
18 de marzo de 2008
Recovecos
Mini reseña de Eugenia Zicavo, publicada en Hecho en Buenos Aires.
La urbe y sus suburbios. Los recovecos de la ciudad y sus personajes son la materia prima con que el joven escritor Ignacio Molina –nacido hace 30 años en Bahía Blanca– construye pequeños mundos privados, logrando una particular poética de lo cotidiano. Los estantes vacíos, compuesto por quince relatos, es su ópera primera en la que retrata pequeñas historias con la ciudad como eje, con protagonistas que descansan en pensiones de hotel y viajes ruteros que dejan como saldo el teléfono garabateado de una mujer. Vidas sencillas guiadas por la casualidad y la apatía, esperando una revelación a la vuelta de la esquina.
La urbe y sus suburbios. Los recovecos de la ciudad y sus personajes son la materia prima con que el joven escritor Ignacio Molina –nacido hace 30 años en Bahía Blanca– construye pequeños mundos privados, logrando una particular poética de lo cotidiano. Los estantes vacíos, compuesto por quince relatos, es su ópera primera en la que retrata pequeñas historias con la ciudad como eje, con protagonistas que descansan en pensiones de hotel y viajes ruteros que dejan como saldo el teléfono garabateado de una mujer. Vidas sencillas guiadas por la casualidad y la apatía, esperando una revelación a la vuelta de la esquina.17 de marzo de 2008
Flormaleva
Flormaleva son Carlos Victorel (bajo), Catriel Vildósola (guitarra y voz) y Augusto Pepe (batería). En el post de abajo puse un video, en esta página se pueden escuchar más canciones, y en este fotolog citan un párrafo de Los estantes vacíos.
11 de marzo de 2008
Angustia
Lo mejor de haberme enganchado con Lost es que si me despierto angustiado en medio de la noche ya no lo hago pensando en los problemas cotidianos, en los planteos existenciales o en la mosca que no alcanza para nada: ahora me torturo pensando en el asesinato de Shannon, en los susurros que salen de la selva, en los hijos de puta que secuestraron a Walt . . .
10 de marzo de 2008
Corrupción en campeonato de ping-pong
Esta cámara oculta de “Unidad Funcional Investiga” documenta una de las tantas maniobras con que un comité organizador totalmente parcial hizo lo posible por robarle el campeonato de ping-pong de Chacarita a la pareja integrada por Loyds y por mí. En el video se ve cómo estos tres muñecos (Jaramillo, Erlan y Laje) intentan –en beneficio propio y a través de una asamblea ilegítima– organizar un cuadrangular final con sólo dos parejas, y cómo, al descubrir la filmación, alguien de su entorno intenta robarme la cámara.
7 de marzo de 2008
6 de marzo de 2008
HIJAS
(Publicado en la revista Noticias)
De entre todos los crímenes cometidos por la última dictadura militar, tal vez los que dejaron heridas más perdurables en la sociedad argentina sean los de las apropiaciones de bebés de desaparecidos por parte de miembros de las fuerzas represivas. En la lucha diaria que llevan adelante desde los comienzos de la democracia, las Abuelas de Plaza de Mayo han ayudado a que 88 niños y jóvenes recuperaran su verdadera identidad. Pero la realidad indica que ése, para las víctimas, es sólo el primer paso de un proceso mucho más complejo y doloroso. ¿Cómo reacciona alguien al enterarse de que en realidad no es quien cree que es, y cómo logra admitir que las personas que la criaron no sólo no son sus verdaderos padres sino que, muchas veces, son cómplices o responsables de la desaparición de aquellos? Dos posibles respuestas a esta pregunta se manifiestan en los casos de María Eugenia Sampallo Barragán y de Evelyn Vázquez, dos mujeres que nacieron treinta años atrás en campos clandestinos de detención y que tienen visiones diametralmente opuestas con respecto a las personas que intentaron criarlas como propias luego de cambiarles la identidad.
**
María Eugenia Sampallo Barragán lleva ese apellido desde el 2001, cuando pudo conocer a su hermano y a sus abuelos biológicos. Hasta entonces, en su DNI figuraba el apellido de Osvaldo Arturo Rivas, el hombre que la había criado como propia junto a Cristina Gómez luego de recibirla, a mediados de 1978, de manos del oficial del ejército Enrique Berthier y el médico militar Julio César Cáceres Monier. Junto a su verdadero nombre, María Eugenia recuperó parte de su historia: hoy sabe que sus padres biológicos se llaman Mirta Mabel Barragán y Leonardo Sampallo y que militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista. Ambos pasaron por los centros clandestinos de detención El Atlético y El Banco y continúan desaparecidos. Lo que aún no se pudo establecer es la fecha y el lugar exacto de su nacimiento: es probable que María Eugenia haya nacido en febrero de 1978 en el Hospital Militar.
Tres décadas más tarde, Sampallo Barragán se ha convertido en la primera nieta recuperada en iniciarle una causa judicial a sus apropiadores, con quienes había dejado de vivir en 1999: como integrante de la querella, ha pedido que se los condene a quince años de prisión. En el juicio, indiciado el 18 de febrero pasado, la testigo Olga Norma González, vecina del edificio donde María Eugenia pasó su infancia, dijo haber recibido la información de parte de Gómez de que la niña a la que criaba era hija de desaparecidos. También recordó haber escuchado los maltratos de los que era víctima: "Mocosa maleducada, tenías que ser hija de guerrilleros para ser tan rebelde", le gritó alguna vez a María Eugenia su madre adoptiva.
**
Opuesto al de Sampallo Barragán es el caso de Evelyn Vázquez, una mujer que –según las pruebas que han presentado a la justicia los fiscales Luis Comparatore y Patricio Evers– nació en octubre de 1977 en la maternidad clandestina de la Escuela de Mecánica de la Armada y fue apropiada por el suboficial de la Armada Policarpio Vázquez y su esposa Ana María Ferra. Pese a que, en 1999, el mismo Vázquez admitió que no era su padre biológico, Evelyn se negó a hacerse el examen de ADN que confirmaría que es hija de Rubén Bauer y de Beatriz Pegoraro, dos militantes de la Juventud Universitaria Peronista que fueron secuestrados el 18 de junio de 1977. Pegoraro tenía 21 años y un embarazo de cinco meses cuando fue raptada en la estación de trenes de Constitución y recluida en la ESMA.
En el 2003 la Corte Suprema de Justicia avaló la negativa de Evelyn a someterse al examen. Sin embargo, en el 2006 la Cámara Federal porteña dictaminó que en el caso de que siguiera negándose a la extracción de sangre, la Justicia podría secuestrar elementos de uso personal con el fin de recabar material genético. Siguiendo ese veredicto, el pasado 14 de febrero, y bajo las órdenes de la jueza federal María Servini de Cubría, agentes de la Gendarmería allanaron el domicilio de Vázquez y secuestraron un cepillo de dientes, una pinza de depilar y un conjunto de ropa interior que Evelyn había utilizado poco antes en un gimnasio.
Si bien en los últimos años ha modificado la opinión negativa que –influida por su entorno–, tenía de su presunta familia biológica, Vázquez sigue defendiendo y "amando" a sus apropiadores. "No soy una nena caprichosa ni nadie me lavó el cerebro; busco algo que nos deje a todos seguir adelante con nuestras vidas", afirmó Evelyn antes del allanamiento, sin tomar consciencia, tal vez, de que la vida que lleva es muy diferente a la que alguna vez habrán imaginado sus legítimos padres.
