11 de diciembre de 2008

Sandinista!

Sandinista

Recién ayer, googleando, me enteré de que en el mundo hay otra obra literaria titulada Los estantes vacíos. Es un poema de Ernesto Cardenal, bastante malo y desconocido fuera de su país de origen, que hace referencia a los estantes vacíos de los supermercados nicaragüenses durante la revolución sandinista de la década del ochenta. El embargo que Estados Unidos le inflingió al gobierno de corte socialista provocó que desaparecieran las “hileras de cosas de colores” de las góndolas de los supermercados. Y esos estantes vacíos, para Cardenal, fueron símbolo de resistencia heroica del pueblo ante la agresión y el desabastecimiento imperialista.

Ayer entré a un Supermercado
y vi los estantes vacíos;
la mayor parte vacíos; y sentí un poco
la melancolía de los estantes vacíos,
pero más que eso, la alegría
por la dignidad de nuestro pueblo patente
en los estantes vacíos.
Estos estantes antes tan abarrotados
de cosas de todos colores innecesarias y necesarias
o como están en otros países. Es el precio
que pagamos, un pueblo pequeño peleando
contra el Coloso, y los veo repletos
de heroicidad los estantes vacíos.
El precio de la independencia. Y porque hay
miles de cachorros de Sandino sueltos por el monte.
Y así como faltan esas hileras de cosas de colores
falta la señora en la accra enseñando su haga,
el niño de ojos blancos como mármol extendiendo su mano.
Los niños retozan en sus barrios;
los mayores, tranquilos.
Y los policías sin garrotes de hule en la calle
para pegar a la gente,
ni bombas lacrimógenas
ni mangueras de agua ni escudos antimotines,
por los estantes vacíos.
Están sin las cosas
necesarias o innecesarias, pero llenos de sacrificio
y orgullo los estantes vacíos,
orgullo, arrogancia si se quiere, de un pueblo:
los estantes vacíos.
Ni se vende ni se rinde.
Y me fui, pesaroso pero gozoso por los estantes vacíos.

9 de diciembre de 2008

8 de diciembre de 2008

Bicho

La semana pasada Martín Lipszyc (una de las valiosas figuras que vendría a reemplazar, en el universo radiofónico, a esos viejos carcamanes que, con un lenguaje pseudo transgresor pero esencialmente conservador, pretenden seguir hablándole a los adolescentes y a los jóvenes, como si no se hubieran transformado en empresarios-millonarios-votantes de Macri) comentó Los estantes vacíos en el programa de Fernando Peña. Y después escribió una mini reseña del libro en el blog en el que escribe, y que puede leerse clickeando acá.

Salud, La Loma

4 de diciembre de 2008

Un padre de familia sin auto

Un padre de familia sin auto,
ni casa, ni familia,
mira el techo desvelado,
a las tres de la mañana.

Y espera a que se hagan las ocho
para caminar los mil kilómetros
que entran en la cuadra
que ahora lo distancia de su hijo.

Un padre sin familia que
–como los futbolistas
que se van al descenso–
habla en tercera persona,
para ablandar el dolor.



Si invitaran al Quinteto...

Roka Valbuena viajó a Villa Gesell, a cubrir el Encuentro Nacional de Narradores, y habló con el único asistente en las dos jornadas del evento.

“Es fascinante ser el único acá”

3 de diciembre de 2008

(...) La literatura. La venganza de los losers (...)

29 de noviembre de 2008

Pienso un poco en mi casa. No, nunca tuve una casa.
Pienso un poco en mis hijos. Mis hijos son mi casa
como estas estrellas son la casa
de mis ojos.

Desierta está la Plaza Batallón 40.
Su comandante es este hermoso árbol
que susurra
con los brazos abiertos,
y en la cabeza alta, en las banderas
y en los brazos abiertos
del comandante que perdió su sueño
susurra el aire suave,
el más suave de toda Sudamérica.

Nombre de cuartel tiene la plaza,
pero no es necesario
pasar por una guardia
para sentarse un rato en este banco,
no hay policía militar que pida
los papeles,
la dirección del alma.

Respira a pocos metros
el comandante positivo
y en su pecho susurra el aire suave,
el más suave de toda Sudamérica,
este aire lavado y vuelto a lavar
de amanecer en amanecer,
desde que el país existe,
como un blanco ajustado uniforme
sobre el cuerpo sin sueño
del comandante abierto
como cruz, florecido.

