3 de septiembre de 2012
Nueve preguntas
11 de agosto de 2012
10 de agosto de 2012
30 de julio de 2012
23 de julio de 2012
25 de junio de 2012
Taller de escritura
24 de junio de 2012
20 de junio de 2012
12 de junio de 2012
Brick
-Tenía algunas ideas respecto a la puesta, a las formas de los actores, el espacio. Y además el texto ya de por si tenía un orden. No tenía mucha idea de dirección y fue mi primera experiencia. Llena de ansiedad, sí. Como las primeras veces de las primeras cosas.
-Les diría que vayan a ver un rato a tres galancetes y a escuchar unos buenos boleros y canciones de Sandro, de Violeta Rivas, de Roberto Carlos. Además de miles de cosas más que se me irían ocurriendo...
7 de junio de 2012
Tips para escritores
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II- Si tenés muchas ganas de escribir pero no sabés qué ni cómo, hacé lo siguiente: preguntate qué cuento o relato que todavía no está compuesto te gustaría leer, pensá en qué situaciones y/o personajes debería tener ese texto, imaginalo durante un rato y ponete a escribirlo.
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III- Cuando estés escribiendo, no te detengas a pensar en tu “estilo” ni en nada parecido. El estilo no es algo que se pueda premeditar; es, más bien, una derivación del fluir de tu escritura. Y si reflexionás demasiado sobre ella mientras la ejercés, la escritura no fluye.
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IV- No abuses de lo autobiográfico o autorreferencial. No todo lo que te pasa a vos es, por el solo hecho de que te pase a vos, interesante o digno de contar. No te quedes encerrado en tu mundito. Comparado con lo vasto del universo tu mundo es pequeñísimo, y justamente una de las virtudes de la literatura es que te permite ampliar y expandir los márgenes de la mirada sin otros recursos que el pensamiento y la imaginación.
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11 de mayo de 2012
8 de mayo de 2012
"Las infinitas expropiaciones del amor"
(Texto leído en la presentación de mi libro El idioma que usan todos, editado por Pánico el Pánico, en La Usina)
Uno podría decir, en referencia a este libro de poemas de Ignacio Molina, simplemente: el amor en los tiempos K. Sin embargo, es mucho más que eso. Se trata de un muy buen libro de poesía, de poemas que no tienen como tema u objetivo al amor, sino que componen una historia de amor. Una historia de amor de estos tiempos: el amor en la era del fútbol para todos, el amor en la era del proyecto nacional, en la era de google, de las redes sociales y del chat. En la era de los planes, en el múltiple sentido que podemos dar a esa palabra. El poema que abre la serie de El idioma que usan todos dice:
Con vos quiero planear
hacer planes y volar
Es un poema síntesis, incluso me animo a arriesgar una afirmación contundente, como me gustan a mí, que diga que podríamos leer ese poema y no leer nada más. Claro que haciendo algo así nos perderíamos un montón de cosas. Y ahora estoy hablando de política, que es también una forma del amor: una política de lectura. ¿Cómo leer un libro? ¿Cómo leer un libro de poesía? ¿Cómo leer un libro de poemas de amor? ¿Cómo leer un libro de poemas de amor en los tiempos K?.. Bueno, planeando: quiero decir, haciendo planes y volando.
Sería muy fácil acusar a Ignacio Molina y arriesgar chicanas poco sutiles al estilo “poesía K”, “poesía seisieteochesca”, emitir ideas del estilo: “se vino la poesía para todos y todas”. Todo eso es muy fácil, pero quienes realizaran algo así, carecerían de una política de lectura (serían como la oposición, básicamente), es decir, no harían planes ni volarían. Sabemos, por la vida y por los poemas, que el amor está lleno de contradicciones y de congojas. Y en ese plan me parece a mí que habría que leer el libro de Molina: es un libro de poemas sobre el amor, que compone una historia de amor en los tiempos de la política. En ese contexto deberíamos apreciar también el título del libro: no es el idioma que hablan todos, es el idioma que usan todos. Ahí nos enfrentamos a un lugar de la praxis que es profundamente político: ¿cómo usar un idioma? El uso del idioma es plenamente político, y en ese sentido en este libro de Molina hay una composición de la historia, porque hay una praxis, hay un trabajo con la palabra, con el contexto de enunciación. Es decir, se va construyendo poema a poema una historia de amor que atraviesa las formas políticas de una era que es ésta, la presente.