De entre todos los crímenes cometidos por la última dictadura militar, tal vez los que dejaron heridas más perdurables en la sociedad argentina sean los de las apropiaciones de bebés de desaparecidos por parte de miembros de las fuerzas represivas. En la lucha diaria que llevan adelante desde los comienzos de la democracia, las Abuelas de Plaza de Mayo han ayudado a que 88 niños y jóvenes recuperaran su verdadera identidad. Pero la realidad indica que ése, para las víctimas, es sólo el primer paso de un proceso mucho más complejo y doloroso. ¿Cómo reacciona alguien al enterarse de que en realidad no es quien cree que es, y cómo logra admitir que las personas que la criaron no sólo no son sus verdaderos padres sino que, muchas veces, son cómplices o responsables de la desaparición de aquellos? Dos posibles respuestas a esta pregunta se manifiestan en los casos de María Eugenia Sampallo Barragán y de Evelyn Vázquez, dos mujeres que nacieron treinta años atrás en campos clandestinos de detención y que tienen visiones diametralmente opuestas con respecto a las personas que intentaron criarlas como propias luego de cambiarles la identidad.
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María Eugenia Sampallo Barragán lleva ese apellido desde el 2001, cuando pudo conocer a su hermano y a sus abuelos biológicos. Hasta entonces, en su DNI figuraba el apellido de Osvaldo Arturo Rivas, el hombre que la había criado como propia junto a Cristina Gómez luego de recibirla, a mediados de 1978, de manos del oficial del ejército Enrique Berthier y el médico militar Julio César Cáceres Monier. Junto a su verdadero nombre, María Eugenia recuperó parte de su historia: hoy sabe que sus padres biológicos se llaman Mirta Mabel Barragán y Leonardo Sampallo y que militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista. Ambos pasaron por los centros clandestinos de detención El Atlético y El Banco y continúan desaparecidos. Lo que aún no se pudo establecer es la fecha y el lugar exacto de su nacimiento: es probable que María Eugenia haya nacido en febrero de 1978 en el Hospital Militar.
Tres décadas más tarde, Sampallo Barragán se ha convertido en la primera nieta recuperada en iniciarle una causa judicial a sus apropiadores, con quienes había dejado de vivir en 1999: como integrante de la querella, ha pedido que se los condene a quince años de prisión. En el juicio, indiciado el 18 de febrero pasado, la testigo Olga Norma González, vecina del edificio donde María Eugenia pasó su infancia, dijo haber recibido la información de parte de Gómez de que la niña a la que criaba era hija de desaparecidos. También recordó haber escuchado los maltratos de los que era víctima: "Mocosa maleducada, tenías que ser hija de guerrilleros para ser tan rebelde", le gritó alguna vez a María Eugenia su madre adoptiva.
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Opuesto al de Sampallo Barragán es el caso de Evelyn Vázquez, una mujer que –según las pruebas que han presentado a la justicia los fiscales Luis Comparatore y Patricio Evers– nació en octubre de 1977 en la maternidad clandestina de la Escuela de Mecánica de la Armada y fue apropiada por el suboficial de la Armada Policarpio Vázquez y su esposa Ana María Ferra. Pese a que, en 1999, el mismo Vázquez admitió que no era su padre biológico, Evelyn se negó a hacerse el examen de ADN que confirmaría que es hija de Rubén Bauer y de Beatriz Pegoraro, dos militantes de la Juventud Universitaria Peronista que fueron secuestrados el 18 de junio de 1977. Pegoraro tenía 21 años y un embarazo de cinco meses cuando fue raptada en la estación de trenes de Constitución y recluida en la ESMA.
En el 2003 la Corte Suprema de Justicia avaló la negativa de Evelyn a someterse al examen. Sin embargo, en el 2006 la Cámara Federal porteña dictaminó que en el caso de que siguiera negándose a la extracción de sangre, la Justicia podría secuestrar elementos de uso personal con el fin de recabar material genético. Siguiendo ese veredicto, el pasado 14 de febrero, y bajo las órdenes de la jueza federal María Servini de Cubría, agentes de la Gendarmería allanaron el domicilio de Vázquez y secuestraron un cepillo de dientes, una pinza de depilar y un conjunto de ropa interior que Evelyn había utilizado poco antes en un gimnasio.
Si bien en los últimos años ha modificado la opinión negativa que –influida por su entorno–, tenía de su presunta familia biológica, Vázquez sigue defendiendo y "amando" a sus apropiadores. "No soy una nena caprichosa ni nadie me lavó el cerebro; busco algo que nos deje a todos seguir adelante con nuestras vidas", afirmó Evelyn antes del allanamiento, sin tomar consciencia, tal vez, de que la vida que lleva es muy diferente a la que alguna vez habrán imaginado sus legítimos padres.
4 de marzo de 2008
Carver
29 de febrero de 2008
El sistema

(...)
El martes, después de una tormenta que duró toda la noche, las calles de Pacífico amanecieron inundadas. El colectivo que tomé para ir al trabajo casi se hunde debajo del puente. Cerré los ojos y quise pedir tres deseos, pero no pasó ningún tren. Al bajar frente a la biblioteca metí los pies en un charco. Tuve que escurrir las medias en el baño y poner las zapatillas al lado de una estufa.
Esa noche, durante el primer corte de un programa de preguntas y respuestas, vimos con Juliana un flash informativo sobre la inundación. El agua sucia llegaba hasta las luces de los semáforos y los coches flotaban a la deriva. Un hombre inflaba un bote, y una mujer, bastante enojada, decía que desde el año cincuenta nadie limpiaba el cauce del arroyo Maldonado.
En el siguiente bloque, cuando presentaron a una participante que vivía por Burzaco, Juliana empezó a hablarme de su familia. Su madre se llamaba Graciela y trabajaba como empleada doméstica desde muy joven. Carmen, su hermana mayor, era peluquera, había estado juntada dos veces y tenía tres hijos: Jonathan, Darío y Gisella. Su padre vivía con una familia paralela en González Catán, y Fernando, un hombre que fuera su novio durante mucho tiempo, había muerto dos años atrás en un accidente.
(...)
(El relato completo, acá)
27 de febrero de 2008
22 de febrero de 2008
Copado
–A ver, escuchame ésta ahora. No sé si había un problema con la frecuencia o qué, pero hoy el 39 venía re contra lleno. Hasta las bolas, como quien diría. La cuestión es que dos personas que iban paradas, una mina de cuarenta y largos con pinta de profesora de inglés y un hombre de sesenta con dentadura postiza, se pusieron a discutir por la ubicación de sus manos en uno de los pasamanos verticales. Primero la mujer le digo algo, y el tipo le contestó. Se peleaban a los gritos: "me va a tirar señor, fíjese de dónde se agarra", "¿qué le pasa?, ¿está nerviosa?", "tenga más cuidado, ¿se cree el dueño del colectivo?", "por favor señora, fíjese usted de dónde se agarra", "yo me agarro de donde quiera", "ah, ¿de dónde quiera?, agarrate de ésta entonces", "”pero por favor no sea guarango, respete al prójimo", "vos estás muy nerviosa", "respete al prójimo", "andá a la iglesia", "iu is a monqui", "¿qué te pasa?, callate de una vez", "morite". Lo bueno es que nunca se miraban de frente, hablaban todo el tiempo con la vista clavada en la ventanilla. No sé, como si en el fondo no quisieran ser tan agresivos, o como si les diera vergüenza mirarse a los ojos. Después se quedaron callados hasta que yo me bajé.
–Ajá.
–¿Y... te gusta, cómo la ves?
–Un poco mejor que la de ayer.
–Copado.
–Ajá.
–¿Y... te gusta, cómo la ves?
–Un poco mejor que la de ayer.
–Copado.
21 de febrero de 2008
Bueno
–¿Te cuento una? Esta mañana iba en el bondi, en uno de los modernos, en uno de esos asientos que están enfrentados con otros, y mientras miraba por la ventanilla entrelacé mis manos así: la palma de la derecha contra el reverso de la otra, y entrecrucé los dedos de las dos. El nene que iba sentado enfrente, tendría uno cinco o seis años, me miró y trató de imitarme: entrecruzó las manos de la misma manera, y se puso a mirar por la ventanilla, intentando poner la misma cara que yo.
-Ajá.
-¿Te gustó la historia?
-No.
-Bueno.
-Ajá.
-¿Te gustó la historia?
