30 de junio de 2008

Este viernes

4 de julio, 21 hs.
Centro Cultural Abasto,
en Gallo y Humahuaca - Abasto

El Quinteto de la Muerte
(la fiesta de la narrativa)
Presenta:

“Una noche levinesca”


starring

Federico Levín (como Levín)
Ignacio Molina (como Levín)
Lucas “Funes” Oliveira
(como Levín)
Leonardo Oyola (como Levín)
y Ricardo Romero (como Levín)

Musicaliza y da sentido
a todo este despropósito: Facundo Gorostiza

Hablada en leviniano
Apta todo público
(a los pacoquis se les permite asistir acompañados por sus padres)

26 de junio de 2008

Entrevista con Pablo Trapero (1)

Hace ya varias semanas, cuando todavía era un periodista formal, fui a una función de prensa de Leonera, la excelente película de Pablo Trapero. Con un par de críticos nos metimos en una sala de un laboratorio cinematográfico de zona norte, y un par de veces tuve que hacer un esfuerzo para que no se me notara la emoción. Esa misma tarde hablé por teléfono con Trapero, que todavía estaba en Cannes, y a los tres días lo entrevisté en su productora de Palermo Viejo. Esta es la versión que salió publicada, y más abajo copio algunas partes del crudo (o semi crudo) de la desgrabación. Habrá una segunda entrega.


...Había ido varias veces al festival de Cannes, pero ir a la competencia, más allá de la alfombra y de la exposición que tiene, fue otro mundo. Fue muy linda la recepción, muy emotiva. Lo lindo es que tiene una sala enorme, de 2500 butacas, y cuando terminó la peli hubo aplausos y gente llorando. Fue muy emocionante, porque generalmente el público del cine no es tan demostrativo, y si una peli no le gusta la matan. Por eso no me esperaba una reacción emotiva.
La película se pasó el primer día de la competencia, y después, en vez de un día, como teníamos pautado, hicimos cuatro días con entrevistas de prensa. Algo que fue caótico pero también buenísimo para la película...

...Producir es muy lindo, desde la producción se definen muchas cosas de una película, desde el formato hasta el tipo de equipos que vas a usar. Me gusta estar siempre cerca de la película. Hacer cine no es sólo escribir y dirigir, también es aprender de tecnología, de sistemas de edición, de posibilidades. Yo entiendo al cine como una cosa global. En cada escena hay cosas que decidir, no sólo el texto y el mundo interior de lo que estás contando, también todo lo que lo rodea...

...Dirigir es entender la historia que querés contar, y a cada una de las personas con las que vas trabajando. En la película actúan presas, chicas que actuaban por primera vez, chicas con experiencia, personal del servicio penitenciario, ex presas. Pensá que Santoro es una estrella de Hollywood y Ragendorfer es un periodista de policiales, a mí me gusta esa mezcla, porque siento que enriquece mucho las escenas...

...Hacer una película no es sólo el momento en que filmás: es la vida cotidiana del equipo y la mía. Es enriquecedor trabajar con gente variada, aprender experiencias de gente que tiene vidas distintas. Las chicas y chicos presos compartieron un universo nuevo para ellos, y fue una manera de devolverle algo a la gente que nos había contado sus historias antes, darle un espacio y un lugar de esparcimiento, sacarlos de su cotidianidad. Esa es una de las particularidades que tiene el cine. La película terminada es una cosa, pero todo lo previo es la vida de lo que hacemos la película, y eso enriquece mucho nuestra vida antes de la película terminada. A mí me gusta esa idea de que el cine no sólo sea la escena o la película, sino que mientras se va haciendo hay muchas vidas que se van modificando o entrelazando. En un rodaje pasa de todo: se arman noviazgos, se pelea gente, se hacen amistades. Yo me conocí con Martina trabajando. Estábamos terminando Mundo Grúa y preparando un largometraje, y nos conocimos ahí. El cine es una actividad muy intensa, puramente emocional, porque estás contando tus sentimientos, tus miedos, tus fantasías, y casi toda la gente que labura en cine tiene esa sensibilidad, esa curiosidad por la comunicación, por conocer gente, historias nuevas. Entonces por un lado va eso que es la vida de todos los días, y por otro lado va el resultado, que es la película...
...A mí me gusta meterme en historias que me van a hacer conocer mundos nuevos, o que van a hacer pensar y generar debates. Cada una de estas historias va dejándote un universo afectivo y emocional muy fuerte. Como cuando te metés en el mundo de la bonaerense, o en las cárceles. No sólo es el hecho concreto de la película como un evento cultural o artístico, sino que todo ese proceso todas nuestras vidas se van modificando y teniendo contacto con realidades muy diferentes...