Entonces, de lo que se trata en esa praxis es de la evocación. Con más precisión, se trata de cómo evocar una época, en donde además de las vicisitudes políticas nos hemos enamorado, hemos compartido, nos separamos, desenamoramos, en fin, usamos un idioma… que usan todos.
Hay un poema que marca el libro en este sentido preciso: se titula “Los domingos felices”:
Si un día vuelve la derecha
(o nuestro amor llega a su fin)
lo que más voy a extrañar
son los domingos felices
que pasamos en tu cama
con las persianas bajas
la luz verde en la pantalla
del televisor casi inaudible
y los gritos emocionados
de los hombres del barrio
por el fútbol para todos.
Más allá de esa exquisita referencia al “fútbol para todos” como ya parte ineludible de la felicidad popular de cualquier domingo juntos (mucho más si juega Estudiantes). El comienzo de este poema me llama la atención: “Si un día vuelve la derecha / (o nuestro amor llega a su fin)”, quiero aclarar, además, que ese “o nuestro amor llega a su fin” está entre paréntesis. Quiero decir, hay una justeza… o una justicia (no me animo a decir social) en esas palabras, que convierten al amor en una metáfora política y a la política en un acto de amor: pues tanto en el regreso de la derecha como en la inexorable conclusión de un amor, hallamos el fin de la felicidad. Eso es parte de la evocación que refiero: podemos decir que estos poemas de Molina, en tanto este libro es mucho más que el amor en los tiempos K, son experiencias de lenguaje o experiencias de un idioma que usan todos, que evocan a ese amor ausente –y eso es un acto profundamente político–, pero esa evocación no es a una figura particular, al ser amado podríamos decir recurriendo a horrendas retóricas clásicas, sino que es una evocación sellada por los objetos, las experiencias, las vitalidades, los lenguajes que mencionan y recuerdan ese amor. Es decir, una evocación sellada por los fantasmas, que en buena parte es el idioma que usamos todos. Recurriendo a metáforas políticas: “un fantasma recorre Europa” dijo alguien que yo leo mucho –y según La Nación y Clarín también lo lee mucho Kicillof–, y un fantasma recorre este libro –y quizás, por qué no, este ambiente hoy, acá entre nosotros–, y es el fantasma de haber perdido un idioma, un uso, un código en común.
Una historia de amor, bien la representan estos poemas, es, entre otras cosas, compartir el uso de un idioma común y singular a partir de aprehenderlo en un código propio. Dice el poema que le da título al libro:
Volvamos por favor
aunque sea por un instante
a nuestro lenguaje anterior:
(ahora que para comunicarnos
usamos el idioma que usan todos
se me hace imposible mirarte)
Para mí en este poema es donde se encuentra la franja de dislocación del relato que componen estos poemas. Ingresamos en una nueva dimensión temporal: ahora ya no compartimos el código con el otro. Si una comunidad se conforma en el uso de un idioma, esa pequeña comunidad del amor compone en ese uso común su propia concepción de la utilidad, y cuando ese código se rompe nos hallamos otra vez en la comunidad total, en el idioma que usamos todos. Digamos, además, que los versos finales de este poema también se hallan entre paréntesis.
Entonces, “El idioma que usan todos” es un libro de trayectos, es decir, compone una narrativa o un plan desde su comienzo, nos evoca el principio del amor y su desenlace. Nos obliga a una política, a una política de lectura, pero también de la otra, esa que nos obliga a embarrarnos un poco, la política de las tragedias, podríamos decir. Pero además este libro de la editorial Pánico el pánico, nos involucra con un idioma que usamos todos: esto es, nos mete de lleno en la praxis, y la praxis es el uso tanto como el amor.Así, uno podría decir simplemente: bien, este es un libro de pomas sobre el amor. Pero claramente estaríamos siendo injustos porque es mucho más que eso. Es un libro de poemas sobre la práctica concreta del amor, sobre sus contradicciones y sus congojas, sus posibles e imposibles. Para ser bien actuales y apropiadores de la coyuntura: entre otras cosas, el libro de Molina es un libro sobre las infinitas expropiaciones del amor. Porque seamos sinceros, en cuestiones de amor, todos hemos expropiado alguna vez y hemos sido expropiados otras tantas. Y eso es parte del idioma que usamos todos.
7 de mayo de 2012
3 de mayo de 2012
25 de abril de 2012
Tónica
Este número incluye una breve entrevista que me hizo Luz Mendizábal.