Alguien, algún día,
me contará qué hizo
el Batallón 40
aunque a mí no me importe
saberlo,
aunque hoy me baste
con leer su nombre
pintado con pobreza en una esquina,
me baste con sentir
que el Batallón 40
descansa en esta plaza,
bajo este cielo bajo, muy bajo
y muy oscuro
entre estrella y estrella
que pesa sobre el alma como jaula
vacía de zoológico,
con la puerta entreabierta.

En mi bolsillo, junto a otras llaves,
guardo la llave de una casa
de Buenos Aires
donde mis hijos duermen,
donde también va a amanecer
dentro de poco.
Allá todo era simple.
Se me caía el anillo
de casado del dedo,
salía a la terraza
miraba amanecer.

No sé qué hizo el Batallón 40,
ni me importa saberlo.
Pero junto a este árbol,
bajo este cielo
que perdió a su tigre,
miro con sueño las estrellas,
siento la suave brisa como el alma
de muchos hombres pobres
y borrados
sobre la luz de un monte.

En mi bolsillo guardo la llave
de otros amaneceres tibios
pero sin sueño,
amaneceres para gritar
pero no, porque mis hijos duermen.
Aquí descanso, en el Batallón 40.

24 de noviembre de 2008

Quiero que legalicen la marihuana

para fumarme un porro por la mañana,
cantan golpeando el techo,
sacando los brazos por las ventanillas,
los hinchas de River Plate
que nos secuestraron en el cuarenta y dos
y nos llevan sin escalas hasta Núñez.

Mirá si serán putas las gallinas,
me dice en voz baja al oído
la chica que viaja a mi lado,
y me muestra con disimulo,
bajándose un centímetro la pollera,
el borde de su bombacha azul y oro.
Mirá serán caretas estos pibes
que no pueden quemarse un churro
por fuera de la ley.

19 de noviembre de 2008

Ayer, mientras esperaba al 151 con Fausto en brazos, un adolescente de gorrita y pantalones anchos me preguntó: “¿quiere que lo ayude a sacar el boleto, señor?” Yo le agradecí, le dije que no hacía falta, y enseguida pensé en un post sobre la paranoia que te meten en todos lados con la inseguridad: tranquilamente, en vez de responderle con buena onda, yo podría haber pensado que el flaco me quería robar, que quería hacerse de las monedas para escaparse corriendo. Pensé en esas cosas, y recién ahora que me pongo a escribirlas me doy cuenta de que el pibe me dijo señor. Cómo vas a hablarme así, si somos de la misma, tendría que haberle dicho, sólo nos separan quince años de experiencia y baqueteo.

18 de noviembre de 2008

La placita

Lunes a las siete de la tarde. Mi hijo maneja su auto en la placita y una nena se le acerca y se queda mirándolo fijo. Fausto gira la cabeza y me consulta con la mirada; parece que no sabe cómo reaccionar.
*
Se acaba de ir un contingente de tres mujeres y cinco nenes. También se fue una chica de unos diez años que saltaba a la soga. Ahora, la presencia más destacable es la de un papá con saco y corbata que habla de negocios por celular. “Si me la dejás a ocho lucas verdes la paso a buscar mañana mismo”, dice como apurando al que le habla del otro lado. Por unos segundos, no sé por qué, estoy convencido de que tiene el teléfono apagado y que está actuando para mí.
*
Sentada a la mesita que tengo detrás hay una pareja de adolescentes. Ella tiene el pelo lacio hasta la cintura, teñido de amarillo oro, y pantalones militares. El pibe está totalmente de negro, tiene una mochila con inscripciones en liquid paper, y habla como si no le molestara el flequillo que le cubre el ojo derecho: “la vieja hija de puta me prometió cincuenta pesos y terminó dándome cuarenta, encima yo no le puedo decir nada porque es la mamá de los melli”.
*
Ahora, jugando a la pelota, hay dos nenes con camisetas de fútbol: una del Barcelona de España y otra de la Juventus de Italia. Mi viejo, si estuviera acá, diría que son de San Lorenzo de Almagro y de Liniers de Bahía; es así de localista.
*
¿Cómo dar cuenta de la calidez de la luz sepia del atardecer que se cuela por entre las hojas de ese árbol?
*
Dos mellizos de un año (no deben ser los mellizos de los que hablaba el emo) juegan prolijamente con un balde y una pala en el arenero. Fausto los mira quieto desde la zona de las baldosas, sentado en su autito, como si estuviera presenciando un espectáculo desde la platea preferencial.
*
Cada tanto aparece alguien extraño por la placita, alguien que no es ni papá ni tío ni abuelo y que es mirado de reojo por los demás: un borracho pacífico, una vieja chiflada, un tipo que conversa con sí mismo. Esta vez es un gordo de unos sesenta años que se sienta en uno de los bancos verdes, apoya un paquete de papel madera en el suelo y empieza a desplegarlo. Adentro hay una pila bastante alta de sánguches de miga. Desde acá se nota que están secos y endurecidos. El tipo, que está demasiado abrigado para la época del año, los empieza a comer con la mirada fija en algún punto de la calle. Tiene unos auriculares puestos. Durante unos segundos me convenzo de no transmiten sonidos.