-No.
-Bueno.
19 de febrero de 2008
Mañana a la noche
3 chilenxs poetas
3 narradoras argentinas
Jorge Polanco Salinas
Guido Arroyo Gonzalez
Elizabeth Neira
*
Valeria Tentoni
Clara Anich
Sonia Budassi
*
música a cargo de
Pandolfelli - Millán
presentador:
Funes
*****************
miércoles 20 febrero - 21 hs
CCPachamama
Pje. Argañaráz 22
e / Estado de Israel y Pringles
*****************
entrada gratis*****************mirá las editoriales que van a vender sus libros esa noche
Editorial Funesiana // Editorial Siesta // Editorial Entropía // )el asunto( // El Suri Porfiado // Alquimia - Chile // Editorial Tamarisco // Editorial Fuga - Chile // Editorial Carne Argentina // Editorial Gárgola por El Impulso Nocturno del Grupo Alejandría y por Una chica de provincia de Selva Almada // Editorial Huesos de Jibia x ¿Con quién dormías? de Guadalupe Muro //
3 narradoras argentinas
Jorge Polanco Salinas
Guido Arroyo Gonzalez
Elizabeth Neira
*
Valeria Tentoni
Clara Anich
Sonia Budassi
*
música a cargo de
Pandolfelli - Millán
presentador:
Funes
*****************
miércoles 20 febrero - 21 hs
CCPachamama
Pje. Argañaráz 22
e / Estado de Israel y Pringles
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entrada gratis*****************mirá las editoriales que van a vender sus libros esa noche
Editorial Funesiana // Editorial Siesta // Editorial Entropía // )el asunto( // El Suri Porfiado // Alquimia - Chile // Editorial Tamarisco // Editorial Fuga - Chile // Editorial Carne Argentina // Editorial Gárgola por El Impulso Nocturno del Grupo Alejandría y por Una chica de provincia de Selva Almada // Editorial Huesos de Jibia x ¿Con quién dormías? de Guadalupe Muro //
19/2
Querido blog:
Ya volvimos de las vacaciones. Quince días en una casa alquilada a un precio relativamente bajo en Valeria del Mar. La pasamos bien. Ya te puse algunas fotos. La sensación de relatividad que entrega el mar es incomparable. Yo lo conocí de bastante grande, calculo que a los cinco o seis años. Nunca me voy a olvidar del momento en que vi por primera vez tanta agua junta. Con mi familia pasábamos todos los veranos en la casa de Sierra de la Ventana, desde finales de diciembre hasta el inicio de las clases. Una vez recibimos a unas parientes lejanas de Rosario que, a pesar de que eran bastante grandes (yo los veía viejas, pero capaz que tenían menos de veinte o veinticinco años), tampoco conocían el mar. A mi papá, entonces, se lo ocurrió hacer algo que nunca se le había ocurrido hacer con nosotros: una mañana nos subió al auto y viajamos con mi mamá, las rosarinas y una de mis hermanas a pasar el día a Monte Hermoso, el lugar en el que veranean la mayoría de los bahienses. Fuimos por el camino de tierra con canastas preparadas para el almuerzo. Me acuerdo de que al entrar a Monte me sorprendió ver tantas personas con ojotas caminando por la calle (la ojota era un calzado que no se usaba en mi familia), y que el mar se me apareció de repente: lo vi, inmenso y azul, a través del parabrisas del Peugeot al bajar por una avenida del centro.
Ya volvimos de las vacaciones. Quince días en una casa alquilada a un precio relativamente bajo en Valeria del Mar. La pasamos bien. Ya te puse algunas fotos. La sensación de relatividad que entrega el mar es incomparable. Yo lo conocí de bastante grande, calculo que a los cinco o seis años. Nunca me voy a olvidar del momento en que vi por primera vez tanta agua junta. Con mi familia pasábamos todos los veranos en la casa de Sierra de la Ventana, desde finales de diciembre hasta el inicio de las clases. Una vez recibimos a unas parientes lejanas de Rosario que, a pesar de que eran bastante grandes (yo los veía viejas, pero capaz que tenían menos de veinte o veinticinco años), tampoco conocían el mar. A mi papá, entonces, se lo ocurrió hacer algo que nunca se le había ocurrido hacer con nosotros: una mañana nos subió al auto y viajamos con mi mamá, las rosarinas y una de mis hermanas a pasar el día a Monte Hermoso, el lugar en el que veranean la mayoría de los bahienses. Fuimos por el camino de tierra con canastas preparadas para el almuerzo. Me acuerdo de que al entrar a Monte me sorprendió ver tantas personas con ojotas caminando por la calle (la ojota era un calzado que no se usaba en mi familia), y que el mar se me apareció de repente: lo vi, inmenso y azul, a través del parabrisas del Peugeot al bajar por una avenida del centro.
18 de febrero de 2008
12 de febrero de 2008
1 de febrero de 2008
LABORATORIO DE ESCRITURA
- Supervisión de textos (cuento, novela, ensayo)
- Creación y desarrollo de proyectos literarios
- Lectura crítica de obras ajenas
- Lectura en voz alta (funcionalidad y posibilidades)
- Trabajo con ejemplos de otras narrativas (música, gastronomía, series de TV)
- Literatura lúdica (covers, plagios, duelos narrativos, etc.)
Coordinación: Ignacio Molina y Federico Levín
Dos horas semanales.
Inicio en marzo.
31 de enero de 2008
Gracias, Silvia
Silvia vive en Sevilla y escribe muy bien. Nunca la vi en persona, pero ya la conozco. Supe de ella al poco tiempo de haber empezado con el blog, cuando me mandó un mail para hacerme una consulta y comentarme que me leía. A partir de ese momento no dejamos de mailearnos. Antes de que saliera Los estantes vacíos escribió una reseña –sólo basada en la presunción de lo que podría llegar a ser el libro–, y después hizo circular varios ejemplares por España y escribió otra reseña que en breve voy a postear. Y hace poco, para las fiestas de fin de año, me mandó, desde el otro lado del Atlántico, todos estos regalos (incluida la remerita para Fausto) que todavía no sé cómo agradecerle.


30 de enero de 2008
El síndrome Silvia Prieto
Ignacio Molina a mharrington 23-ene
vieja, me pasás tu número de documento? (tengo que hacer una gestión en telecom, y me piden el dni del titular, que sos vos)
te llegaron las fotos de faustito?
************************
Ignacio Molina a IGNACIO, Monica, usuario 25-ene
Muy buenas tardes allí en Argentina, aquí Ignacio Molina desde "Canarias",
creo que han equivocado la dirección de email.
Para que no vuelvan a perderse estos mensajes por la red, les recomiendo revisen la dirección. Un cordial saludo,
Ignacio Molina
On 24/01/2008, Monica Harrington wrote:
NACHITO...mi documento es el xx.xxx.xxx.. qué gestión tenes que hacer????? Sí, las fotos me llegaron que raro por que yo te conteste diciéndote que esta divino y lo encontré muy grande y menos gordito y mas alto muy lindoooo, también le escribí a meli....te mando un besito y te quiero mucho, mamá...
************************
Ignacio Molina a Ignacio 27-ene (2 días antes)
Hola, Ignacio Molina.
Acá Ignacio Molina desde Buenos Aires.
Disculpanos la confusión con las direcciones de mails, y gracias por el aviso.
Saludos.
vieja, me pasás tu número de documento? (tengo que hacer una gestión en telecom, y me piden el dni del titular, que sos vos)
te llegaron las fotos de faustito?
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Ignacio Molina a IGNACIO, Monica, usuario 25-ene
Muy buenas tardes allí en Argentina, aquí Ignacio Molina desde "Canarias",
creo que han equivocado la dirección de email.