Pasen y lean:
http://www.elcec.com.ar/tonica
20 de abril de 2012
"Querida pérfida:
7 de abril de 2012
En el 2003
4 de abril de 2012
http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=21003
Y acá un último texto mío sobre el asunto:
http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=21064
30 de marzo de 2012
28 de marzo de 2012
26 de marzo de 2012
22 de marzo de 2012
Esta mañana, en el tren,
21 de marzo de 2012
16 de marzo de 2012
7 de marzo de 2012
5 de marzo de 2012
"absurdo, violento"
De la novela Agosto, de Romina Paula
31 de enero de 2012
Hace un rato,
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25 de enero de 2012
18 de enero de 2012
10 de enero de 2012
"Lo claustrofóbico"
Por Camila Fabbri
(...) La segunda novela de Ignacio Molina fue publicada bajo el sello Entropía. El primer libro del autor, Los estantes vacíos, también está a cargo de la misma editora. Los modos de ganarse la vida relata el día a día de dos parejas comunes situadas en un marco porteño. Molina sitúa los espacios barriales como si la descripción fuera inacabable; es esto lo que le da al relato el primer aspecto monótono y en un punto claustrofóbico, como si no hubiese posibilidad de salir de tanta costumbre, de tanto mismo edificio cada vez. Dentro, o en medio de esa estructura, conviven parejas que parecieran estar lejos de una dinámica amorosa. En la novela aparece la pareja como un acto de repetición, y lo claustrofóbico encuentra ahí también una forma posible. El libro está dividido en dos partes, en cada parte un lazo destruido: un vínculo amoroso. Dentro de esas partes acabadas aparece el tiempo, como si en realidad los personajes fuesen pretexto de la novela. Darle vida al tiempo, forma humana: es Los modos de ganarse la vida. Porque el tiempo en su estado puro es un vínculo y no otra cosa (...)
La reseña completa, clickeando acá
4 de enero de 2012
3 de enero de 2012
15 de diciembre de 2011
13 de diciembre de 2011
Entrevista para IP
(Hace algunos meses Tatiana Depetris me entrevistó para Ideas Peronistas, una revista digital que se extinguió pocos días después de nuestra charla. La desgrabación de la entrevista duerme desde entonces en mi casilla de emails, y el sábado, mientras veía la reasunción de Cristina, se me ocurrió despertarla para subirla al blog:)
IP entra en campaña: entrevista a Ignacio Molina.
por Tatiana Depetris
Ignacio Molina es escritor, los últimos libros que publicó fueron En los márgenes por 17Grises este año y la novela Los modos de ganarse la vida por Entropía en 2010. Fue en el 2010 cuando un amigo periodista, dueño de un blog, le hizo la pregunta ¿por qué sos kirchnerista? y él la respondió en forma de entrada. A partir de ahí esa entrada empezó a circular como un mail en cadena anónimo y a obtener réplicas (Por qué soy anti-kirchnerista). Después de escribir lo que llamamos amistosamente en esta entrevista “proclama kirchnerista” Molina escribió una serie de poemas relacionados que subió al blog que mantiene desde 2005, Unidad Funcional. Por su posición públicamente a favor, porque es un conocido de la casa y para conocer la trastienda del asunto, le hacemos un par de preguntas para IP (la proclama y los poemas se pueden leer en esta edición).
-¿Qué cuestiones formales tuviste en cuenta al momento de escribir la proclama, teniendo en cuenta que era una entrada de un blog, cosa que ya delimita o condiciona bastante la escritura?
Lo primero que pensé fue en hacer una enumeración de las medidas que a mí, alguien que siempre se había vanagloriado de correr a todos por izquierda y de no apoyar nunca a ningún gobierno, me habían atraído del proyecto del kirchnerismo. Esas medidas tenían que ver tanto con la acción sobre hechos del pasado como con las políticas implementadas en el presente. Y después apareció el vínculo de ese plano más concretamente político con el plano biográfico o sentimental: mi flamante paternidad, mi historia familiar representada en la figura de mi papá antiperonista, mi entrada a la adultez y a las responsabilidades cívicas y sociales y otros factores que me influyeron y me empujaron a apoyar un proceso histórico como el kirchnerismo.
-De alguna manera la proclama podría considerarse un texto polémico ¿Quién o quienes -que discursos- conformarían ese Otro anti-kirchnerista con el cual polemizás y quienes serían los lectores a los que estás tratando de apelar?