17 de noviembre de 2008

"Nueva escritura en Latinoamérica"

El Andariego es una editorial de buenos libros creada y dirigida por Celeste Plaza Roig y Juan Ignacio Calcagno Quijano. Hasta el momento han publicado obras de, entre otros, Rodrigo Rey Rosa, Angel Rama, Elvio Gandolfo y Sergio Ramírez. Y se rumorea que entre las piezas literarias imperdibles que editarán en el 2009 está el libro de El Quinteto de la Muerte. Hace poco estuvimos en la casa de Celeste comiendo los mejores canelones del mundo. Con Juan Ignacio habíamos estado algunas semanas antes, pero no creo que él recuerde muy bien lo que pasó. El sábado que viene van a estar presentando –en un bar que me trae a la memoria los años de ascenso y defunción del progresismo blanco– un libro de Héctor Libertella. Acá abajo, el flyer con los datos.

14 de noviembre de 2008

Bellatin por Entropía

Editorial Entropía presenta Condición de las flores, de Mario Bellatin.
Sábado 15 a las 20:30 en La Boutique del libro - Thames 1762

Los que leen meses enteros, se deprimen y aconsejan...

. . . esos son los Anónimos que me gustan:

Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Fans del Quinteto...":

la verdad que es deprimente buscar en temátika a ver quien compra tus libros. te conviene mirar un poco a tu alrededor y dejar de llevar a cabo las máximas que vos mismo expones para los escritores primerizos.Cerrá el blog, abandoná el lobby, y sentate a escribir. En una de esas, lo hacés bien.

13 de noviembre de 2008

"La mirada de los otros"

Me gustaba vivir en Bahía Blanca. Cada vez que volvía de pasar las vacaciones de invierno en Buenos Aires o algún fin de semana en Sierra de la Ventana, me alegraba de que fuera ése y no otro el lugar en el que me había tocado nacer. Tengo una imagen grabada: al atardecer de un domingo de octubre, a fines de los ochenta, entramos con mi familia a la avenida Alem por la ruta 3. El aire está templado, las calles laterales están desiertas, sol empieza a caer. En un semáforo rojo, a la altura del Parque de Mayo, miro al tipo que viaja en el auto de al lado: un hombre solo, mordiendo una manzana, al volante de un Citroen despintado. Muchas veces, cuando pienso en Bahía, recuerdo esa sensación de placidez, esa tranquilidad casi somnífera que hace suponer que, de un momento a otro, cualquier cosa puede pasar.

Viví en Bahía hasta meses después de cumplir mis quince años; por lo tanto, la mirada que tengo sobre la ciudad está indisolublemente ligada a la mirada que tengo sobre mi infancia y los primeros años de mi adolescencia. Ese vínculo es fáctico pero también casual: creo que, al igual que yo durante mi niñez y mi pubertad, Bahía es una ciudad que sufre de timidez. Está mirada (personal, subjetiva y, desde ya, totalmente refutable) no implica ninguna valoración negativa. Bahía me sigue encantando cada vez que la visito y noto que, como todo tímido, esconde un enorme potencial inexplorado.

Me resulta difícil escribir sobre un lugar del que me fui hace casi diecisiete años. Me cuesta darme cuenta de cómo transitó la ciudad los nefastos cambios culturales producidos en el país a partir de los primeros años de la década pasada. La Bahía Blanca que yo viví más o menos conscientemente es la de los ochenta y los primeros noventa. Una ciudad que, para mí, se alternaba entre el pretendido linaje del club Palihue y el humilde decoro del club Napostá.