Para que no vuelvan a perderse estos mensajes por la red, les recomiendo revisen la dirección. Un cordial saludo,
Ignacio Molina
On 24/01/2008, Monica Harrington wrote:
NACHITO...mi documento es el xx.xxx.xxx.. qué gestión tenes que hacer????? Sí, las fotos me llegaron que raro por que yo te conteste diciéndote que esta divino y lo encontré muy grande y menos gordito y mas alto muy lindoooo, también le escribí a meli....te mando un besito y te quiero mucho, mamá...
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Ignacio Molina a Ignacio 27-ene (2 días antes)
Hola, Ignacio Molina.
Acá Ignacio Molina desde Buenos Aires.
Disculpanos la confusión con las direcciones de mails, y gracias por el aviso.
Saludos.
Yo opino
Me gustan mucho las notas y las entrevistas de María Moreno. Uno de los motivos por los que espero el Página/12 los domingos a la mañana, o pongo Ciudad Abierta cuando hago zapping, es por sus intervenciones. Pero a lo último que escribió para Radar no lo termino de entender. ¿No es un exceso basar una nota de miles de caracteres en la patética performance que brindó el aprendiz de Peter Malenchini en Confesionario? ¿No es darle una cabida desmedida a un hecho –y a un personaje– que no la merece? No puedo entender cómo se le sigue dando vueltas a un tema que es mucho menos complejo de lo que parece: un tipo que abusó de su sobrina y que además dio un espectáculo decadente sobre un escenario. No sé qué tipo de análisis serio puede merecer algo así. A lo mejor yo soy un pescado que no entiende nada de "arte" ("arte" en el sentido ampuloso en que los que todo el tiempo se auto proclaman artistas llaman a lo que hacen), pero me parece un despropósito. Aquella noche pasaron cosas realmente interesantes y conmovedoras, pero que en ningún lugar merecieron más de dos líneas.
Nota: antes de subir esto a blogger le mandé un mail con un texto parecido a M. M. y recibí una respuesta bastante aclaratoria, pero igual -como es un tema que va más allá de la nota en cuestión- no quería dejar de postearlo.
Nota: antes de subir esto a blogger le mandé un mail con un texto parecido a M. M. y recibí una respuesta bastante aclaratoria, pero igual -como es un tema que va más allá de la nota en cuestión- no quería dejar de postearlo.
28 de enero de 2008
Hasta el Pulitzer no paro (II)
"Las insoportables vacaciones de Máxima", clickeando acá.
Y el último párrafo, que quedó afuera en la edición:
Una de las Zorreguieta que no celebró junto a su familia la llegada del 2008, y que menos apegada se muestra (al menos públicamente) a la figura de Máxima, se llama Dolores. Es una artista plástica que vive en Nueva York, y que hace algunos años, entrevistada por un diario nacional, explicaba de la siguiente manera la esencia de su obra: "Mi trabajo está centrado en las heridas primales causadas en la infancia. Exploro el terror que se siente cuando la violencia puede venir de una herida causada por nosotros mismos". Tal vez en algunas de esas palabras (infancia, violencia, terror) haya que encontrar las razones de distanciamiento de su padre y del resto de su familia.
25 de enero de 2008
Quinteto rocker
Esta es la nota que Agustín Valle escribió sobre el Quinteto y que salió publicada en el número de septiembre de la Rolling Stone. La foto es de Vera Rosemberg. Hicimos la sesión en una casa de Colegiales a la que alguna vez, en sus años de delivery, Funes había ido a llevar pizzas. No sé muy bien qué hay detrás de esa casualidad, pero seguro que hay algo. Recién hoy me doy cuenta de que yo era el único que no estaba de negro. Supongo que eso sí que no significa nada. Ahora se puede leer la nota en el blog de entrevistas de Valle, clickeando acá.
21 de enero de 2008
Berazachussetts

"Dora, Milka, Beatriz y Susana caminaban tranquilas por un sendero del bosque, cuando Dora señaló asombrada a un costado."
Así empieza Berazachussetts, la novela de Leandro Avalos Blacha ganadora del premio Indio Rico (con jurado compuesto por Pauls, Aira y Link) y publicada por Entropía (con editing de GC, VC, JMN y SMD), y debo confesar que en la noche en que Valeria me dio un ejemplar, durante la presentación de Objetos Maravillosos, fui bastante prejuicioso: llevado por ese "sendero" de la segunda línea, fruncí el ceño cuando alguien me preguntó qué onda la novela. Claro que a la mañana siguiente, cuando empecé a leerla en mi casa, tuve que cambiar de opinión enseguida. Berazachussetts es una gran novela. Y conste que digo esto sin ser demasiado adepto a lo aireano ni a lo fantástico en ninguna de sus variantes. Pero el de Avalos Blacha es un libro, sin partes ni capítulos, que con el correr de la lectura no deja de sorprender por su astucia, su delirio y su ritmo arrollador que nunca decae.
Lo que ven las cuatros amigas que caminan por los bosques de Berazachussetts en la primera página es una gigantesca mujer semi desnuda llamada Trash, una zombie punk que en algún momento de la novela va a encabezar un alzamiento popular en Berazachussetts. Una rebelión de zombis que va a cambiar el orden social de la ciudad y que va a influir en las aledañas Solanópolis, Ciudadelhi, Caraza Village, Guayaquilmes, Pehuajóllywood, Boedimburgo, Lomas de Zambia, Longchamps Elysée y Cambollaneda, entre otras.
**
"¿Quién va a asumir el poder?, ¿vos?" Constantino dejó a un lado la cabeza de pingüino que mordía para responder: "Una asamblea de representantes barriales de cada partido de Berrazachussetts. " Trash le pasó la botella de Rutini que había robado de una bodega del country. "Pensé que iban a revivir a esa Evita que tanto idolatran." "La nueva Evita vas a ser vos." Constantino le dio un beso rápido y se puso de pie. Los niños zombies pedían caprichosos más pingüinos, pero ya se habían devorado a todos. Unos jugaban en las hamacas, en las instalaciones del country. La pileta estaba roja por la sangre. Las zombis se despejaban armando un partido de voley con la cabeza de una respetada paisajista. Era, además, una respetada alumna de un curso de Filosofía. Comenzaba a aclarar.
**
Así empieza Berazachussetts, la novela de Leandro Avalos Blacha ganadora del premio Indio Rico (con jurado compuesto por Pauls, Aira y Link) y publicada por Entropía (con editing de GC, VC, JMN y SMD), y debo confesar que en la noche en que Valeria me dio un ejemplar, durante la presentación de Objetos Maravillosos, fui bastante prejuicioso: llevado por ese "sendero" de la segunda línea, fruncí el ceño cuando alguien me preguntó qué onda la novela. Claro que a la mañana siguiente, cuando empecé a leerla en mi casa, tuve que cambiar de opinión enseguida. Berazachussetts es una gran novela. Y conste que digo esto sin ser demasiado adepto a lo aireano ni a lo fantástico en ninguna de sus variantes. Pero el de Avalos Blacha es un libro, sin partes ni capítulos, que con el correr de la lectura no deja de sorprender por su astucia, su delirio y su ritmo arrollador que nunca decae.
Lo que ven las cuatros amigas que caminan por los bosques de Berazachussetts en la primera página es una gigantesca mujer semi desnuda llamada Trash, una zombie punk que en algún momento de la novela va a encabezar un alzamiento popular en Berazachussetts. Una rebelión de zombis que va a cambiar el orden social de la ciudad y que va a influir en las aledañas Solanópolis, Ciudadelhi, Caraza Village, Guayaquilmes, Pehuajóllywood, Boedimburgo, Lomas de Zambia, Longchamps Elysée y Cambollaneda, entre otras.
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"¿Quién va a asumir el poder?, ¿vos?" Constantino dejó a un lado la cabeza de pingüino que mordía para responder: "Una asamblea de representantes barriales de cada partido de Berrazachussetts. " Trash le pasó la botella de Rutini que había robado de una bodega del country. "Pensé que iban a revivir a esa Evita que tanto idolatran." "La nueva Evita vas a ser vos." Constantino le dio un beso rápido y se puso de pie. Los niños zombies pedían caprichosos más pingüinos, pero ya se habían devorado a todos. Unos jugaban en las hamacas, en las instalaciones del country. La pileta estaba roja por la sangre. Las zombis se despejaban armando un partido de voley con la cabeza de una respetada paisajista. Era, además, una respetada alumna de un curso de Filosofía. Comenzaba a aclarar.