Creo que, mucho más que con la derecha antiperonista, el liberalismo o el progresismo blanco, sectores que no escuchan razones y con los cuales el contraste es obvio y esperable, la proclama intenta polemizar o discutir con aquellos sectores del “campo popular”, la izquierda, la centro izquierda y el progresismo que, en el peor de los casos, ven en el gobierno al enemigo principal, y que, en el mejor de los casos, parecieran tener vergüenza o pudor de apoyar la puesta en marcha de una agenda que ellos mismos siempre reclamaron desde posiciones contestatarias pero que ahora, tal vez por narcisismo o vedetismo, les resulta imposible reconocer.
De alguna manera yo estuve en ese lugar. Mi apoyo abierto y decidido a kirchnerismo empezó en el 2008, durante el conflicto por la 125. Y me parece que ese fue un punto de inflexión muy importante: creo que en ese momento empezó lo que hoy conocemos como kircherismo, o que al menos terminó de moldearse su identidad actual. Una identidad que se apoya tanto en hechos concretos como en hechos de carácter simbólico a los que no hay que menospreciar.
Para personas como yo, que nacieron durante los años de la dictadura militar en hogares no peronistas o directamente anti peronistas, que de nenes escucharon hablar de “la violencia de los setenta” y de la quema del cajón de Herminio Iglesias y que vivieron la adolescencia y la primera juventud durante el menemato, el peronismo llegó a ser poco menos que una mala palabra. Por eso, la lección de historia que nos dio el kirchnerismo nos resultó fundamental, no sólo para entender y conocer a un movimiento como el peronista del que sólo teníamos referencias difusas y sesgadas, sino para valorar en su real dimensión los cambios que introdujo en el país y la vitalidad que aún tiene.
Esto que voy a decir tal vez no les caiga muy bien a los peronistas más ortodoxos o de paladar negro. Pero creo que, para terminar de convertirse en un gran movimiento histórico, al kirchnerismo todavía le hace falta adquirir una identidad totalmente propia. Una identidad que siga teniendo altas dosis de peronismo en su conformación pero que también deje espacio para otras corrientes o tradiciones que de hecho ya conviven dentro del movimiento: sectores de izquierda, del progresismo y de otras vertientes ideológicas o culturales. El kirchnerismo debe abrir las puertas a jóvenes que despertaron a la política durante este período pero que no necesariamente tienen la obligación o sienten la pulsión de hacer culto a un movimiento como el peronista que nació hace casi setenta años en un mundo muy diferente al de hoy. El kirchnerismo debe ser una etapa superadora del peronismo. Pero no estoy hablando en términos electorales sino culturales. Por eso creo que el gran desafío de los próximos cuatro años de gobierno, además de profundizar los cambios que el proyecto empezó a esbozar sobre todo durante el primer mandato de Cristina (distribución del ingreso, mayor presencia del Estado, lucha contra las corporaciones, justicia por los crímenes de la dictadura y respeto por los derechos humanos de hoy, ampliación de derechos sociales y civiles, etc.) es el de seguir afirmando y ampliando su base y fomentando la posibilidad de un cambio cultural más abarcativo, plural y democrático.
-Vengo rescatando desde hace un tiempo nuevas formas de representación en la militancia, porque me parece que si seguimos con la pintada a lo Carpani (con todo el respeto que me merece) en el 2011 corremos el riesgo de no interpelar a nadie, por eso me parece muy interesante la forma en la que terminó circulando la proclama, cómo de una entrada de blog pasó a reenviarse tipo forward por mail, ¿Pensás que esto pasó porque:
a) lograste poner en palabras lo que mucha gente siente cuando se enfrenta a todo el caudal de debate que hay en la blogósfera y las redes sociales
b) corporizaste un discurso kirchnerista al cual es más fácil pegarle si sos anti
c) las dos opciones?
Comparto lo que decís sobre Carpani e incluso voy mucho más allá: la figura del Nestornauta me cae simpática, por ejemplo, pero me hace un poco de ruido que tenga que acudirse a un personaje como El Eternauta, creado hace más de cincuenta años. Algo parecido me pasa con el nombre de la mayor agrupación juvenil del kirchnerismo. Cámpora es una personalidad que no puede no caerme simpática, pero al mismo tiempo me pregunto: ¿no es un tanto anacrónico titular con su nombre a una agrupación juvenil surgida ya bien entrado el siglo XXI? Me parece natural que las personas de alrededor de sesenta años que hoy están en el gobierno se identifiquen y sientan nostalgia por la primavera camporista y sus cuarenta y nueve días de presidencia, pero me pregunto: ¿es tan natural que los que hoy tienen treinta años acudan a su figura? No es una crítica, es sólo una pregunta que me hago en voz alta.