...Yo siempre tuve muchas imágenes sobre la cárcel, sobre esa falta de libertad. Es muy difícil la vida en un lugar así. Y es más difícil cuando la mayoría de la gente que está en prisión está sin condena, en proceso de prisión preventiva. Porque mucha gente que conocimos está por intento de robo de una bicicleta o algo así, y está hace cuatro años esperando el juicio. La vida de esa persona se modificó para siempre. Y quizás un día le dan una condena de un año. Hay casos de criminales, pero la mayoría de la gente que puebla las cárceles son los “perejiles”, los que cayeron medio de boludos, y eso es muy fuerte, ver cómo muchas vidas se modifican tan violentamente y no necesariamente con un sentido de justicia.
Se sabe que la injusticia genera injusticia, pero fue muy fuerte verlo de esa manera. Y un descalabro social tan grande que hace que las divisiones sociales sean tan enormes, no hace más que generar más injusticia. Vivirlo durante tanto tiempo tan de cerca fue algo muy movilizador para mí, y a medida que me iba involucrando con la investigación y la escritura deseaba que la película pudiera servir como algo más que para ir a Cannes o adonde sea. Con Martina éramos conscientes de que teníamos la oportunidad no sólo de contar una historia sino de abrir un debate sobre una realidad de la que no se hablaba mucho. El intercambio que hubo con los presos, que además cobraron por su laburo, fue muy fuerte. Pasaron cosas como que chicas que estaban en una unidad, al trasladarse por la película, pidieron quedarse en esa unidad...

...A todos nos puede pasar caer presos. Y eso está claro en la película, no fue casual. El universo de Julia es muy diferente al de las demás internas, y ella se incorpora a ese mundo, donde no es tan habitual ver a una chica de clase media, de otra formación, y que por algún motivo tiene que estar ahí.
Y a ella la cárcel la va transformando. Porque, como siempre se dice, la cárcel no regenera sino todo lo contrario: es como una escuela de futuros delincuentes. Y Julia tuvo que aprender rápido, por una cuestión de supervivencia. Y a pesar de que hay una imagen de que la cárcel es todo el tiempo hostilidad, también hay vínculos afectivos y solidarios, surgidos de la necesidad de generar una esperanza todos los días para salir adelante. Hay realidades muy contrastadas, de gente que perdió las esperanzas y se deja estar y de otros que todo el tiempo tratan de buscar algo para renovar el compromiso de despertarse al día siguiente. Todas esas son cosas que no pasan desapercibidas cuando estás cerca. Cada vez que íbamos a filmar a la cárcel nos quedábamos con la cabeza dando vueltas. Espero que la película ayude para que algo pase...

24 de junio de 2008

Podría ser peor

Tener a tu hijo con fiebre, mocos y tos.
Perder un empleo.
Engriparte.
Que te dé un ataque al hígado.
Irte al descenso directo.

20 de junio de 2008

Criminales

Sigan desabasteciendo y caceroleando, nomás. Son re buena onda.

19 de junio de 2008

18 de junio de 2008

Gustavo Ferreyra dixit

(...)
No quisiera que mis más o menos cómodos ideales intelectuales (una sociedad sin clases, etc.) me libre del compromiso efectivo que hoy la realidad pone delante de mis narices.
Ante esto creo que es más noble equivocarse poniendo el cuerpo y asumiendo el compromiso de actuar, que lamentarse simplemente de que la historia no responda a lo que determina nuestras impotentes cabecitas.
(...)

(vía Tomas Hotel)
La mirada no debería estar puesta en los que, ejerciendo un derecho democrático, muestran sus utensilios de cocina en Cabildo y Cacerolazo soñando con derrocar a un gobierno. La mirada debería estar en las quince cuadras y los trece pesos que la señora que cuida a mi hijo tuvo que gastar para conseguir un cuarto de kilo de pan y una botella de aceite para dejarle a su familia antes de venir a mi casa.
–Yo no sé qué es lo que quiere esta gente –me dijo cuando llegó.

17 de junio de 2008

Cabildo y Cacerolazo

Calamaro decía esta frase en el 2001
(cuando parece que el contexto era otro)
y yo recién ahora la estoy aceptando:
“Cuidado con los vecinos de Cabildo y Cacerolazo;
son los primeros en llamar al patrullero”.

Parece que fue ayer

Entre la noche de ayer y la madrugada de hoy se cumplieron ya dos años de, entre otras cosas, esto y esto. Días después yo daba la versión oficial, y los editores de Entropía daban la suya -bastante reñida con la realidad.

Hoy, cuando casi ningún libro de doscientas páginas baja de los 35 o 40 mangos, Los estantes… sigue vendiéndose a sólo 21 pesitos en las librerías. Habría que agotar la edición antes de que algún eslabón de la cadena de comercialización se dé cuenta del despropósito.




12 de junio de 2008

Escribirá el Felipe Pigna del siglo XXII:

“(...) Y aún seguía funcionando el no-te-metás. Mientras el Partido Agrario desabastecía a la población con el objetivo de derrocar al gobierno nacional y popular e implementar la denominada “tercera década infame”, ciertos jóvenes intelectuales de la época miraban para otro lado (...)”

11 de junio de 2008

Recursos Humanos

Despliego la cuenta del teléfono frente a la ventanilla del Pago Fácil, pero el policía parado junto a la puerta del kiosco me frena con señas.
–Tenés un retraso de diez o quince minutos –me dice.
“No, de ocho o nueve años”, estoy a punto de responderle, pero enseguida me doy cuenta de lo que habla: en segunda fila estacionó un camión de caudales, y los empleados de la empresa se disponen a llevarse la recaudación del negocio.