¿Entonces cómo puedo afirmar, pese a la distancia, que Bahía es una ciudad tímida? Hay un caso concreto que puede servir de ejemplo. Bahía es la ciudad que posee la mayor cantidad de jugadores de básquet por habitante de América Latina y de la que salieron las mejores figuras de ese deporte en la historia del país. Sin embargo, en los casi veinticinco años que lleva jugándose la Liga Nacional, no hubo ni un equipo bahiense campeón. Si esto no es una clara muestra de timidez es, por lo menos, la comprobación de que Bahía Blanca es un ente al que le cuesta relacionarse con los demás y que vive replegándose sobre sí mismo, con todo lo bueno y lo malo que eso implica.

(Publicado en la sección "La mirada de los otros" del n°2 de la revista literaria bahiense Esto no es una revista literaria)
"Imaginate lo que serían mis compañeras de la técnica, que a la más linda le decían Cheiles"

12 de noviembre de 2008

Foto de Funes en Caronti al 700

11 de noviembre de 2008

Fin de semana bahiense


Fausto no paraba de berrear y entonces su papá, Ignacio Molina, pidió que alguien por favor abdujera al bebé. De otra manera no podría seguir leyendo.
(…)
Para coronar la bahiensidad lo pinché un poco a Molina y listo, a la cancha. Funes, que le pone onda como loco, se prendió a ver básquetbol por primera vez. Estudiantes-El Nacional, en vivo y en directo desde la catedral.
(…)

Clickeando acá, el fin de semana de literatura, asado y básquet, por Abel Escudero Zadrayec.

Fotos de AEZ y Funes

10 de noviembre de 2008

6 de noviembre de 2008

Advertencia a La Cautiva



"La marcha y término de todas las pasiones intensas,
se realicen o no, es idéntica"

Esteban Echeverría


Había dos paredes de cartón atrás nuestro. El fondo del
departamento nos dejaba solos, a ver si venía el fantasma ese
rubio que dicen vive desde el sesenta

se olvida de la nieve, la nariz,

el desierto federal de nuestros cuerpos

fuertemente volar volar volar,

bajo tierra volar es un descanso

Después que pasé la puerta de cartón vino su lengua a saldar
cuentas con Mañana y con Pasado imperfecto: preví mientras
chupaba su panza que iba a ser inconveniente meter mano,
aferrarse a una baba que perpendicular e indecente me la
quiero beber toda... también señala «se está terminando»

tachar nombres sirve para sacar provincias del mapa

se acuerda de la nieve, la nariz, el desierto federal

de nuestros cuerpos fuertemente volar

bajo cama navegar es un descanso


Los tres tomos de La Voluntad para leer en colectivo, pensé que
recitaba «la justicia revolucionaria fue diferente» desde el
pasamanos, pero no estoy segura si era eso

nuestra Junta se olvida de la nieve,

federal no hay nieve ni desiertos nacionales


Compra cerveza a las tres de la mañana. En pijama. Al mediodía.
Besos de perro en una entrada de cuatro escalones, hacen un
sábado de película argentina. Busca bolsas para repartir y en su
ateísmo sabe rezar. Levanta una mano el cristal del amor, y
baja un pulgar repentino

nunca se viste más allá del azul

todo lo que mi época merece.

(del libro Las afueras, de Paula Peyseré, editado por Siesta en 2007)

Las afueras

Un pedazo del libro Las afueras, que publiqué el año pasado para bajarlo de internettt gratis
-digo un pedazo porque no puede ud conseguir aqui ni las postales ni las estampillas estas-

puede sí ud leer los textos concentradamente o a vuelo de pájaro ACA

gracias y saludos
paula

5 de noviembre de 2008

El sábado estaré en la FEA de Bahía

Como ya se dijo, el sábado a las cinco de la tarde voy a estar en Bahía presentando –en el marco de la FEA– Los estantes vacíos y Los domingos son para dormir, el libro de cuentos de Sonia Budassi, ambos editados por Entropía.

No sé cuántos lectores bahienses, y residentes en Bahía, tendrá este blog, pero por las dudas va la dirección de la Casa de la Cultura de la UNS: Alem 925, a sólo una cuadra del estadio Dr. Alejandro Pérez y del gimnasio Hernán Sagasti.

