corre a través del jardín, el nene sólo piensa en el bote y en la corriente del arroyo y en los peces saltando sobre el agua, y nadie le cuenta al oído que sólo le quedan ocho minutos de vida y que el bote permanecerá en la orilla ese día y muchos días más.
No es lejos lo de los Larson: hay que hacer unos cuantos metros y cruzar la calle principal. Mientras el nene corre, el auto azul entra al segundo pueblo. Es un pueblo pequeño con gente que se acaba de levantar, y por la ventana de una casa, mientras toma su café, una mujer mira al auto que atraviesa la avenida levantando nubes de polvo. El hombre del auto ve cómo los árboles y los postes de luz, recién alquitranados, pasan como sombras grises a sus costados. El verano entra por la ventanilla. El auto sale del pueblo y acelera en la ruta desierta. Es placentero viajar así. El hombre se siente feliz y con el codo derecho roza el cuerpo de su mujer. No es un hombre malo, sólo está apurado por llegar al mar. Aunque no sería capaz de matar a una mosca, pronto matará a un nene. Mientras avanzan hacia el tercer pueblo, la mujer cierra los ojos, dice que no va abrirlos hasta que lleguen e imagina lo calmo y azul que estará el mar.
¿Por qué la trama de la vida se construye de un modo tan despiadado, por qué un minuto antes de matar a un nene un hombre es feliz y un minuto antes de gritar horrorizada una mujer puede cerrar los ojos y soñar con el mar, y por qué durante el último minuto de la vida de un nene sus padres pueden estar sentados en la cocina esperando el azúcar que le pidieron que fuera a buscar y hablando sobre sus dientes blancos y el paseo en bote, y por qué el mismo nene puede agradecerle a una vecina y empezar a correr con terrones de azúcar envueltos en una servilleta blanca y durante ese último minuto no ver otra cosa que un largo y brillante arroyo con peces saltando sobre la superficie del agua?
Enseguida, ya es demasiado tarde. Enseguida, hay un auto azul al costado de una calle y una mujer que se lleva una mano ensangrentada a la boca. Enseguida, hay un hombre que sale del auto y trata de mantenerse en pie, aunque por dentro se esté cayendo por un abismo de terror. Enseguida, hay terrones de azúcar blanca desparramados entre el asfalto y la sangre y un nene que yace inmóvil boca abajo, la cara aplastada contra el suelo. Enseguida, hay dos personas que, empalidecidas, tuvieron que dejar de tomar su café, salen corriendo de su casa y ven un espectáculo que jamás olvidarán. Porque no es verdad que el tiempo cure todas las heridas. El tiempo no cura las heridas de un nene muerto y no llega a curar el dolor de una mamá que se olvidó de comprar azúcar y mandó a su hijo a correr por el pueblo. Y tampoco puede curar la angustia de un hombre que mató a un nene.
El hombre que mató a un nene no va al mar. El hombre que mató a un nene vuelve lentamente a su casa, en silencio, junto a una mujer con una mano vendada. En los pueblos por los que pasan todo está cubierto por sombras oscuras, no ven ni una sola persona alegre. Cuando se despiden, también lo hacen en silencio; el hombre que mató a un nene sabe que ese silencio va a ser su enemigo, y que va a necesitar años para vencerlo, para poder gritar que no fue su culpa. Pero sabe que eso no es verdad, y por las noches soñará que puede cambiar aquel minuto de su vida.
Para el hombre que mató a un nene, siempre va a ser demasiado tarde.
Es un domingo soleado; pronto sonarán las campanas de la iglesia. Los campos de girasoles brillan y en los tres pueblos de la zona resplandecen los vidrios de las casas. Los hombres se afeitan frente al espejo, las mujeres cortan pan para el desayuno y los nenes se visten. Es la mañana agradable de un domingo fatal: hoy un nene será muerto, en el tercer pueblo, por un hombre feliz. Pero el nene todavía se está vistiendo, su papá se afeita y su mamá, cantando, acomoda el pan recién cortado sobre un plato azul. Ninguna sombra atraviesa la cocina.
El hombre que va a matar a un nene está parado al lado de un tanque de nafta, en el primer pueblo. Es un hombre feliz que, a través de su cámara, mira a una mujer que se ríe apoyada en un auto azul. Mientras el hombre le saca una foto, el empleado de la estación de servicio ajusta la tapa del tanque y, mirando el cielo, dice que les tocó un buen día. La mujer entra al auto y el hombre que va a matar a un nene saca su billetera y comenta que están yendo al mar, que van a alquilar un bote y van a navegar lejos, muy lejos. La mujer escucha esas palabras, cierra los ojos y se imagina en el mar. El hombre está feliz, y durante un segundo, antes de subir al auto, disfruta del olor de la nafta. Ninguna sombra cae sobre el auto y el paragolpes, brillante por el sol, no tiene ninguna abolladura ni está enrojecido de sangre.