Una vez, hace siete u ocho años, yo trabajé en esa empresa. Las oficinas centrales quedaban en una zona oscura y elevada de La Boca, a pocas cuadras del Riachuelo. Mi tarea consistía en contar la plata que los camiones traían de los comercios y de los Bancos. Encerrados en cabinas individuales de dos por dos y paredes transparentes, los empleados recibían los fajos de billetes y las monedas en grandes sacos y consignaban las cifras que arrojaban las cuentas en una computadora. No podían hablar entre ellos, y, para alejar las manos de la mesa de trabajo, debían mirar a la cámara que colgaba del techo de la cabina y avisar en voz alta, por ejemplo, “voy a toser” o “me voy a rascar un tobillo”. Las seis jornadas semanales eran de nueve horas diarias, de diez de la noche a seis de la manaña, y el sueldo era de 450 pesos.
-Claro que con el presentismo aumenta a 475 –nos había dicho sonriendo la encargada de Recursos Humanos, una rubia de unos veinticinco años, a los empleados que empezaban a trabajar la misma noche que yo, una mujer mayor de cuarenta y un hombre de alrededor de cincuenta.

Cuando escribo que una vez trabajé en ese lugar, es literal: esa primera madrugada, mientras empezaba a dolerme la cabeza y desde el 64 que me devolvería a Belgrano miraba los fondos de la Casa Rosada, pensé que ese trabajo no era para mí. O, mejor dicho, que ese trabajo no era para nadie pero que yo podía darme el lujo de renunciar. Al llegar a mi casa, y aunque no tenía hambre, rompí el ayuno y diluí tres aspirinas en un café con leche. Después vomité, bajé las persianas y esperé a que se hicieran las diez para llamar a la encargada de Recursos Humanos.
–A ese centro clandestino de trabajo no voy más –le informé intentando sonreír, y ella me dijo que esa misma tarde podría pasar a buscar la plata que me correspondía por las nueve horas de servicios prestados. Yo le agradecí y me quedé a oscuras, en la cama, hasta el anochecer. Creo que ese día empezaron mis migrañas.

9 de junio de 2008

Marulanda

El domingo en la plaza
mi hijo llena un balde con arena
y se lo pone de sombrero a una mamá.
Mejor dicho se lo pone de casco,
pienso en voz baja y me escondo
tras las páginas centrales del diario,
ojeo política, deportes, internacionales,
siento el repique de una murga
y me parece escuchar a una nena
decir que al cachorrito de su mascota

lo va a bautizar Marulanda.

Lector crítico y atento

Lucas dijo...

Hola Ignacio.Compré tu libro hará algún tiempo y lo fui leyendo de a poquito hasta este momento que terminé el último relato. Como obviamente no tengo tu mail te hago un comentario por acá, y después te alabo el libro.

a-Comentario: en la página 184, el cuento es Ejército de Salvación. Hay un diálogo, me estoy fijando, que no cierra. Hablan acerca de dónde estaban durante un recital, y usan de referencia la ubicación de los músicos en el escenario. El tema es que no los llaman por el nombre. Me parece que le saca "realidad" ese detalle, es muy pelotudo de mi parte, pero, pensá, si vamos a ver un recital, ponele, a la renga, yo no te voy a decir que estaba del lado del cantante, te voy a decir "estaba ahí nomás del chizzo", por ejemplo. Queda medio grasa, no sé, son las 7 am, y es un detallecito.

b- si te digo esto, si solamente leyéndolo con lupa pedorra encuentro esta boludez, es que el libro tiene que ser excelente, y lo es, y me pone contento haberlo leído y me gustó mucho. Así que felicitaciones chabón, y no sé si tenés alguna otra cosa escrita pero me gustaría leerla.

Nada más. Sepa disculpar. Mis saludos.

4:39 AM

8 de junio de 2008

5 de junio de 2008

4 de junio de 2008

Luctuoso episodio

Esto pasó hoy en el subte, y más o menos así fue relatado a través un teléfono celular por un agente de la policía:

Señor comisario, le relato sucintamente los hechos: un individuo fuera de sus cabales, aparentemente discapacitado, supuestamente drogado, estaba realizando su viaje en la formación del subterráneo, tomado del pasamanos, cuando imprevistamente y sin ningún motivo aparente comenzó a amedrentar con palabras ofensivas al resto del pasaje, haciendo especial hincapié en los sujetos femeninos de mediana edad en particular y en las damas en general. Los epítetos iban en aumento, tanto en su cantidad como en su capacidad insultante, por lo que en la estación Facultad de Medicina un sujeto masculino del pasaje dio aviso a un agente de la policía federal, o sea a mí, que en ese momento cumplía con su labor asignada cerca de la ventanilla expendedora. Por ese motivo me apresto a dejar mi lugar de trabajo para ascender a la formación del tren, y al pretender que el susodicho hombre drogado cese con su provocaciones y sus palabras soeces recibo de este energúmeno un fuerte golpe de puño cerrado en la zona de mi quijada. Es entonces que un pasajero de importante tamaño me ayuda en la tarea y logramos reducir al susodicho. No obstante lo cual, cuando estábamos por hacerlo bajar en la siguiente estación, esta persona, de unos treinta años de edad y, repito, fuera de sus cabales, procedió a golpear con el hemisferio central de su cráneo el material de una de las puertas del vagón, produciendo una rotura en dicho material, además de una herida punzo cortante en la piel que recubre su cráneo. Cuando la puerta del vagón se abrió en la estación denominada Catedral, y con la ayuda de un agente que ya había sido avisado por nuestro sistema de telecomunicaciones, pudimos reducir al supuesto malviviente, quien gracias a la providencia fue el único sujeto que salió herido del lamentable episodio. En este mismo momento me dirijo con un testigo del hecho a realizar la correspondiente denuncia a la comisaría. El sujeto que provocó el luctuoso suceso esta siendo derivado por el personal pertinente al establecimiento sanitario más cercano, donde recibirá las curaciones necesarias. Así se sucedieron los hechos, señor comisario.