La Feria comienza el viernes a la mañana y termina el sábado a la noche. Clickeando acá se puede leer el cronograma de actividades y el listado de editoriales participantes.

La Contrarreforma

Salió el Nº 4 de La Contrarreforma, con ensayos y notas varias: Rejtman por Linne, Bruzzone por Terranova, peronismo del Siglo XXI por Vecino, manjar y dulce de leche por Tentoni, Oyola por Soifer y muchas cosas más.
Todo eso,
clickeando justo acá.

4 de noviembre de 2008

Apuntes de ayer

Creo que todos los años se adelanta y se atrasa la hora. Sin embargo, no recuerdo ningún revuelo como el de ahora. En la plaza, un tipo que hamaca a su hijo le dice a otro tipo sentado en un banco: "mirá, ahora serían las siete, qué loco no...". El hijo del tipo se llama Fidel. El único Fidel que conozco nacido después de 1959 es Fidel Nadal. El otro, más viejo, es Fidel Pintos. Me doy vuelta para ver si hay alguna posibilidad de que el tipo haya bautizado a su hijo con ese nombre en homenaje a Castro. Parecería que no, pero nunca se sabe.
*
A la placita le traje a Fausto un balde y una pelota. Yo me traje un cuaderno y una birome para anotar estas cosas. En realidad el plan era tomar notas para la novela. Pero hay días en que estoy menos inspirado que en otros. Aunque no sé si corresponde hablar de inspiración en este caso. Más bien hay que hablar de fuerza, de voluntad, de poder de concentración.
*
Fausto no le da pelota a la pelota. Unos pibes se la piden prestada y se ponen a jugar. A uno, sus amigos le dicen Chinito. Me fijo si tiene los ojos rasgados. No. Tampoco tiene la piel amarilla. Tendrá unos nueve años. Otro de los pibes tiene puesta una camiseta de Boca y un pantaloncito de River. Me hace acordar al ex dt de Las Leonas, el flaco que no me acuerdo cómo se llama y que se emocionaba por todo. Era tan bueno que juraba que era hinca de River y de Boca al mismo tiempo. Hincha fanático de los dos, decía.
*
Al celular todavía no le cambié la hora. Siempre que lo miro tengo que hacer el cálculo. Durante un segundo no sé si debo sumarle o restarle una hora al número que veo en la pantallita. Hoy me tenía que despertar a las siete y veinte, y por hacer mal el cálculo casi termino despertándome tarde.
*
Uno de los pibes cuelga la pelota. En realidad no la cuelga: la patea sin querer por sobre la reja que rodea la placita. Lo primero que hace es mirarme como con pánico a que lo rete. Y ahora sale corriendo hacia la calle. Estoy a punto de gritarle que tenga cuidado, como si fuera el padre; tengo miedo de que lo pise un auto. En tal caso, no podría sacarme la culpa por haber llevado una pelota a sabiendas de que a mi hijo todavía no le gusta patearla. Una vez, en esta esquina, chocó el taxi en el que iba al colegio. Hace, digamos, catorce años. Me había tomado un tacho porque, creo, tenía veinticuatro faltas y media y se me había hecho tarde. En esa época, un taxi desde acá hasta las Barrancas de Belgrano salía unos cinco pesos. ¿Ahora cuánto saldrá? Quince o veinte por abajo de las patas, calculo. Más allá de una ligera conmoción, en el accidente no sufrí más que una lastimadura chiquita por el estallido de la ventanilla. Lo que no recuerdo es que cómo viaje al colegio después.
*
Mi hijo le rompe a otro nene el vasito de papel (creo que se les llama así a los vasitos de cumpleaños, ¿no? Pero nunca entendí por qué. Ese material, estoy casi seguro, no es papel) en el que tomaba Coca Cola. El otro día, en la vereda, le afanó un helado de agua a un nene, casi bebé, que lo iba tomando en su cochecito. La mamá se enojó. Acá, en la placita, la familia del nene mira la escena desde lejos. Son tres mujeres y dos hombres. Están sentados más allá. Toman mate y comen algo. Antes me pareció que comían facturas, pero ahora me doy cuenta de que comen empanadas. A no ser que hayan juntado la merienda y la cena sin solución de continuidad.
*
El padre de Fidel le cuenta a su amigo que todo esto antes era una villa miseria. En el 78 los milicos volaron todo a la mierda, pasaron la topadora, le dice. Toda esta zona y todo lo que ves para allá era villa. El otro le dice que ya sabía, que hace cuatro o cinco años venía caminando para acá y la persona con la que iba tenía un poco de miedo. Se acordaba de la villa, le dice, todavía le daba cagazo andar por acá.
*
Me empieza a dar hambre. Estaba seguro de que en el bolsito tenía uno de esos turrones de cuarenta centavos. Desde que no puedo comer chocolates, esa es una de las compras de kiosco más interesantes que hago. Ya casi lo estaba saboreando, pero enseguida me di cuenta de que no tenía nada. Desilusión profunda. Momentánea pero profunda. No puedo recordar cuándo lo comí. Cada vez que pasa un 39 o un camión del Ceamse, Fausto se saca loco: va corriendo hacia las rejas y lo saluda con las dos manos. También hace sonidos guturales, proyectos de palabras entendidas sólo por él.

