5 de diciembre de 2011
2 de diciembre de 2011
Esta noche
25 de noviembre de 2011
14 de noviembre de 2011
10 de noviembre de 2011
Metatextualidad
Tiempo después, incluí una escena parecida en la novela que estaba escribiendo. A la narradora le pasaba algo muy similar en un puente de Parque Patricios y tenía que decir la misma línea de diálogo. Y de ese momento se desprendían un montón de historias y personajes. El corto filmado en la novela se llamaba Los puentes magnéticos, el mismo título que terminó teniendo la novela.
El corto se llama Phoney y mi escena se puede ver en el minuto 11:21. La película y mi actuación son casi tan grossas como la metatextualidad.
8 de noviembre de 2011
Entrevista
Clickear acá para leer la entrevista.
14 de octubre de 2011
"Más extraño que la ficción"
7 de octubre de 2011
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28 de septiembre de 2011
14 de septiembre de 2011
24 de agosto de 2011
10 preguntas
16 de agosto de 2011
11 de agosto de 2011
"Todos los días ayudás a alguien"
“¿Todos los días ayudó a alguien?” “¿A quién ayudo?”
“A todos: a mí, a los papás, a las mamás, a los nenes”.
“No entiendo... pero vos también todos los días ayudás”.
“Pero no soy alto como vos”, me hizo la seña de que dejara de caminar, estiró un brazo y dijo “mirá, vos sos más alto y ayudás a todos”.
Más tarde, en la estación, cuando vi acercarse al tren, sentí que si me paraba en las vías podría frenarlo con un solo dedo.
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8 de agosto de 2011
Hasta siempre, Leo
5 de agosto de 2011
Hace justo veinte años,
3 de agosto de 2011
Anoche soñé con Cirilo Tamayo
1 de agosto de 2011
28 de julio de 2011
18 de julio de 2011
Salí en el Crónica y no fue por un drama pasional
El siguiente es el crudo de la entrevista que me hizo Valeria Tentoni para armar la nota en el diario Crónica de Bahía Blanca que se ve en el recorte:
¿Cómo empezaste a vivir la literatura en Bahía Blanca cuando eras chico? ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
En mi casa no se había demasiados libros. Empecé a leer en la adolescencia, y mis ganas de expresarme de alguna manera me empujaron a la escritura. Hubiera preferido ser músico de rock, pero tuve que conformarme con algo mucho menos glamouroso como la literatura.
¿Qué cambios se han operado en tus libros desde Los estantes vacíos en adelante? ¿Cómo se inscribe tu último libro, editado por 17grises, en esta línea de orden, o de desorden?
Con matices, Los estantes vacíos y Los modos de ganarse la vida podrían ser parte de un mismo proyecto estilístico. En los márgenes es diferente. Muchos de sus textos fueron escritos para ser publicados en blogs. Tal vez el hecho de no ser pensados como literatura con mayúsculas (algo que nunca debería hacerse) haga que se lean de otra manera. Un amigo me dijo que si yo fuera una banda, En los márgenes sería como un disco de rarezas dentro de mi obra. Me gustó eso.
De tu literatura se predica cierto intimismo y cierta presencia del Yo. Tu último trabajo, inclusive, iba a llevar un título alusivo a esta cuestión. ¿Qué podés decir de ese modo de escritura?
Este libro iba a llamarse Literatura del yo. Pero acá ese yo es más explícito porque son textos con contenido autorreferencial. Aunque el nombre del narrador es el de mi alter ego, Octavio Medina, lo autobiográfico es evidente. En los otros libros me cuesta un poco más percibir ese intimismo. Sí puedo decir que los míos no son relatos que cuenten grandes historia sino que se centran en la cotidianidad de personajes que tal vez no merecerían estar en ningún libro. Tal vez ese intimismo que se predica tenga que ver con eso.
¿Qué es ser escritor para vos?
Supongo que algo diferente a lo que la mayoría de la gente entiende por escritor. Creo que un escritor de ficciones no es tan importante ni merece tanta atención. Pero la trampa que se le hace a la sociedad con esa palabra es interesante: uno puede dedicarse a jugar con las palabras y las invenciones como si fuera un nene, y que ese juego esté avalado por el prestigio que destila la palabra escritor.
Escribiste una serie de "poemas kirchneristas". ¿Qué función política cumple la literatura, para vos?
Escribí un texto sobre los motivos por los que soy kirchnerista, que algunos leen como un poema. Después tengo poemas donde hago referencia a medidas representativas de este gobierno, como la asignación universal por hijo y el fútbol para todos. En esos casos, esas referencias están relacionadas con emociones personales. Más allá del alcance concreto y general de las medidas políticas, para cada persona esas medidas pueden tener diferentes significados simbólicos asociados a su historia personal. La fusión entre ambas cosas es lo interesante en esos poemas. Por otro lado, creo que todas las formas de relación y comunicación entre las personas son artefactos políticos, y la literatura es una de ellas.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy terminando de escribir un nuevo libro de poemas, que por ahora se llama Los domingos felices. Y también estoy promediando la escritura de una novela, cuyos archivos de word se titulan Los puentes magnéticos.
12 de julio de 2011
Cuando me siento mal
4 de julio de 2011
21 de junio de 2011
Entrevista en EC
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14 de junio de 2011
13 de junio de 2011
7 de junio de 2011
3 de junio de 2011
Mañana leo acá:

ROMBO. Un ciclo mensual de poesía que produce un fanzine de cada encuentro.
Sábado 4 de junio a las 17 horas PAN libros Echeverría 2576, Local 16
Leen: Marina Gersberg Tamara Domenech Gael Policano Rossi Ignacio Molina
Toca: Amor Elefante
Expone: Alejandra Knoll
Curaduría: Richter Productora de Arte - Organiza: Mariana Roca
30 de mayo de 2011
Trauma y entrevista
Y también un adelanto de En los márgenes.