Al mismo tiempo que, en el primer pueblo, el hombre cierra la puerta del auto y prende el motor, en el tercer pueblo la mujer descubre que no tiene más azúcar. El nene, que ya terminó de vestirse, mira por la ventana hacia el arroyo y ve el bote negro en la orilla. El hombre que perderá a su hijo está recién afeitado. En la mesa de la cocina hay tazas de café, pan, manteca y moscas. Sólo falta el azúcar; la madre le pide a su hijo que vaya corriendo a lo de los Larson a pedir prestada. Y mientras el nene abre la puerta, su papá le dice que se apure, que el bote los está esperando. Dale, que vamos a remar más lejos que nunca, alcanza a gritarle. Mientras corre a través del jardín, el nene sólo piensa en el bote y en la corriente del arroyo y en los peces saltando sobre el agua, y nadie le cuenta al oído que sólo le quedan ocho minutos de vida y que el bote permanecerá en la orilla ese día y muchos días más.
No es lejos lo de los Larson: hay que hacer unos cuantos metros y cruzar la calle principal. Mientras el nene corre, el auto azul entra al segundo pueblo. Es un pueblo pequeño con gente que se acaba de levantar, y por la ventana de una casa, mientras toma su café, una mujer mira al auto que atraviesa la avenida levantando nubes de polvo. El hombre del auto ve cómo los árboles y los postes de luz, recién alquitranados, pasan como sombras grises a sus costados. El verano entra por la ventanilla. El auto sale del pueblo y acelera en la ruta desierta. Es placentero viajar así. El hombre se siente feliz y con el codo derecho roza el cuerpo de su mujer. No es un hombre malo, sólo está apurado por llegar al mar. Aunque no sería capaz de matar a una mosca, pronto matará a un nene. Mientras avanzan hacia el tercer pueblo, la mujer cierra los ojos, dice que no va abrirlos hasta que lleguen e imagina lo calmo y azul que estará el mar.
¿Por qué la trama de la vida se construye de un modo tan despiadado, por qué un minuto antes de matar a un nene un hombre es feliz y un minuto antes de gritar horrorizada una mujer puede cerrar los ojos y soñar con el mar, y por qué durante el último minuto de la vida de un nene sus padres pueden estar sentados en la cocina esperando el azúcar que le pidieron que fuera a buscar y hablando sobre sus dientes blancos y el paseo en bote, y por qué el mismo nene puede agradecerle a una vecina y empezar a correr con terrones de azúcar envueltos en una servilleta blanca y durante ese último minuto no ver otra cosa que un largo y brillante arroyo con peces saltando sobre la superficie del agua?
Enseguida, ya es demasiado tarde. Enseguida, hay un auto azul al costado de una calle y una mujer que se lleva una mano ensangrentada a la boca. Enseguida, hay un hombre que sale del auto y trata de mantenerse en pie, aunque por dentro se esté cayendo por un abismo de terror. Enseguida, hay terrones de azúcar blanca desparramados entre el asfalto y la sangre y un nene que yace inmóvil boca abajo, la cara aplastada contra el suelo. Enseguida, hay dos personas que, empalidecidas, tuvieron que dejar de tomar su café, salen corriendo de su casa y ven un espectáculo que jamás olvidarán. Porque no es verdad que el tiempo cure todas las heridas. El tiempo no cura las heridas de un nene muerto y no llega a curar el dolor de una mamá que se olvidó de comprar azúcar y mandó a su hijo a correr por el pueblo. Y tampoco puede curar la angustia de un hombre que mató a un nene.
El hombre que mató a un nene no va al mar. El hombre que mató a un nene vuelve lentamente a su casa, en silencio, junto a una mujer con una mano vendada. En los pueblos por los que pasan todo está cubierto por sombras oscuras, no ven ni una sola persona alegre. Cuando se despiden, también lo hacen en silencio; el hombre que mató a un nene sabe que ese silencio va a ser su enemigo, y que va a necesitar años para vencerlo, para poder gritar que no fue su culpa. Pero sabe que eso no es verdad, y por las noches soñará que puede cambiar aquel minuto de su vida.
Para el hombre que mató a un nene, siempre va a ser demasiado tarde.
11 de marzo de 2014
Taller de escritura 2014
(Tres grupos, que empiezan o se relanzan en abril)
La dinámica:
-Escritura y lectura de textos propios; corrección, comentarios y debate grupal
-Recomendaciones y análisis de cuentos y relatos de otros autores
-Dos horas semanales (o hasta dos horas y media, de ser necesario)
Los objetivos:
-Experimentar el placer que genera la escritura; intercambiar textos, ideas, conceptos y sensaciones acerca de la literatura propia y ajena; leer y escribir en busca de motivaciones para seguir leyendo y escribiendo
Tres grupos. Los horarios:
-Martes de 19:30 a 21:30 hs.