Clausuraron el Pacha

¿Qué pasó?

¿Qué se puede hacer?

2 de junio de 2008

Papeles viejos (pastillas que encienden el fuego)

10-2

Soy un asador bastante mediocre. Cuando puedo, me ayudo con esas pastillas de no sé qué material que venden en algunos lugares. En el super de Ostende, después de comprar carne, chorizos y bebidas, le pregunto al cajero en voz baja, con un poco de vergüenza:

–¿No tenés esas pastillas que encienden el fuego?

–No, flaco . . . –me dice él con una media sonrisa, tras un par de segundos de silencio, y yo pago y recibo el vuelto con la cabeza gacha, sin saber cómo explicarle que no le pedí pastillas de viagra.

28 de mayo de 2008

Superhéroes (unas líneas blogger)

Una noche con un amigo,
disfrazados de superhéroes,
viajamos a los bosques de Palermo.


El era Batman y yo Linterna Verde,
bajamos del 130, bordeamos un lago
y fuimos testigos espontáneos
de un choque frontal
sin víctimas fatales.

A Batman lo vieron justo
unos movileros de Crónica TV
que volvían de cubrir un evento,
y declaró que sobrevolaba la zona
cuando presenció el accidente.

El notero estaba muy interesado
en la actuación del "joven maravilla",
¿dónde estaba?, ¿qué le había pasado?

Y Batman le dijo a la cámara
que Robin era medio amargo,
y señalando hacia el bosque
que Linterna tenía más aguante,
pero yo ya me había apagado
y camuflado en la copa de un árbol.

23 de mayo de 2008

Lost in Once

Las pruebas irrefutables de que Hurley es argentino y toma el 41 de Munro-Once a las 8:30 todos los días
(gracias Soledad por la primicia y las fotos)



20 de mayo de 2008

Cositas baratas

Hablamos de literatura con una modelo entrevistada. Ella me cuenta que le gusta leer a los clásicos y, cuando el fotógrafo le dice que yo escribo "libros", se pone contenta:

–¡Ay, qué lindo! –dice–: también me encanta leer cositas baratas.

150 monos

Salió el número 3 de la revista digital 150 monos, dirigida por Carolina Berduque, Juan Cruz de Sabato y Santiago Sánchez Santarelli, con pornosonetos de Ramón Paz y un cuento de mi amigo Fernando Vico, entre muchas otras cosas. Desde este sitio se puede descarcar el pdf.

19 de mayo de 2008

La diferencia...

...entre ser hijo y ser padre,

es que cuando sos hijo tenés al tiempo delante

y cuando sos padre el tiempo te corre.

15 de mayo de 2008

Una pavada

Hace una semana guardé cinco billetes de cien pesos dentro de un libro, y a los tres días, cuando fui a buscarlos, no pude recordar en qué libro estaban. Revisé todos los del primer y segundo estante del tercer cuerpo de la biblioteca y no encontré nada. Traté de no desesperarme. Intenté consolarme pensando que, en definitiva, quinientos pesos ya no era tanta plata. Es como si hubiera perdido doscientos hace tres años, me dije, no muy convencido. También pensé que tal vez ya los había gastado sin darme cuenta, que los había sacado de ahí sin pensarlo, que había pagado las expensas y las cuentas y que el vuelto había quedado en algún cajón. Decidí esperar unos días y volver a buscar. Esta mañana me puse a revisar los libros de política e historia del tercer y cuarto estante. Los iba abriendo uno por uno; cada vez con menos esperanza, pasaba las hojas y los iba apilando en el suelo. En la búsqueda aparecieron fotos viejas y folletos publicitarios. En algún momento me prometí que si encontraba la plata lo iba a contar en el blog. El anteúltimo libro del cuarto estante era Infierno en el monte tucumano: la euforia que sentí después de agitarlo, al ver cómo salía volando el atado de billetes, fue tan intensa como fugaz. Enseguida, en vez de sentirme aliviado, pensé en todo el tiempo que había perdido en la búsqueda. Encima, me dije en voz alta, ahora tengo que poner esta pavada en el blog.


Nota al pie: la foto grande es del día de mi primera comunión, circa 1985. Ahí estoy junto a mis compañeritos de tercer grado del Don Bosco de Bahía, disfrazado de monaguillo y simulando rezar.

13 de mayo de 2008

Derecho al autor

Publicado en el Nº 3 de la revista Plural, en la hermosa sección Derecho al autor. Más abajo copio la versión original del texto que escribí. Y en la imagen, el texto retocado según los particulares criterios de algún corrector.

Me llevó casi siete años escribir los relatos de Los estantes vacíos. Al primero de ellos (“Ejército de Salvación”, que paradójicamente es el que cierra el libro) lo compuse en el invierno de 1999. Mi intención era alejarme de la forma del cuento tradicional (introducción-nudo-desenlace), de los finales forzadamente sorpresivos y de las clásicas historias de chico-conoce-chica. Quería trabajar con la cotidianidad pero alejarme del costumbrismo, construir historias realistas pero al mismo tiempo delimitar un universo propio. Escribía con la intención de que los espacios que dejaban vacíos las tramas inconclusas y la indefinición de las relaciones fueran ocupados por el hipotético lector.