Mercancías

Cada tanto, como ahora, hay una ola de inseguridad. Aunque en realidad, creo, lo que hay cada tanto es una ola de información sobre la inseguridad. Una ola sustentada en casos reales, es cierto. Casi siempre surgida a raíz del asesinato de una clase de ciudadano que “no debería” ser asesinado. No quiero decir que no existe lo que se llama inseguridad. Ni que ahora no pueda acercárseme un tipo y volarme la cabeza para robarme este cuaderno. Lo que digo es que robos y asesinatos siempre hay, pero que la histeria se desata cada tanto empujada por el periodismo y sus necesidades particulares. Los medios de comunicación funcionan así: hoy es la inseguridad, mañana el secuestro, pasado mañana la ola de calor, la semana que viene una polémica con Maradona, la otra el debate sobre la jubilación, la otra el precio de la lechuga. Y así se van llenando páginas de diarios y revistas y programas de tele. Así como un kioskero necesita despachar golosinas para sobrevivir, un medio de comunicación siempre necesita tener en el tapete un tema vendedor, alarmante, que llame la atención. El día en que los consumidores de esas noticias (es decir, todo el mundo) se den cuenta de que los medios son simples empresas cuya mercancía obligada y urgente es la información, y que esa mercancía no merece más credibilidad que el comentario de una vecina del tipo “no sabes lo linda que estuvo la fiesta de quince de mi sobrina”, las cosas van a ser diferentes.

3 de noviembre de 2008

De mantenerse esta tendencia, se estaría armando un verdadero cóctel Molotov.

30 de octubre de 2008

Chozas

Desde Las Varillas, dice Pablo Giordano:

Después de dar tantas vueltas, voy a postear mi novela inédita. Será por entregas acá, o en la solapa NOVELA. Espero que les guste y me consigan un editor que la quiera llevar al papel. Los comentarios son bienvenidos pero no se abusen. Las suscripciones serán recompensadas, anímense. Un capítulo por semana, los Lunes. Y cuando no pueda, será en Martes. Paseny vean.

29 de octubre de 2008

Cerramos esta entrega con algunos trascendidos:

Literatura:
los próximos viernes 7 y sábado 8 de noviembre se llevará cabo en Bahía Blanca la primera Feria de Editoriales Autogestionadas, denominada FEA.
El evento se llevará a cabo en la Casa de Cultura de la ciudad, Alem 925.
Allí, en la principal avenida, están confirmadas, entre otras, las presencias de Sonia Budassi e Ignacio Molina, ambos autores bahienses residentes en Capital Federal.
Budassi estará presentando Los domingos son para dormir, su flamante libro de cuentos publicada por la Editorial Entropía.
Molina, en tanto, seguirá robando, a ya más de dos años de su aparición, con su volumen de relatos Los estantes vacíos.
Ambos estarán presentando sus respectivas obras el sábado 8 a las 17 horas en una mesa conjunta. Los acompañarían, en principio, el también bahiense Luis Sagasti y el capitalino Lucas Oliveira.
La expectativa es grande en Bahía y la zona, se espera una gran afluencia de público.
(...)