Con respecto a los motivos de la circulación de la proclama, creo que hay algo de las dos cosas que mencionás. El texto empezó a difundirse en muchísimos blogs y a viralizarse a través de cuentas de Twitter y de Facebook y de cadenas de mails. Varias de esas cadenas han llegado a mi casilla incluso a través contactos insospechados. Algunos de los lectores que me contactaron para decirme que se sentían identificados leyeron el texto como un apoyo crítico al kirchnerismo, pero yo no lo veo tan así. Un apoyo crítico implica no involucrarse, mirar las cosas desde afuera, situarse en una posición superada. Creo que la mención de las falencias y las contradicciones del kirchnerismo, más que una forma de alejarse de él es una forma de involucrarse en el proceso, una manera de reconocer las propias falencias y los propios límites. Nadie es del todo puro, por eso me parece absurdo reclamarle pureza a un proyecto político sometido a la compleja tarea de gobernar un país. Reconocer las zonas oscuras del kirchnerismo es también reconocer las zonas oscuras que uno puede tener como ciudadano, ex marido, novio, padre, hijo o trabajador. Y yendo a un aspecto más práctico, la proclama puede servir como machete a la hora de meterse a discutir con opositores.
-En la proclama hablás de "suciedad" o digamos política real, y te escuché en un programa de radio que subiste a tu blog en dónde también hablás de esto y de que quizás la opción más cómoda en determinados ámbitos es no tener una adhesión política explícita o por lo menos no ser oficialista de ningún gobierno. Es como si la idea de intelectual crítico, que es una categoría histórica y que responde a una determinada ideología (ni hablar de la palabra intelectual), hubiera mutado, en determinados sectores, a la idea de que siempre es deseable tomar distancia del poder y de que hay que oponerse “al gobierno”, sin importar que gobierno sea. Desarrolle por favor...
Pensar que un intelectual debe oponerse a cualquier gobierno me parece un tanto infantil. Un intelectual debe cuestionar y pelearse con el statu quo, con lo dado como establecido por el falso sentido común y los medios de comunicación, con las corporaciones y con el poder. Y es un error creer que el verdadero o único poder está en un gobierno. Y es muy fácil y simplista oponerse a todo desde un teclado, un tono de voz altisonante, una retórica interesante o una buena pluma. Mucho más valiente que la oposición por la oposición es dejar el ego de lado y hacerse cargo de las complejidades del momento histórico que te toca vivir; meterse en el río, con toda la suciedad que el agua puede traer, e intentar llegar a la otra orilla en vez de quedarse mirando y juzgando desde afuera a los que nadan a favor o en contra de la corriente.
-Por último ¿qué cuestiones formales tuviste en cuenta a la hora de escribir los poemas?
A cualquier protagonista de una época histórica lo interpelan y lo influyen tanto los hechos de la política concreta como la experiencia más íntima y personal vivida en ese contexto. Una época está marcada tanto por los grandes hechos sociales como por las personas que conociste, los trabajos que hiciste, lo que aprendiste y conociste, los amigos que ganaste y los lugares en donde estabas cuando pasaron determinadas situaciones: la historia personal vinculada a la historia colectiva, y las resonancias de una en otra. La muerte de Néstor Kirchner, por poner un ejemplo, es el significado político del hecho pero también es lo que sentiste cuando te llegó la noticia o la persona con la que fuiste esa noche a la plaza, los temas de los que hablaron mientras caminaban por avenida de Mayo o lo que hicieron al día siguiente. Y ese tipo de sensaciones son las que pueden filtrarse en un poema. Nunca podría escribir un poema sobre medidas como la asignación universal por hijo o el fútbol para todos, por ejemplo, pero sí puedo hacer referencia a situaciones que tocan fibras íntimas y que, por algún motivo, están contextualizadas en una época que dentro del poema se encuentra simbolizada por los nombres de esas medidas, más allá de su valoración social específica. Es en esa relación entre las pequeñas sociedades que entablamos con las personas que se nos cruzan y la gran sociedad en la que vivimos, donde pueden surgir las miradas más interesantes sobre el presente, tanto desde la poesía o la literatura como desde la óptica personal sobre el mundo.

