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Matadero
Es una especie de angustia momentánea, una sensación que hace arder el pecho y que entrecorta durante algunos segundos la respiración. Como la de esos vegetarianos que piensan que están salvando al mundo con su militancia pero que un domingo en un asado no pueden evitar clavarse una porción de vacío y que esa noche, tomando un té digestivo, atormentados por la culpa y sin poder dormir, se dan cuenta de que, hagan lo que hagan de sus vidas, las vacas seguirán yendo al matadero.
16 de enero de 2008
De un vendedor ambulante en el 39...
... para dar cuenta de la calidad de los auriculares que ofrecía:
"Anoche no pude ver Boca - Independiente en la tele,
de lo lindo que se escuchaba en el walkman"
"Anoche no pude ver Boca - Independiente en la tele,
de lo lindo que se escuchaba en el walkman"
11 de enero de 2008
Trauma, en el Sr. de abajo
(...) Me pregunto si a los rehenes también les hablará con diminutivos. Sólo cuando escucho el llanto del nene dejo de pensar en la selva colombiana. El microondas suena; pasaron dos minutos y cuarenta y cinco segundos desde que puse la taza. Mi hijo sigue llorando; imagino que está luchando contra la ropa limpia que se seca en el balcón (...)
(El racconti completo, acá)
(El racconti completo, acá)
10 de enero de 2008
9 de enero de 2008
8 de enero de 2008
7 de enero de 2008
Sin banda ancha
Un día en que me lo encontré en la calle, Funes me preguntó:
–¿Viste lo que le pasó a Fede?
Yo no sabía nada, y me preocupé: en el lapso de dos segundos pensé que le habían robado, que se había muerto un familiar, que se había quedado sin trabajo, que se había peleado con su novia…
–No me enteré de nada. ¿Qué le pasó?
–Está sin Internet en la casa.
Siempre me acuerdo de eso cuando me pasa algo parecido. Desde el 1º de enero estoy sin banda ancha en mi casa (los lagartos de mi edificio no se quejan si les aumentan 400% el ABL, pero sí tuvieron problemas para compartir por diez pesos mensuales la Internet con sus vecinos). Cada vez que está por agarrarme el síndrome de abstinencia (cosa que me está pasando menos de lo que hubiera imaginado) pienso que hasta hace diez o doce años la gente vivía tranquila sin este medio, y que ni siquiera existía esto de esperar al día siguiente para levantar los mails en la oficina o de caminar tres cuadras hasta un locutorio para encontrar diez mensajes basura en la bandeja de entrada.
***
Pequeñas delicias del autogoogleo: gracias a Silvina Friera por incluirme en su balance de literatura argentina del 2007.
–¿Viste lo que le pasó a Fede?
Yo no sabía nada, y me preocupé: en el lapso de dos segundos pensé que le habían robado, que se había muerto un familiar, que se había quedado sin trabajo, que se había peleado con su novia…
–No me enteré de nada. ¿Qué le pasó?
–Está sin Internet en la casa.
Siempre me acuerdo de eso cuando me pasa algo parecido. Desde el 1º de enero estoy sin banda ancha en mi casa (los lagartos de mi edificio no se quejan si les aumentan 400% el ABL, pero sí tuvieron problemas para compartir por diez pesos mensuales la Internet con sus vecinos). Cada vez que está por agarrarme el síndrome de abstinencia (cosa que me está pasando menos de lo que hubiera imaginado) pienso que hasta hace diez o doce años la gente vivía tranquila sin este medio, y que ni siquiera existía esto de esperar al día siguiente para levantar los mails en la oficina o de caminar tres cuadras hasta un locutorio para encontrar diez mensajes basura en la bandeja de entrada.
***
Pequeñas delicias del autogoogleo: gracias a Silvina Friera por incluirme en su balance de literatura argentina del 2007.
2 de enero de 2008
27 de diciembre de 2007
26 de diciembre de 2007
Y que bufen los eunucos
(…) Pero hay un grupo que debuta en las antologías y constituyó para mí un verdadero descubrimiento. Son cinco escritores (Levín, Funes, Oyola, Molina, Romero) que animan un grupo de lecturas públicas autodenominado El quinteto de la muerte. Algunos publican en la editorial Gárgola y casi todos tienen una activa participación en la blogósfera (qué palabra imposible). Se advierte en los cuentos de ese grupo algo en común. No es una homogeneidad temática ni estilística, sino una rara combinación de libertad y seguridad, de voluntad de encontrar lo nuevo y de jugar con convicción el juego de la literatura. Los cuentos tienen una frescura inusual y dejan la impresión de ser la obra de escritores formados, de gente que ha desarrollado una dialéctica con el lector potencial (y que uno es ese lector) y no de un estudiante que quiere publicar por reflejo gregario a partir de un oficio aprendido como una técnica de soldadura autógena (…)
(…) Más tarde aparece el de Ignacio Molina, que corresponde al grupo de relatos que recuerdan una historia de amor trunca en el barrio. Pero acá, el barrio no es el del narrador sino el de la mujer perdida y la descripción elude la familiaridad en todo sentido. El personaje es un extraño: de Colegiales, de la vía del tren y de los rituales que allí se practican, de la casa de su novia que tiene un hijo de otro, del amor mismo. Esa ajenidad le da un clima particular al cuento y convierte lo dado en desconocido.
Los cuentos del grupo tienen la virtud de explorar ambientes no habituales o descubrir en los ambientes habituales un mundo oculto (…)
(La reseña completa de Quintín a Buenos Aires / Escala 1:1, clickeando acá)
(…) Más tarde aparece el de Ignacio Molina, que corresponde al grupo de relatos que recuerdan una historia de amor trunca en el barrio. Pero acá, el barrio no es el del narrador sino el de la mujer perdida y la descripción elude la familiaridad en todo sentido. El personaje es un extraño: de Colegiales, de la vía del tren y de los rituales que allí se practican, de la casa de su novia que tiene un hijo de otro, del amor mismo. Esa ajenidad le da un clima particular al cuento y convierte lo dado en desconocido.
Los cuentos del grupo tienen la virtud de explorar ambientes no habituales o descubrir en los ambientes habituales un mundo oculto (…)
(La reseña completa de Quintín a Buenos Aires / Escala 1:1, clickeando acá)
24 de diciembre de 2007
Soda (las luces de los celulares)
El viernes, en un 42 que parecía tener la calefacción prendida, viajamos a ver el último recital de Soda Stereo. Por suerte, al rato de estar sentados en el campo, el clima cambió de pronto: empezó a soplar un viento fresco y la temperatura bajó quince grados en menos de cinco minutos.
Había muy poco ambiente de recital; si uno se abstraía del contexto y miraba alrededor podía pensar que, más que en la previa de un concierto, estaba en la entrada de un shopping. Pocos peinados raros, nula excitación, nada de marihuana. Muchas remeras amarillas recién compradas, que de lejos parecían más del Pro que de Soda. Muchos cuarentonas con hijos chicos y muchas veinteañeras con (este dato me lo pasó Melina después; yo no lo había notado) “las tetas hechas”.
Ese clima no-recitalero también se vivió durante el show. Tal vez fue el aire libre, el sonido no demasiado alto, o la multitud (siempre, en estos casos, me da la sensación de que el recital se brinda a todos y a nadie al mismo tiempo), pero la verdad es que en ningún momento terminé de creérmela. Intenté coparme un poco y tararear algunas canciones, pero nunca dejé estar sobrio y –al revés de lo que me pasa otras veces – consciente de la hora y del lugar en donde estaba: en la cancha de River, un viernes a la noche, aportando a la concreción de un negocio millonario.