(el que me diga a qué programa de radio intenté homenajear, se habrá ganado algo)

28 de octubre de 2008

27 de octubre de 2008



23 de octubre de 2008

En la placita

Ahora que, con la primavera y el cambio de hora, los días se alargan, puedo quedarme con mi hijo en la placita hasta su hora de comer. Ayer, sentado en el banco más apartado, había un borracho de unos treinta y pico de años, muy parecido al cantante de la 25 o de cualquiera de esas bandas stone de rockeros quemados. Cada tanto sacaba un cartón de vino de una bolsa, tomaba un trago y se lo quedaba saboreando con una sonrisa dibujada. No molestaba a nadie. Sólo le habló a una abuela que acababa de cambiarle los pantaloncitos a su nieto en el arenero. “Cambialo en un banco, vieja, lo ensuciaste todo al pibe”, le dijo a los gritos. Yo estaba sentado a una de las mesas empotradas, con un cuaderno abierto sobre la tabla de ajedrez hecha con pequeños azulejos, por primera vez en varios meses tratando de escribir al aire libre. En la mesa de al lado había dos mamás. Tomaban mate, comían galletitas, miraban jugar a sus nenes y hablaban sobre los partos. “El obstetra era re buena onda y se partía de fuerte”, contaba una, “pero el hijo de puta me puso los puntos apurado y me dejó la cachufla a la miseria”. El borracho, al mismo tiempo, tuvo un gesto destacable. Unos pibes que jugaban al fútbol habían tirado la pelota al terreno del Ceamse, y él se paró enseguida para ir a buscarla. Por la calle pasaba una ambulancia con las sirenas prendidas. Eran casi las ocho y media y todavía no había oscurecido.

Esto no es Twitter (es autocrítica)

Si me dieran diez centavos por cada minuto de mi vida gastado en boludeces, podría cubrir las necesidades materiales de mi descendencia hasta el siglo XXIII

22 de octubre de 2008

Mirá flaco...

... si vos te me hacés el Cani, yo te hago el Benjamin...

20 de octubre de 2008

Una amiga me cuenta una historia “increíble”.
El sábado a la noche salió con un chico por primera vez. Se encontraron en la placita de San Telmo y fueron a un restorán de por ahí. Después de comer, y como los dos viven por el mismo barrio, ella propone volver caminando. Serán quince o veinte cuadras, le dice. Pero él se queda callado y después le dice que no, que mejor tomar un colectivo. Ella, como no quiere entredichos, acepta. Caminan en silencio hasta la parada. Esperan unos diez minutos y se quedan sin temas de conversación. Al final, él le dice “está bien, volvamos caminando”.
Empiezan a caminar esas quince o veinte cuadras. De repente, él se frena, la mira a los ojos y le dice:
–Te tengo que contar algo. El motivo por el que prefería volver en bondi. No es que no me guste caminar con vos. Pero…
–Sí, decime…
–Es que cuando camino mucho… se me paspan las nalgas…

17 de octubre de 2008


15 de octubre de 2008

Aforismos naroskyanos

Hay quien tira un vidrio roto en la playa...
... pero hay quien se agacha a levantarlo.
*
Hay quien vende mi libro usado en Mercado Libre...
... pero hay quien se copa en comprarlo.

10 de octubre de 2008

Que vuelva el niño aquel

En el facebook me veo a mí mismo en fotos que no conocía, fotos guardadas durante décadas en cajones ajenos. Esta fue sacada en Sierra de la Ventana, a orillas del arroyo que pasaba por los fondos de la casa de mi familia, a fines de los setenta o principios de los ochenta. Yo soy el chiquito sentado, de pulóver azul con guarda blanca, al que el sol del ¿otoño? le enrubia la cabeza.


Dibujines



Dibujos de Funes. Muchos más, en su nuevo blog: aprendiendo a ser Da Vinci
*

8 de octubre de 2008

Hologramas

El domingo 21 de septiembre salió el primer número de Atico, un nuevo periódico bahiense. Y ese mismo día, en el suplemento cultural Nexo, Valeria Tentoni publicó una reseña de Los estantes vacíos.
Gracias Valeria, entonces, y larga vida a Atico.
Copio acá abajo las primeras líneas de la reseña:

Ignacio Molina, bahiense de 1976, nos trae en esta, su primera publicación, un compendio de quince cuentos que convergen en una unidad de estilo y prosa notable, en clave realista. Cada relato está atravesado por historias comunes, cotidianas, habitadas por personajes rotulados con nombres propios pero que bien podrían no tener nombre, o tener todos el mismo (...)

(para seguir leyendo)

*

Tan difícil todo se hace


7 de octubre de 2008

Rep

Clickeando acá se puede leer la versión editada de la entrevista que le hice a Rep hace ya algunos meses y que salió publicada un par de semanas atrás en la revista Noticias.