Sólo cuando llevaba escritos siete u ocho relatos con el mismo estilo me di cuenta de que tenía entre manos la génesis de un libro de cuentos y no un conjunto de textos dispersos. A partir de entonces esos relatos –y los que fui escribiendo después–, pasaron a formar parte de mi vida: me la pasaba tomando notas, caminaba por la calle tratando de resolver la frase que no me había salido frente a la pantalla, y salía de mi casa con los borradores impresos para seguir pensando en ellos adonde fuera. Sin siquiera imaginar que algún día tendría lectores, fui escribiendo, corrigiendo y dándole forma al libro, de un modo casi obsesivo, hasta sentir que cada palabra había quedado en su justo lugar. La desidia o la apatía que pueden llegar a transmitir los cuentos es producto, entonces, de todo lo contrario. Esto no significa que Los estantes vacíos sea perfecto ni mucho menos, sólo intento aclarar que recién dejé de trabajar en él cuando supe que había alcanzado su límite más alto.

A darle homogeneidad al volumen ayudó el hecho de que algunos personajes fueran saltando de un texto a otro, a veces como protagonistas y otras veces como actores de reparto. El último cuento que escribí –y que le da título al conjunto– comparte situaciones con el primer relato del 99. Al terminarlo sentí que un círculo había empezado a cerrarse, pero sólo cuando el libro salió de la imprenta, a mediados del 2006, sentí que ya estaba construido el universo que había imaginado siete años atrás.

12 de mayo de 2008

La pipa y el ajedrez

Si hubiera que elegir objetos para simbolizar una forma conservadora (por no decir reaccionaria) de entender la literatura, yo votaría, sin dudas, por una pipa y un tablero de ajedrez.


9 de mayo de 2008

7 de mayo de 2008

Literatura y política (cuestionario por mail)

(…) Lo convocamos a raíz de una publicación que esperemos en el futuro pueda ver la luz. Trata sobre una revista- aún sin nombre- en el queen cada número se investigara y debatirá acerca de una idea. En estos momentos estamos preparando un primer número que tratara sobre la disminución deideología política en la literatura argentina actual. Nos gustaría que respondiera nuestras preguntas (…)

1- ¿Cree que las ideas políticas están desapareciendo de la literatura?
2- ¿Los lectores quieren o no que se mezcle la ideología política en la ficción?
3- Beatriz Sarlo ha planteado la necesidad de restituir la densidad ideológica de los desaparecidos, que la guerrilla y la radicalización política no fueron sólo una aventura del sentimiento. ¿En las muchas novelas actuales que desarrollan su acción en la década del 70, las ideas están siendo restituidas o tan sólo muestran aventuras del sentimiento?
4- ¿El vaciamiento de sentido e ideas políticas favorece o perjudica el interés del lector por comprar un libro?
5- ¿Las ideologías de los escritores se extinguieron o no hay quien quiera escucharlas?
6- ¿La sociedad no extraña las ideas políticas de los intelectuales?


1- La actividad literaria es un hecho político, en el sentido amplio del término. Las ideas políticas –más o menos solapadamente– siempre están presentes en la literatura, y el lenguaje, y el contexto en que se lo ejercita, siempre está atravesado por la política. Lo que no significa que todos los textos aborden de forma explícita acontecimientos políticos. Puede ser que la política como tema no esté demasiado presente en los textos literarios de los últimos años, cuestión que no me parece necesariamente negativa.

2- No puedo hablar por los lectores en general. A mí en particular me interesa menos esa posible mezcla entre política y ficción que la calidad del texto, más allá de la temática que aborde.

3- Estoy de acuerdo con lo de Sarlo. Quitarle la carga ideológica a los militantes de los años setenta, y hacerlos protagonistas de un mero relato de aventuras, es banalizar su historia y hacer desaparecer sus ideales. Aunque no creo que el de la literatura sea el campo indicado para llevar a cabo esa restitución. La literatura (la ficción, para ser más claro) sólo sirve para contar historias. Del resto (del abordaje histórico de hechos políticos o sociales) se deben encargar los historiadores, los ensayistas y los dirigentes políticos.

4- El interés del lector me resulta insondable. De todos modos, puedo inferir que el lector (la masa de lectores que consagra best-sellers, si a ella nos estamos refiriendo) no razona demasiado a la hora de comprar un libro: elige por la tapa, por el renombre comercial del autor, o guiándose por las listas de los más vendidos. Su capacidad de elección no va mucho más allá de eso. El mercado y la calidad literaria son totalmente incompatibles.

5- En mi caso, la ideología del autor es lo que menos me interesa. Lo que interesa es la ideología –en el sentido más amplio posible– del texto. Lo que importa es lo que se desprende del texto en sí, independientemente de la figura del autor. Para poner un ejemplo claro: puedo leer una novela de Vargas Llosa, aunque la ideología del autor me resulte detestable.

6- La sociedad ni siquiera se plantea una pregunta semejante.