Y eso que la banda sonaba bien, Cerati estaba locuaz y, si te tapabas los oídos, el sonido del bajo te golpeaba en el pecho. Uno de los mejores y uno de los peores momentos se dieron casi al mismo tiempo: Gustavo de repente dejó de cantar y, en una buena performance, golpeó la guitarra contra el escenario hasta romperla (las chicas que estaban detrás mío se la creyeron: “debe estar re drogado”, dijo una. “Debe estar enojado con el sonido”, dijo otra). Después contó algo así como “en Paraguay estuve una hora para hacer esto”, y algunos ridículos, casi inexplicablemente, se pusieron a gritar “Argentina, Argentina…”.
Lo que tampoco me cerró fue la pretendida complicidad de Cerati con el público, con el “ustedes” (“ustedes son lo mejores”, “los amamos”, “ustedes son el cuarto Soda”). Cuando ese “ustedes” son millones de personas (sesenta mil en el estadio, y muchos más afuera) la complicidad me resulta inverosímil. Creo que cuando un hecho artístico se vuelve tan multitudinario ya no es posible una identificación personal con eso. Me pasa algo parecido con los fanáticos de River o de Boca: cómo sentirlo como algo propio, cuando ese sentimiento es compartido con casi la mitad de los habitantes del país.
A la salida, en el camino hasta Barrancas de Belgrano, paramos en un kiosco de Libertador y compramos una gaseosa y dos pebetes de jamón y queso a un precio exorbitante. En el 63 de vuelta, mientras metía monedas en la máquina, pensé que las luces de los teléfonos celulares que –reemplazando a los encendedores de otras décadas– en algún momento habían iluminado el estadio, eran una buena metáfora de todo.
Había muy poco ambiente de recital; si uno se abstraía del contexto y miraba alrededor podía pensar que, más que en la previa de un concierto, estaba en la entrada de un shopping. Pocos peinados raros, nula excitación, nada de marihuana. Muchas remeras amarillas recién compradas, que de lejos parecían más del Pro que de Soda. Muchos cuarentonas con hijos chicos y muchas veinteañeras con (este dato me lo pasó Melina después; yo no lo había notado) “las tetas hechas”.
Ese clima no-recitalero también se vivió durante el show. Tal vez fue el aire libre, el sonido no demasiado alto, o la multitud (siempre, en estos casos, me da la sensación de que el recital se brinda a todos y a nadie al mismo tiempo), pero la verdad es que en ningún momento terminé de creérmela. Intenté coparme un poco y tararear algunas canciones, pero nunca dejé estar sobrio y –al revés de lo que me pasa otras veces – consciente de la hora y del lugar en donde estaba: en la cancha de River, un viernes a la noche, aportando a la concreción de un negocio millonario.
Y eso que la banda sonaba bien, Cerati estaba locuaz y, si te tapabas los oídos, el sonido del bajo te golpeaba en el pecho. Uno de los mejores y uno de los peores momentos se dieron casi al mismo tiempo: Gustavo de repente dejó de cantar y, en una buena performance, golpeó la guitarra contra el escenario hasta romperla (las chicas que estaban detrás mío se la creyeron: “debe estar re drogado”, dijo una. “Debe estar enojado con el sonido”, dijo otra). Después contó algo así como “en Paraguay estuve una hora para hacer esto”, y algunos ridículos, casi inexplicablemente, se pusieron a gritar “Argentina, Argentina…”.
Lo que tampoco me cerró fue la pretendida complicidad de Cerati con el público, con el “ustedes” (“ustedes son lo mejores”, “los amamos”, “ustedes son el cuarto Soda”). Cuando ese “ustedes” son millones de personas (sesenta mil en el estadio, y muchos más afuera) la complicidad me resulta inverosímil. Creo que cuando un hecho artístico se vuelve tan multitudinario ya no es posible una identificación personal con eso. Me pasa algo parecido con los fanáticos de River o de Boca: cómo sentirlo como algo propio, cuando ese sentimiento es compartido con casi la mitad de los habitantes del país.
A la salida, en el camino hasta Barrancas de Belgrano, paramos en un kiosco de Libertador y compramos una gaseosa y dos pebetes de jamón y queso a un precio exorbitante. En el 63 de vuelta, mientras metía monedas en la máquina, pensé que las luces de los teléfonos celulares que –reemplazando a los encendedores de otras décadas– en algún momento habían iluminado el estadio, eran una buena metáfora de todo.
21 de diciembre de 2007
Las palomas
Recibo el viento en la cara, me golpeo los dientes con el nudillo de un dedo pulgar.
–Cuidado –me dice Rosario–, te los vas a romper.
–Hago música –le explico mirando hacia afuera.
Tomamos el tren con la idea de bajar en Retiro, subir a este ramal del Mitre y viajar hasta Colegiales. Pero después de hacer la combinación nos distrajimos mirando por las ventanillas, y nos pasamos una estación.
Ahora bajamos en Belgrano R y bordeamos las vías mientras empieza a anochecer. A la altura del puente de Elcano, al ver que dos policías caminan hacia nosotros, Rosario intenta pasarme la marihuana con disimulo.
–Por las dudas, ponétela ahí –me dice.
–Pero tengo boxer.
–Ah, –se pasa el puño por debajo de la remera: –¿Y de qué lado cargás?
–No sé . . .
–De mis compañeros de la facultad, el sesenta y cinco por ciento cargaban del derecho . . . Habían hecho una encuesta.
–¿Una encuesta?
*
El relato completo, acá.
–Cuidado –me dice Rosario–, te los vas a romper.
–Hago música –le explico mirando hacia afuera.
Tomamos el tren con la idea de bajar en Retiro, subir a este ramal del Mitre y viajar hasta Colegiales. Pero después de hacer la combinación nos distrajimos mirando por las ventanillas, y nos pasamos una estación.
Ahora bajamos en Belgrano R y bordeamos las vías mientras empieza a anochecer. A la altura del puente de Elcano, al ver que dos policías caminan hacia nosotros, Rosario intenta pasarme la marihuana con disimulo.
–Por las dudas, ponétela ahí –me dice.
–Pero tengo boxer.
–Ah, –se pasa el puño por debajo de la remera: –¿Y de qué lado cargás?
–No sé . . .
–De mis compañeros de la facultad, el sesenta y cinco por ciento cargaban del derecho . . . Habían hecho una encuesta.
–¿Una encuesta?
*
El relato completo, acá.
15 de diciembre de 2007
Payaso mediático
Si algo faltaba para que me decidiera a comentar en el blog el affaire del martes a la noche, era que el aprendiz de Peter Malenchini saliera en la página de la revista Ñ diciendo cosas como: "esta agresión atenta contra el mundo del arte", "hice una performance buenísima", "me sentí un rockero", "no entiendo que nadie me haya salido a defender como artista", "es como que Nabokov hable de Lolita en el Rojas y lo caguen a trompadas", "al no ser público de arte el que estaba ahí no entendió la situación de un artista haciendo obra", "cuando hablé con amigos artistas no lo podían creer". . .
¿A quién le ganó este ridículo?, ¿cómo puede decir toda esa sarta de boludeces inverosímiles?, ¿desde qué rincón de su cabecita infecta se llamará artista y saldrá ofendido a decir en los medios que nadie lo defendió del rugbier y que todos los que estábamos ahí éramos, con otras palabras, unos pelotudos?, ¿cómo tendrá el tupé de decir todo eso, después de haber ido al boliche donde estábamos comiendo post-evento para que lo sacáramos de su supuesta borrachera depresiva?
Es claro que nada de lo que pueda decir este tipo es peor que su confesada –y ahora parece que negada– pedofilia, pero se le podría tener un poco más de contemplación si se arrepintiera de algo (del hecho que contó o, al menos, de la situación que generó o de su espectáculo payasesco) y no saliera a vanagloriarse de todo amparándose en una dudosa y autoproclamada condición de artista.