6 de octubre de 2008

FEA en Bahía


En la placita, el domingo a la mañana, dos nenes extranjeros juegan en las hamacas. Hablan a los gritos en inglés, tienen anteojos de plástico, las frentes pintadas con colores flúo, y camisetas con inscripciones de universidades norteamericanas. Mi hijo se para frente a uno de ellos, le acerca la cara a dos centímetros y se lo queda mirando fijo. Un hombre sentado a una de las mesas empotradas se ríe. “Lo mira como diciendo de qué planeta vienen estos locos”, le dice a su mujer. Sentada al sol la mamá de los nenes habla con una amiga, ora en inglés ora en español. En realidad no puedo darme cuenta de cuál es la mamá y cuál es la amiga. Sea como sea, las dos miran los avisos clasificados, están vestidas como si fuera pleno verano y hablan, según lo que alcanzo a entender, de comprar un pe hache en Colegiales o en Yacarita.

*

La televisión del domingo a la tarde se convulsiona con la renuncia de un técnico. Durante su mandato al frente del plantel defeccionó, falló en la elección de los jugadores, el grupo nunca encontró el andamiaje equipista y no pudo demostrar volumen de juego, dice con esa cadencia de los periodistas deportivos un egresado de carrera terciaria, un pibe que no necesita del facebook para que sus compañeros de la secundaria sepan de él

3 de octubre de 2008

Mi mamá no soporta ver mi ropa desordenada, y se la pone a doblar y a emprolijar sin mi consentimiento.
–Qué hacés, vieja –le digo–, ¿cómo te vas a poner a revolver así mis cosas? . . .
mirá si llego a tener drogas escondidas ahí . . .
–¿Y, qué tiene? . . . ya me daría cuenta por las pupilas…

Cheba



Además de ser mi cuñado segundo (si es que así se denomina al grado de parentesco que se tiene con el novio de una prima), Cheba Massolo es músico. Entre otros proyectos, toca la guitarra en The Nada, la banda de Kevin Johansen. Y este año editó Coyazz, su primer disco solita, “una mezcla criolla y acústica de guitarras y charangos donde lo primordial del jazz se mezcla con el folklore y los elementos melódicos del tango”. La mayoría de los temas son instrumentales. Ideales para escuchar en cualquier momento del día mientras se hace cualquier cosa. Mi canción (si es que así se puede llamar a una composición que no contiene canto) preferida se llama Colegiales. Ahí arriba puse un videito, y clickeando acá se puede entrar al myspace desde donde se pueden bajar algunos temas.

2 de octubre de 2008

Mientras me hago un café durante un recreo del trabajo, escucho una entrevista a Diego Frenkel en la radio y me acuerdo de algo de quince años atrás.
Con mis hermanos vivíamos en un edificio con pileta. Un sábado al mediodía, uno de esos sábados calurosos de verano en que uno nunca termina de vestirse, mi hermano prende el televisor en un canal de música, y mirando un video de La Portuaria me dice: “me dijeron que este flaco vive de noche, nunca sale de día, se la pasa fumando y chupando y nunca ve la luz del sol, le tiene como fobia al día, vive de noche…”
A la media hora, cuando bajo a la pileta, a la primera persona que veo tomando sol, tendida en una reposera, es a Diego Frenkel. Tiene una malla flúo y toma un licuado en un vaso grande. Yo me quedo paralizado unos segundos. Si hubieran existido los celulares, le habría mandado un mensajito a mi hermano.
Me gusta mucho el término “tunear”. A mi hijo le regalaron un cuatriciclo, y cada vez que lo usa yo lo vuelvo loco diciéndole: “hay que tunearlo, hijo, pongámosle unos calcos, una bocina, un espejito, hay que tunearlo”. El otro día, en el 39, un pibe viajaba con una guitarra enfundada entre las piernas y hablaba por teléfono muy enojado: “te juro que si no sacás Sargent Pepper´s para el ensayo de mañana, te vas a tocar con Los Grossos”.

Pensá en tu futuro



Pará de boludear / pensá en tu futuro
que el tiempo se te acaba / mil problemas en tu hogar

1 de octubre de 2008

Cargados viajan los trenes
que salen de Puente Pacífico
Me inquieté
porque me pareció leer
que el mensajito de texto
decía "Te quiero".
Pero en realidad
sólo decía
"Te quiero
garchar".































.