5 de mayo de 2008

No pongo en el blog todas las notas que hago, sólo las que intuyo que a mí me gustaría leer. En este caso, una entrevista que le hice un par de semanas atrás al gran actor Rafael Ferro y que salió publicada en el último número de Noticias. Clickeando acá se puede leer la versión editada y reducida que salió en la revista, y abajo copio la nota original –mucho más fiel y recomendable–, que escribí con tanto cariño:

A Rafael Ferro lo incomoda dar entrevistas. O al menos eso asegura apenas comenzado el reportaje: "Está bueno tener una charla interesante, pero no me gusta cuando la nota sólo sirve para llenar espacios en las revistas". Esa premisa, la de no ocupar espacios en vano, también parece haber guiado el rumbo de su vida: Ferro fue jugador profesional de squash en Alemania hasta los veinticinco años, y en el apogeo de su carrera, cuando se dio cuenta de que el deporte ya no lo hacía feliz, abandonó todo y volvió a la Argentina para estudiar teatro. "Yo tengo la teoría de que cada tanto hay que reinventarse, romper todo y empezar de nuevo, así me pasó con el squash y en cualquier momento me puede llegar a pasar con esto." Con "esto", Ferro se refiere a la profesión de actor que hoy, a sus cuarenta y dos años, lo encuentra formando parte del elenco de La Lola, la tira emitida por América.

–¿Te aburriste de la actuación?

-No me aburrí de la actuación en sí misma. Disfruto del trabajo pero no del entorno, de la cosa de la exposición. Todo es muy hipócrita, porque parece que a veces sólo importa la fotito. Se dicen muchas pavadas, vos viste lo que es el circo que hay alrededor.

-¿Qué otras cosas te molestan del ambiente?

-Me desagrada la forma en que está medido el triunfo, los parámetros que se usan para medir el éxito. Ahora parece que el triunfo es sólo tener rating y ganar mucha plata. Al que piensa que triunfar es eso yo le diría "retirate y producí una película buena en serio en vez de seguir con los mismos programas". Hay muchos que ya tienen millones y lo podrían hacer tranquilamente (...)


1 de mayo de 2008

30 de abril de 2008

Anoche festejamos el cumpleaños de Romero con un guiso de cerdo impresionante. Tomamos vino, hablamos de boludeces y de “cosas importantes”, y celebramos la salida de las cuatro primeras novelas de Negro Absoluto, la colección de policiales dirigida por Sasturain y trabajada por Romero. Estas de acá abajo son las dos que traje para mi casa.

29 de abril de 2008

Una colección dirigida por Juan Sasturain

Tenemos el agrado de invitarlo a la presentacion de la colección Negro Absoluto el viernes 2 de mayo a las 21:30 horas. Sala Victoria Ocampo (Pabellón Blanco 1º Piso) Predio Ferial de la Sociedad Rural ArgentinaSanta Fe 4201 / Sarmiento 2784 / Cerviño 4474 - Ciudad de Buenos Aires

Santeria - Leonardo Oyola

El doble Berni - Gandolfo & Sosa

Los indeseables - Osvaldo Aguirre

El síndrome de Rasputín - Ricardo Romero

28 de abril de 2008

3-IX-09

El momento poético
del cumpleaños del nene
se da cuando la animadora
con nariz de payaso
nos hace pasar al frente
tomados de la mano
a la madre y a mí
(separados
desde hace justo un año)
y nos pregunta hace cuánto
que no salimos a bailar.

24 de abril de 2008

" ... el kiosco incorporado ..." (autobombo nao tem fin)

De un mail de una lectora:

(...) Terminé de leer Los estantes vacíos y te digo estoy tentada a releerlo dado que me gustaría "verlo" con los ojos de quien ya conoce otras situaciones/vínculos que fueron pasando y lograr captarlas en su totalidad. Nunca hago esto con tanta inmediatez, es como terminar de ver una película y darle rew para fijar el final … Me gustó mucho, tiene una forma muy atractiva para quien lo lee. También me quedó una sensación (que no la analicé mucho…) y que tiene que ver con los vínculos entre los personajes, pero no me refiero a la definición exacto del vínculo, sino a una sensación de individualidad o soledad casi involuntaria. A ver si logro explicarme: es como si estuvieras acompañado por quien sea (alguien cercano o no a tus afectos) pero de todas formas queda implícita que estás solo, como si el otro no te llegara. Yo viví dos años sola en departamento (te lo aclaro porque creía que no podría vivir en otro lugar que no fuera una casa de barrio) y lo comparaba con la vida de tus personajes que tienen el laverap y el kiosko incorporado, la convivencia con el ruido íntimo ajeno, y pensaba que a pesar de eso ese estilo de vida también me deja esa sensación de soledad, que tal vez no hayas tenido intención de contar pero que a mí me llamó la atención y que tiene que ver con eso de disfrutar estar solo, cocinar tu comida o simplemente quedarte colgado pensando en cosas. Esto obvio que me doy cuenta que habla más de mí que de tus personajes, pero de todas formas te lo comento... Como solía decir mi analista: lo que dice Juan de Pedro, dice más de Juan que de Pedro.

Saludos y gracias por el libro.