Si –como se queja– los que estábamos ahí no lo hubiéramos defendido de las trompadas, ahora le faltarían todos los dientes y un cirujano plástico tendría que estar haciendo arte abstracto sobre su cara para recomponerla un poco.
¿Y la negación o puesta en duda de lo que dijo? ¿Será que ahora es demasiado cobarde como para mantener su confesión? ¿O será que –de a misma manera que, al mejor estilo Giordano, gritaba en falsete "es ficción, no me peguen que es ficción" cuando le estaban por dar la tunda–, ahora dirá que todo se trató de una simple performance para evitar que su hermano se entere de todo y termine de hacer lo que el rugbier no pudo?
*
(Más allá del mamarracho, y para bajar un poco el tono: es muy gracioso que al pibe que quiso hacer justicia por mano propia todos, sin conocerlo, lo llamen "el rugbier" o "el patovica de zona norte", ¿no?)
¿A quién le ganó este ridículo?, ¿cómo puede decir toda esa sarta de boludeces inverosímiles?, ¿desde qué rincón de su cabecita infecta se llamará artista y saldrá ofendido a decir en los medios que nadie lo defendió del rugbier y que todos los que estábamos ahí éramos, con otras palabras, unos pelotudos?, ¿cómo tendrá el tupé de decir todo eso, después de haber ido al boliche donde estábamos comiendo post-evento para que lo sacáramos de su supuesta borrachera depresiva?
Es claro que nada de lo que pueda decir este tipo es peor que su confesada –y ahora parece que negada– pedofilia, pero se le podría tener un poco más de contemplación si se arrepintiera de algo (del hecho que contó o, al menos, de la situación que generó o de su espectáculo payasesco) y no saliera a vanagloriarse de todo amparándose en una dudosa y autoproclamada condición de artista.
Si –como se queja– los que estábamos ahí no lo hubiéramos defendido de las trompadas, ahora le faltarían todos los dientes y un cirujano plástico tendría que estar haciendo arte abstracto sobre su cara para recomponerla un poco.
¿Y la negación o puesta en duda de lo que dijo? ¿Será que ahora es demasiado cobarde como para mantener su confesión? ¿O será que –de a misma manera que, al mejor estilo Giordano, gritaba en falsete "es ficción, no me peguen que es ficción" cuando le estaban por dar la tunda–, ahora dirá que todo se trató de una simple performance para evitar que su hermano se entere de todo y termine de hacer lo que el rugbier no pudo?
*
(Más allá del mamarracho, y para bajar un poco el tono: es muy gracioso que al pibe que quiso hacer justicia por mano propia todos, sin conocerlo, lo llamen "el rugbier" o "el patovica de zona norte", ¿no?)
11 de diciembre de 2007
10 de diciembre de 2007
6 de diciembre de 2007
Cansado
Estoy cansado de mí
de seguir encerrado en un nombre
de llevar este cuerpo a todos lados
de esa cara envejecida en el espejo
Quiero ser un hombre que sea muchos
que no se deje arrasar por los días
que no viva atrapado en las palabras
de seguir encerrado en un nombre
de llevar este cuerpo a todos lados
de esa cara envejecida en el espejo
Quiero ser un hombre que sea muchos
que no se deje arrasar por los días
que no viva atrapado en las palabras
5 de diciembre de 2007
Rugby (II)
El club queda cerca del Parque de Mayo y a media cuadra de Relieve, un boliche que estuvo de moda hasta hace unos diez o doce años, hacia mediados de la década del setenta, y que, según la leyenda, ahora está lleno de fantasmas. La continuación de esta calle, hacia las afueras de la ciudad, se llama La Carrindanga; ahí quedan las canchas donde jugamos los partidos y, un poco más acá, los cuarteles del V Cuerpo de Ejército y las ruinas de La Escuelita, el campo de concentración de la dictadura. Una tarde volvemos caminando por ahí, y escucho que uno de los pibes dice en voz baja: “milicos hijos de puta, hay que matarlos, habría que cortarles el pito con un pela papas...”.
3 de diciembre de 2007
29 de noviembre de 2007
27 de noviembre de 2007
Dodó
(Nota de Noelia Rivero, publicada en el número de septiembre de la revista Dodó, vida de artistas) (Para leer, clickear en las imágenes)


26 de noviembre de 2007
26/11
Querido blog:
Son medio deprimentes esos bloggers que se la pasan mostrando fotos domésticas y hablando todo el tiempo de sus hijos, como si fueran los únicos en el mundo, ¿no? Hay excepciones, claro, como el blog de Loli, el de la Uruguaya y varios más, que están buenísimos y parecen tener la fórmula para quebrar esa regla general. Con respecto a los otros, no quiero decir que tenga algo en contra de esas muestras de intimidad, ni que no me gusten las fotos de nenes con pilas de cedés, mamaderas o manteles cuadriculados de fondo. Hablo de una sensación general que, supongo, deben tener algunos lectores ante esa especie de álbumes familiares públicos alumbrados con luces de living-comedor.
A riesgo de sonar un poco deprimente, entonces, puedo contar que Fausto ya camina como cien metros sin parar, que ya dice "papá" (aunque no está claro si refiriéndose a mí o como una onomatopeya) y que entiende frases como "buscá el chupete", "dejá de rayar ese compact", "los libros no se comen" o "si no te calmás no hay vainillitas". También finge ataques de tos, se ríe a las carcajadas, y se hace el que llora cuando alguien lo reta. La semana pasada Melina tuvo que comprar una red para tapar los espacios que dejaban libres las rejas del balcón. Hasta entonces Fausto había tirado a la calle cinco juguetes, dos tapas de mayonesa, un flan con dulce de leche, un paquete de medialunas y un chupete de los caros.
Ayer al mediodía, en el 166 rumbo al oeste, nos ubicamos con el nene en los asientos del fondo y, mientras esperaba para bajar, un chico de unos veintisiete años (un flaco bronceado, disfrazado de deportista, y, pensé en ese momento, muy parecido al promedio de participantes de Gran Hermano) se lo quedó mirando fijo. "Que maravilla", nos dijo. "Tiene una nariz perfecta, es lindísimo… Por Sunset lo van a corretear…"
Son medio deprimentes esos bloggers que se la pasan mostrando fotos domésticas y hablando todo el tiempo de sus hijos, como si fueran los únicos en el mundo, ¿no? Hay excepciones, claro, como el blog de Loli, el de la Uruguaya y varios más, que están buenísimos y parecen tener la fórmula para quebrar esa regla general. Con respecto a los otros, no quiero decir que tenga algo en contra de esas muestras de intimidad, ni que no me gusten las fotos de nenes con pilas de cedés, mamaderas o manteles cuadriculados de fondo. Hablo de una sensación general que, supongo, deben tener algunos lectores ante esa especie de álbumes familiares públicos alumbrados con luces de living-comedor.
A riesgo de sonar un poco deprimente, entonces, puedo contar que Fausto ya camina como cien metros sin parar, que ya dice "papá" (aunque no está claro si refiriéndose a mí o como una onomatopeya) y que entiende frases como "buscá el chupete", "dejá de rayar ese compact", "los libros no se comen" o "si no te calmás no hay vainillitas". También finge ataques de tos, se ríe a las carcajadas, y se hace el que llora cuando alguien lo reta. La semana pasada Melina tuvo que comprar una red para tapar los espacios que dejaban libres las rejas del balcón. Hasta entonces Fausto había tirado a la calle cinco juguetes, dos tapas de mayonesa, un flan con dulce de leche, un paquete de medialunas y un chupete de los caros.