-Jueves de 19:30 a 21:30 hs.
-Sábados de 11 a 13 hs.
La zona:
-Palermo Viejo-Colegiales
La tarifa:
-$350 por mes
El contacto:
ignaciomolina22@gmail.com
El coordinador:
Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976. Publicó el libro de cuentos Los estantes vacíos (Entropía, 2006), los libros de poemas Viajemos en subte a China (Pánico el Pánico, 2009) y El idioma que usan todos (Pánico el Pánico, 2012), las novela Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010) y Los puentes magnéticos (Entropía, 2013), y el libro En los márgenes (2011), basado en textos de su blog Unidad Funcional. Como periodista ha colaborado en diferentes medios gráficos y publicado el libro Tribus Urbanas (Kier, 2009). Trabaja como corrector de estilo y dicta talleres de escritura grupales e individuales.
La dinámica:
-Escritura y lectura de textos propios; corrección, comentarios y debate grupal
-Recomendaciones y análisis de cuentos y relatos de otros autores
-Dos horas semanales (o hasta dos horas y media, de ser necesario)
Los objetivos:
-Experimentar el placer que genera la escritura; intercambiar textos, ideas, conceptos y sensaciones acerca de la literatura propia y ajena; leer y escribir en busca de motivaciones para seguir leyendo y escribiendo
Tres grupos. Los horarios:
-Martes de 19:30 a 21:30 hs.
-Jueves de 19:30 a 21:30 hs.
-Sábados de 11 a 13 hs.
La zona:
-Palermo Viejo-Colegiales
La tarifa:
-$350 por mes
El contacto:
ignaciomolina22@gmail.com
El coordinador:
Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976. Publicó el libro de cuentos Los estantes vacíos (Entropía, 2006), los libros de poemas Viajemos en subte a China (Pánico el Pánico, 2009) y El idioma que usan todos (Pánico el Pánico, 2012), las novela Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010) y Los puentes magnéticos (Entropía, 2013), y el libro En los márgenes (2011), basado en textos de su blog Unidad Funcional. Como periodista ha colaborado en diferentes medios gráficos y publicado el libro Tribus Urbanas (Kier, 2009). Trabaja como corrector de estilo y dicta talleres de escritura grupales e individuales.
6 de marzo de 2014
Taller literario
En mis talleres literarios
hubo quienes:
-se dieron cuenta de que les encantaba escribir
-se dieron cuenta de que les encantaba escribir
-aprendieron algo
-empezaron a escribir sus
libros de cuentos o novelas
-comprendieron que escribir
era muy difícil
-no se engancharon y abandonaron
-pegaron buena onda
-se rieron bastante
-experimentaron el placer
que genera la escritura
-se disciplinaron
-descubrieron nuevos autores
-se hicieron amig@s
-encontraron en la
escritura una suerte de terapia
-generaron proyectos
-descubrieron que ya sabían
escribir
-se pusieron de novios
-se conocieron más a sí
mismos
-lloraron un poco
-me enseñaron cosas
-no escribieron demasiado
pero disfrutaron de leer
-comprendieron que escribir
era bastante fácil
-aprendieron a leer de una
manera diferente
-descubrieron la magia y el
poder de la ficción
-se sorprendieron al ser
leídos e interpretados por otros
-trajeron cosas ricas hechas
por ell@s
-se dieron cuenta de que no
les gustaba escribir
-me invitaron a asados
-no duraron más de dos
encuentros
-tomaron cerveza, mate y
gaseosa
-se hicieron amantes
-fantasearon con grandes
proyectos
-se pusieron a trabajar
juntos
-terminaron de escribir sus
libros de cuentos y sus novelas
-nos hicimos amigos
-leyeron y escribieron en
busca de motivaciones para seguir leyendo y escribiendo
-etc. etc. etc.
Si querés experimentar
alguna o algunas de esas cosas o sumar ítems a la lista, anotate en cualquiera
de los tres grupos que empiezan en abril:
Martes a las 19:30 hs.
Jueves a las 19:30 hs.
Sábados a las 11 hs.
Zona Palermo Viejo.
Informes e inscripción por inbox o a ignaciomolina22@gmail.com
25 de febrero de 2014
18 de enero de 2014
"Trilogía"
Hay quienes pueden leer Los puentes magnéticos como, de alguna manera, parte de una trilogía no programática conformada también por Los estantes vacíos y Los modos de ganarse la vida, dos de mis libros anteriores. Patricio Zunini lo hizo así, y después me entrevistó para el blog de Eterna Cadencia.
Para leer la entrevista, clickear acá.
Para leer la entrevista, clickear acá.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

.jpg)