Ahora dicen que "El rock tiene quien le escriba"


(Dedicado al chabón que fui a los dieciséis años, al que si le hubieran dicho que algún día iban a hablar de él en la nota de tapa del NO habría dado la vuelta olímpica de rodillas a la cancha de Obras)

23 de abril de 2008

Plátano Verde en Buenos Aires

Dos publicaciones suicidas de Venezuela saludan la Argentina. Las revistas caraqueñas Plátano Verde, así como su par literata 2021:Pura Ficción, estarán visitando la ciudad de Buenos Aires desde el 21 hasta el 29 de Abril. Las publicaciones que han hecho marca en el sendero de la comunicación del Siglo XXI, ahora en Buenos Aires. Una agenda que incluye diseño, visuales, música y un par de lecturas feroces.

Viernes 24 de Abril / Presentación revista 2021: Pura Ficción Las literaturas portátiles y excéntricas tienen su ventana. Una revista breve, bella y efímera. Daniel Link, José Becerra, Andrés Neuman, Efraim Medina Reyes, Pedro Lemebel y más han aparecido en sus páginas. 20 hs en Librería Eterna Cadencia / Honduras 5574

Sábado 26 de Abril/ Chávez no es el único venezolano universal
Diseño + Música + Brindis. Las publicaciones plátanoverde y 2021: Pura Ficción se traen bajo la manga un montón de revistas venecas. Con el estudio NegroNoveau como invitado especial, las revistas Love, Plaza Mayor, plátanoverde, y 2021: Pura Ficción celebran el encuentro con la ciudad de Buenos Aires. En los platos tendremos a Ed Dimmock, Yudo Mode y con toda su belleza, desde Caracas: PIAN.
18:00hs. en El Diente de Oro / Malabia 1311.

Lunes 28 de Abril / Plátanos verdes presentados by Ce Sz La revista bandera de la movida emergente venezolana toma un espacio en una feria abierta por Ricardo Piglia. A nosotros nos presenta la nunca bien ponderada Cecilia Szperling, guía de aventuras más que maestro de ceremonias. Sin más. 20.30 hs en la Feria del libro de Buenos Aires / Sala Julio Cortázar

Autogol

Se viene Autogol, la antología de la editorial Funesiana. Cálense esta lista de autores (en orden alfabético):

Budassi, Sonia: Compulsión a la repetición

Levín, Federico: Moscas

Loyds: Masticando un poco de glamour

Molina, Ignacio: El ojo de la lluvia

Moret, Natalia: Rodearse de objetos

Oyola, Leonardo: La concha de la lora

Peyseré, Paula: Pulsión

Quintá, Javier: El pintor

Sarachu, Julia: El anillo

Souto, Juan Pablo: Sin título

Vigna, Diego: Una pareja perfecta

21 de abril de 2008

20 de abril de 2008

En la Ñ

Gonzalo Castro –flamante mejor director de la competencia nacional del Bafici–, y una declaración de principios editoriales que debería ser tenida en cuenta cada vez que se hable de un tema tan aburrido y dicotómico como la relación entre literatura y mercado:
“En Entropía no consideramos a los lectores en términos de mercado. Es decir, no trabajamos sobre una hipótesis de edición que adapte los textos al `público´, sino que confiamos en que la potencia o la sutileza de un determinado material va a terminar encontrando su propia vía de llegada a los lectores reales.”

17 de abril de 2008

Una película divertida y ¿ligeramente onanista?

Resfriada

de Gonzalo Castro

con actuaciones de
Romina Paula
Sebastián Martínez Daniell
Juan Manuel Nadalini

y bolos y colaboraciones de
Valeria Castro
Iosi Havilio
Ignacio Molina

La dan en el Bafici el viernes 18 a las 20 o 20:30 hs.
sábado 19 a las 10 hs. y domingo 20 a las 16 hs.

16 de abril de 2008

15 de abril de 2008

El relato histórico

Cuando los que hoy rondamos los treinta nos transformemos, de muy viejos, en la última generación viva con recuerdos de los años de la tiranía militar, vamos a ser vistos como piezas de museo. Habrá que ver de qué manera irá mutando el relato histórico en los próximos sesenta o setenta años, pero es probable que hasta las cosas más simples que contemos sobre nuestra infancia –desde los juegos que inventábamos hasta el modo en que nos hacíamos pis en la cama– sean imaginadas por los más jóvenes tras una pátina oscura salpicada de sangre.

15/4

Querido blog:

Ayer, con los pibes del Quinteto, nos sacamos las fotos para el NO. Al final de la sesión, la fotógrafa nos dijo que en la nota también iba a haber “unos escritores jóvenes de verdad, de veinte o veinticinco”. Me acordé de un profesor de literatura de la secundaria: un día, mirando la solapa de uno de sus libros, me di cuenta de que tenía treinta y uno. Yo, que tenía la mitad y lo veía casi viejo, me habría reido si alguien me lo hubiera presentado como “escritor joven”. Ahora yo mismo tenía treinta y uno, y veía cómo la fotógrafa, a su modo, se reía de nosotros. Después, en un bar de San Telmo y a la hora de la merienda, mientras un loco en la mesa de al lado pedía tostadas y café con leche, Oyola le entraba a una ternerita guisada y contaba anécdotas de su gira por España. El Tigre es un gran narrador oral de historias, y sabe editarlas muy bien: se detiene en las cosas que sólo pueden pasarle a él, nunca en asuntos que podrían haberle ocurrido a cualquiera. El loco de la mesa de al lado tenía anteojos negros, escuchaba música a todo volumen en auriculares ochentosos, y con parsimonia y dedicación asombrosas untaba las tostadas con dulce de leche. Del otro lado de las ventanas, a las seis de la tarde de un lunes de otoño, San Telmo parecía el set de filmación de una película del lejano oeste esperando a los extras.