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27 de mayo de 2011
22 de mayo de 2011
Los domingos felices
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18 de mayo de 2011
"La dimensión desconocida"
Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010) es la primera novela de Ignacio Molina y empieza así: “Aunque la habitación estaba en penumbras, por la intensidad de la luz que entraba por las rendijas de la persiana supe que era un día soleado”. El enunciado de apertura tiene un poder expansivo, ya que en el mundo de la novela todas las transparencias aparecen opacadas, los objetos que puede atravesar o refractar la mirada (ventanas, vidrieras, pantallas, espejos, parabrisas) están siempre sustraídos de su función visual: “A medida que el ambiente se iba llenando de vapor vi cómo mi imagen desnuda se iba haciendo borrosa en el espejo”; o en la otra punta: “Achiqué los ojos para ver mejor, pero la gente que pasaba por la vereda y las letras pintadas en el vidrio me molestaban”. De este modo, la niebla, el vapor, el exceso de enfoque, los obstáculos, las interferencias atentan contra la posibilidad de completar apenas un indicio visual del mundo, ya que las imágenes que circulan en la novela de Molina están tramadas sobre su propia disfunción, una zona borrosa que va dando lugar al extrañamiento. Esta “dimensión desconocida” en la que se desarrolla la novela –adelantemos– es nada más y nada menos que la vida cotidiana en pareja: Luciano (el narrador) y Cecilia son dos personajes pendulares que fluctúan entre la soledad y la vida conyugal. (...)
(para seguir leyendo, clickear acá)
12 de mayo de 2011
11 de mayo de 2011
Asunto: Los modos, efectos negativos, El Silencio Gitano
Bueno, te mando un fuerte abrazo y nada, genial tu novela che. A.
Pd: El silencio gitano existe?
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Hola A.
Gracias por la lectura y por lo que me decís de la novela. (….)
(…)
Pd: El Silencio Gitano no existe, pero existió: a mis 14 o 15 años, cuando vivía en Bahía, armé un dúo con un amigo: los dos tocábamos la guitarra y aullábamos canciones de Attaque 77 encerrados en su cuarto. Teníamos tres nombres: Control Sanitario, Los platelmintos de agua sucia y El Silencio Gitano. Nuestras interpretaciones nunca cruzaron las fronteras de esa habitación. Cuando llegué a Buenos Aires estudié guitarra un año más y después abandoné. El Silencio Gitano, el nombre, siempre me gustó. Así terminó en la novela.
Abrazo
10 de mayo de 2011
9 de mayo de 2011
6 de mayo de 2011
5 de mayo de 2011
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2 de mayo de 2011
25 de abril de 2011
14 de abril de 2011
7 de abril de 2011
Desde el escritorio donde trabajo
4 de abril de 2011
Rapado y yo
3 de abril de 2011
En un vidrio de la estación Juan B. Justo
1 de abril de 2011
Sobre Pinamar, de Hernán Vanoli

En la primera novela de Hernán Vanoli (porteño de 1976, editor del sello Tamarisco y autor de los cuentos de Varadero y Habana maravillosa) se entrelazan las voces de dos miembros de una familia acomodada: la del post adolescente Lucio, a través de los mails que, desde Buenos Aires y Pinamar, le envía a su hermano Stany durante el agobiante verano del 2002 (a pocos días de producido lo que él llama “el golpe de estado civil peronista”); y la de Stany, a través del diario que lleva diez años más tarde en busca de explicaciones sobre la misteriosa desaparición de Lucio junto a su mujer en una ruta provincial. Escrita con un virtuosismo que posee la capacidad de no regodearse en su propia elaboración, Pinamar es un relato que da cuenta, de un modo contundente y descarnado, de los miedos de la clase alta ante una crisis social sufrida en carne propia. Sus personajes, alejados de los estereotipos, narran, y a la vez protagonizan, una novela con inquietantes aristas policiales y, sobre todo, una clara determinación política.
(Publicado en la revista G7)
14 de marzo de 2011
10 de enero de 2011
8 de enero de 2011
6 de enero de 2011
2 de enero de 2011
9 de diciembre de 2010
2 de diciembre de 2010
"Lento viaje a la vida"
Por Sebastián Basualdo
Ganarse la vida no sólo hace referencia al trabajo y el dinero. De esa cotidianidad forjada día a día trata la novela de Ignacio Molina.
Si bien Los modos de ganarse la vida es la primera novela de Ignacio Molina, los notables cuentos que integraron Los estantes vacíos (Entropía, 2006) ya daban muestras de que nos encontrábamos frente a un narrador cuyo dominio en la técnica narrativa excedía los parámetros del realismo minimalista, logrando una vuelta de tuerca al género y sobre todo a sus limitaciones. Una vez más, el escritor nacido en Bahía Blanca retoma esas descripciones íntimas y minuciosas, pero esta vez desde la perspectiva de un joven cuya relación con la realidad parece un inventario preciso de todo aquello que conforma su cotidianidad y que, llevado al límite, se convierte inevitablemente en una gran metáfora de la sensación de soledad que provoca vivir en un mundo vulnerable que cambia pero mucho más lentamente que en la vida real (por ejemplo, en la novela los cassettes conviven aún con Internet), a finales de una década, con una adolescencia tardía a cuestas y un sentido de la vida adulta todavía desdibujado por una ciudadanía que no se reconoce ni en lo político ni en los valores propios de una sociedad de consumo.
(La reseña completa, clickeando acá)