Ayer al mediodía, en el 166 rumbo al oeste, nos ubicamos con el nene en los asientos del fondo y, mientras esperaba para bajar, un chico de unos veintisiete años (un flaco bronceado, disfrazado de deportista, y, pensé en ese momento, muy parecido al promedio de participantes de Gran Hermano) se lo quedó mirando fijo. "Que maravilla", nos dijo. "Tiene una nariz perfecta, es lindísimo… Por Sunset lo van a corretear…"
21 de noviembre de 2007
Notas rápidas en el 39 (transcripción)
En una esquina de Marcelo T discuten un hombre y una mujer. No puedo darme cuenta si son pareja o sin son padre e hija. Gesticulan mucho. Me da la impresión de que ella está a punto de darle un bollo: le grita como si fuera un nene que juntó basura del suelo. También podrían ser nieta y abuelo: ella tiene menos de treinta y él más de sesenta. Recién cuando nuestro semáforo se pone en verde ellos se disponen a cruzar la calle. Al señor casi lo pisa un tacho.*
En la verdulería hay un televisor prendido en Telenoche. Ver ahí a María Laura Santillán es como ver a un amigo en otro país. El verdulero levanta un cajón de tomates de la vereda y les mira el culo a dos chicas que pasan del brazo. Los mira como si estuviera comparando la calidad de dos lotes de manzanas.
*
Una chica que va adelante habla por celular del recital de Soda Stereo. Dice que estuvo bueno pero que le pareció “muy comercial”. Hace un rato me cambié de asiento porque el flaco que iba parado trataba de espiarme el cuaderno.
*
El vendedor ambulante es flaco y barbudo, muy parecido a Bin Laden. La barba lo debe hacer parecer más flaco de lo que en realidad es. Ofrece una linterna multiuso.“Ideal para ahora que se acercan los tiempos lindos”, dice, y yo no puedo darme cuenta de qué tiene que ver una cosa con la otra.
*
Ese local de Macdonalds fue el primero al que fui en mi vida. Me llevó mi hermana hace como veinte años. Ella ya vivía en Buenos Aires y yo estaba pasando acá las vacaciones de invierno. En realidad no sé si fuimos a este local o al que está más cerca de Callao. En mi imaginación siempre fue este de Pacífico. Ella pidió un menú barato (dos hamburguesas con queso y una sola gaseosa), subimos al primer piso y comimos a lado de unas chicas con hombreras y pelos parados.
*
Un cartel abajo del de Kentucky: moscato, pizza y fainá. Una de las canciones más horribles que escuché en mi vida. El colectivero gritó: “en la prósima el que baja en la estación”. En la baranda del puente hay una pintada política pro Seineldín. Alguna vez, hace unos cinco años, me prometí leerla cada vez que pasara por acá. El tipo que la escribió corrió peligro de muerte: casi se cae del puente o casi lo pisa un tren.
*
La mujer que va sentada detrás mío despide un olor a fritanga impresionante. Todavía no pude verle la cara. De reojo vi que tiene unos cincuenta años y una camisa floreada. Estoy seguro de que en la cartera lleva un paquete de rotisería con papas fritas y milanesas de pollo.
20 de noviembre de 2007
Cañas (verano de 1982)
15 de noviembre de 2007
12 de noviembre de 2007
La tensión entre escritura y experiencia
–¿Flaco, adónde querés ir de vacaciones?
–No sé, yo iría a alguna playa de Uruguay, pero debe estar re caro . . . Podríamos ir a la costa argentina . . . qué sé yo . . . a San Bernardo, ponele . . .
–¿¿En serio me estás diciendo?? . . . ¿Por qué San Bernardo?
–Qué sé yo . . . me gusta el nombre. Me resulta simpático, además . . . se me hace cómodo para ir con el bebé, un ambiente familiar, bien clase media . . .
–¿Simpático, decís? . . . Además, ¿desde cuándo te gustan los ambientes familiares? . . . Me estás jodiendo, no te puede gustar el nombre . . . La vida es otra cosa, no los cuentitos que vos escribís . . .
–No sé, yo iría a alguna playa de Uruguay, pero debe estar re caro . . . Podríamos ir a la costa argentina . . . qué sé yo . . . a San Bernardo, ponele . . .
–¿¿En serio me estás diciendo?? . . . ¿Por qué San Bernardo?
–Qué sé yo . . . me gusta el nombre. Me resulta simpático, además . . . se me hace cómodo para ir con el bebé, un ambiente familiar, bien clase media . . .
–¿Simpático, decís? . . . Además, ¿desde cuándo te gustan los ambientes familiares? . . . Me estás jodiendo, no te puede gustar el nombre . . . La vida es otra cosa, no los cuentitos que vos escribís . . .
7 de noviembre de 2007
Rugby (I)
Estamos en el tercer tiempo. Yo tengo los botines limpios, las suelas sin barro, y la camiseta completamente blanca: jugué los últimos quince minutos del segundo tiempo pero casi no toqué la guinda. Apenas terminó el partido, y para no tener que pedirle el bidón a los chicos del equipo contrario, hice lo que siempre hago en los entrenamientos cuando tengo mucha sed: sellé los labios, junté mucha saliva en la boca y después la tragué intentando convencerme de que era agua. Ahora lleno un vaso de papel con gaseosa tibia y me voy a tomarlo a un costado de la cancha. Veo jugar a los de intermedia, escucho los gritos, huelo el humo que sale de la parrilla, y me dan ganas de que los segundos pasen cada vez más rápido. Cuando de reojo veo acercarse a mi entrenador, me levanto y voy a tratar de esconderme a la zona de los árboles.
Odio al rugby y a todo el clima que se forma alrededor. Ni el casete de Los Fabulosos Cadillacs que pusieron en el quincho me saca las ganas de querer estar en mi casa, mirando televisión, escuchando la radio o escribiendo historietas en alguno de mis cuadernos. Odio al rugby y al ambiente que lo rodea: lo único que quiero ahora es estar en mi cuarto. Hace unos meses mi mamá me compró los botines y la camiseta y me llevó al club, con la idea de que ahí me iba a “hacer nuevos amigos”. Mi deporte preferido es el básquet, pero supongo que ella se dejó llevar por el mito que indica que en el rugby se fomenta la amistad como en ningún otro deporte. Creo que algunos de mis compañeros ni siquiera saben mi nombre. En las vacaciones de invierno fuimos cuatro o cinco días a Lomas de Zamora y nos alojamos de a dos en las casas de los chicos de Pucará. Mientras el entrenador, en el colectivo de ida, sorteaba a las parejas, escuché que alguien decía a mis espaldas: “yo puedo dormir en un baño o en cualquier lado; lo único que pido es que no me toque con Molina” . . .
Odio al rugby y a todo el clima que se forma alrededor. Ni el casete de Los Fabulosos Cadillacs que pusieron en el quincho me saca las ganas de querer estar en mi casa, mirando televisión, escuchando la radio o escribiendo historietas en alguno de mis cuadernos. Odio al rugby y al ambiente que lo rodea: lo único que quiero ahora es estar en mi cuarto. Hace unos meses mi mamá me compró los botines y la camiseta y me llevó al club, con la idea de que ahí me iba a “hacer nuevos amigos”. Mi deporte preferido es el básquet, pero supongo que ella se dejó llevar por el mito que indica que en el rugby se fomenta la amistad como en ningún otro deporte. Creo que algunos de mis compañeros ni siquiera saben mi nombre. En las vacaciones de invierno fuimos cuatro o cinco días a Lomas de Zamora y nos alojamos de a dos en las casas de los chicos de Pucará. Mientras el entrenador, en el colectivo de ida, sorteaba a las parejas, escuché que alguien decía a mis espaldas: “yo puedo dormir en un baño o en cualquier lado; lo único que pido es que no me toque con Molina” . . .
6 de noviembre de 2007
5 de noviembre de 2007
30 de octubre de 2007
Yo también tuve fans
NACHO:Desde que entramos al colegio y te vimos estamos re-muertas por vos. Sos un dios.
Tus hojos son como dos lagos de agua cristalina, agua que nos llama, agua que nos inunda, agua que nos ahoga. Queremos hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos (de a una), el amor está frente a nuestra puerta, quiere entrar y ve que está entre abierta.
Te amamos y en todos los colores.
Besitos.
TUS FANS INTIMAS
(abril de 1994)
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