La Contrarreforma Nº 3


10 de abril de 2008

De cómo casi me hago millonario

Anoche me fui a dormir con mi hijo; se le había salido el chupete y se había puesto a chillar. Lo abracé, cerré los ojos, y entresueños compuse una canción re pegadiza. Pensé en levantarme e inmortalizarla en mi grabador de periodista, pero supuse que a la mañana me la acordaría seguro. El estribillo era la mejor parte. Me emocionaba la letra, la melodía me ponía la piel de gallina y el ritmo me daba ganas de bailar. La imaginé interpretada en diferentes estilos: reggae, melódico, rocanrol. En todos estaba buena. Pensé en contactarme con algún productor. Me vi googleando a Afo Verde para buscar su teléfono. “Hola Afo, tengo un tema que va a romper todo”, le decía. Lo vi como futuro hit del disco regreso de Los Cadillacs, lo escuché coreado por el estadio de River. Todo eso mientras mi hijo de vez en cuando se movía dormido y seguía acariciándome un brazo. En un momento Afo se arrepentía y en vez de a Los Cadillacs se lo pasaba a Ricky Martin. Yo aceptaba pero le pedía firmarlo con seudónimo: “yo escribo literatura de verdad, señores, tengo un prestigio que cuidar”, le explicaba a los gerentes de la discográfica, sentado a la cabecera de una mesa larga en una oficina de Puerto Madero. Al final el tema salía en el disco de una banda estilo Menudo, sonaba en todas partes, y yo abría una cuenta en el Banco y todos los meses retiraba los miles de dólares de las regalías. Cada vez que lo pasaban en la radio o en la tele, miraba a Fausto desde mi sillón y recordaba la noche en que lo había compuesto a su lado. Cómo la pichuleábamos en aquella época, pensaba para mí: que ir a la oficinita, que tomar el bondi, que putear por la inflación, que inventar una notita. Ahora vivía en un chalet de las afueras y me dedicaba casi todo el día a escribir: a la tarde literatura, y a la mañana letras y melodías pegadizas. Como a las canciones seguía firmándolas con seudónimo, los suplementos culturales siempre me preguntaban cómo había logrado tal ascenso social. Algunos hablaban de una beca vitalicia de una fundación de los Países Bajos. A los veinte años mi hijo se hacía músico, armaba una banda de punk rock y me pedía canciones. Ahí yo sí ponía mi nombre, y me convertía en un escritor de culto para las nuevas generaciones de pibes. En medio de un pogo me pareció escuchar a Fausto agradecerme por todo desde el escenario, pero en realidad él estaba balbuceando y pateándome la cintura porque se le había vuelto a salir el chupete. Lo vi con los ojos abiertos y le toqué el entrecejo para que volviera a dormir. Por supuesto que esta mañana no pude recordar ni un compás de la canción.

Esta noche

leen
Funes
Tentori
Beron Díaz
Pedro Mairal
Ariela Barcos

e
Incardona en gran finale
Argañaraz 22
21 hs

9 de abril de 2008

"...te hacés el peronista por mail..."

Un comment que dejé en este post de El Sr. de abajo:

Peter: anoche soñé que el Turco Asís, Incardona y vos estaban en un bar muy oscuro, sentados a la barra. Yo los veía y me acercaba para saludar, pero al mismo tiempo se acercaba una chica con un diario en la mano y a punto de comentar una noticia. La chica intentaba hablarte a vos, pero Incar la frenaba: “no, que no diga nada, que va a hablar de política y va a ser para quilombo”, decía. Cuando vos descubrías mi presencia, me decías: “y vos rajá de acá, que nunca dijiste nada de política y ahora te hacés el peronista por mail…”, y cosas por el estilo. Yo intentaba explicar que no era ni peronista “de Perón” ni kirchnerista “de Cristina”, pero no me salía la voz, estaba como dormido dentro del sueño. Después el Turco Asís se transformaba en Tomás Abraham, con kipá multicolor, y empezaba a dar una conferencia sobre “el tipo de cambio y el Mercosur”. La barra del bar se había transformado en un escritorio de conferencias, y después en una mesa redonda, y yo me ponía nervioso porque me tocaba opinar sobre “los vaivenes del ser nacional” y no tenía ni idea qué decir. En la conferencia de Abraham, que al final se convertía en Martín Caparrós con bigotes gigantes, cada tanto sonaba música, una especie de bachata colombiana, y la gente del público se sacaba las corbatas y se ponía a bailar sobre las mesas. Después no me acuerdo mucho más. Sólo que por suerte yo no llegué a hablar porque me desperté antes.

8 de abril de 2008







7 de abril de 2008

4/7

Querido blog:

Ayer fue uno de los domingos más felices de mi vida: mi hijo se despertó a las ocho, caminó hasta el living, levantó el Página/12 que el canillita había tirado por debajo de la puerta y me lo llevó a la cama. Pero no es que lo tiró así nomás, no: rodeó la cama, se paró junto a mi mesa de luz, me tocó la espalda y me lo entregó en la mano. Después pareció recordar que se le había caído el Radar, y volvió sobre sus pasos para traérmelo.