29 de julio de 2008

Una lectura, una experiencia

Los estantes vacíos, según Carolina Berduque.

Esta es la historia de una lectura y de una experiencia. De una vivencia de lectura. Entiéndase: no es una reseña. Sólo apuntes de unas cuantas horas vividas con un libro. Como reza el título, se trató en aquel enero de este año de Los estantes vacíos, de Ignacio Molina.

Quizás deba aclarar que conocí a Ignacio en la cresta de la ola de los blogs, hace unos cuantos años y que ya en aquella oportunidad leí unos cuantos de sus relatos. Quizás también deba añadir que me gustaron. Y mucho. Percibí, en aquel momento, agradables resabios de Carver, de Salinger: historias –aparentemente– simples, bien contadas, con las dosis justas de información, sin derroche de recursos. Por eso cuando comencé a leer Los estantes vacíos sabía que iba a disfrutar del libro. Lo que no sabía era que lo iba a vivir. Me explico.

(Para seguir leyendo, clickear acá)

Cuidando la mesa de los argentinos

En la nueva etapa del gobierno popular, el paquete de media docena de salchicas traerá siete salchicas.

28 de julio de 2008

Lágrimas

De chico fui a la psicóloga y a la fonoaudióloga. No sé si habrá alguna relación entre ambas cosas, pero en el recuerdo me cuesta distinguir a las dos mujeres. Las dos tenían el mismo corte y el mismo color de pelo. Señoras de cuarenta y pico de años a mediados de la década del ochenta (que no es lo mismo que señoras de cuarenta y pico hoy, más de veinte años después).

A la psicóloga iba porque me hacía pis en la cama. O al menos eso era lo que yo imaginaba que les respondía a los que me preguntaban. Dudo que en esa época supiera los motivos concretos por los cuales mis papás me mandaban ahí. No es que ahora los tenga muy claros, pero al menos los intuyo. En las sesiones jugábamos bastante. Un día jugamos al voley con una pelota de básquet desinflada y una red de ping pong. Yo tendría ocho años. Ella me contó que de chica jugaba al voley en un club que se llamaba Ipi. Durante mucho tiempo estuve averiguando, casi en silencio, dónde quedaba ese club. Hoy sé que no hay ni hubo ningún club con ese nombre en Bahía. Puede ser, pienso ahora, que mi psicóloga infantil haya vivido su niñez en otra ciudad.

En una sesión hablamos sobre mis miedos con respecto a mi futura operación. Cuando tenía diez años, el 8 de diciembre de 1986, me operaron de un testículo. El problema que tenía se llamaba “testículo ascensor”. Hasta hoy pienso que lo llamaban así porque subía y bajaba todo el tiempo (o, en todo caso, con más frecuencia que lo normal -si es que es normal que suban y bajen), pero no tengo registro en mi memoria de ese supuesto movimiento. Del día de la operación me acuerdo de cómo me fui quedando dormido con la anestesia general, mientras médicos y enfermeras me miraban la entrepierna. Y del post-operatorio recuerdo el dolor que sentí cuando mi papá me despegó una gasa con sangre seca de la punta del pito. Creo que contuve el grito –porque del otro lado de la puerta había unos compañeros de escuela que me habían ido a visitar– pero que con las sábanas me tuve que secar algunas lágrimas.
(...) Todo fue hace tan poco tiempo y a la vez hace tanto, que me mareo. Es como si hubiesen pasado siglos, pero fue ayer nomás (...)

25 de julio de 2008

La fábrica de soda cerró hace años

Por cada cosa que se elige hay millones que se desperdician. Un día escuché esa frase al pasar frente a la vidriera de un negocio de artículos de pesca. Otro día, con la frente arrugada, como dándole importancia a mis palabras, le pregunté a un entrevistado si era tímido o vergonzoso. Por suerte él nunca me preguntó cuál era la diferencia entre esos dos términos.

24 de julio de 2008

76

Estoy leyendo 76, el libro de cuentos de Félix Bruzzone editado por Tamarisco.


22 de julio de 2008

El cazador oculto

Una vez, cuando todavía no tenía ni un libro elegido por mí en mi cuarto, fui a la casa de mis tíos, me paré frente a la biblioteca y les pregunté qué me recomendaban. No quiero exagerar, pero es probable que si esa tarde no hubiera vuelto a mi casa con un ejemplar de El cazador oculto, de J.D. Salinger, en un bolsillo de la campera, el rumbo de mi vida habría sido otro.

A párrafos como el que abre el capítulo 17, y copio acá abajo, llegué a sabérmelos casi de memoria. Ahora hace muchos años que no lo releo, y no sé cómo me impactaría si lo volviera hacer. A los que todavía no tuvieron el gusto de leerlo, les paso en este link un pdf (nunca encontré una buena traducción de este libro, espero que esta sea una excepción).


Era todavía muy pronto cuando llegué, así que decidí sentarme debajo del reloj en uno de aquellos sillones de cuero que había en el vestíbulo. En muchos colegios estaban ya de vacaciones y había como un millón de chicas esperando a su pareja: chicas con las piernas cruzadas, chicas con las piernas sin cruzar, chicas con piernas preciosas, chicas con piernas horrorosas, chicas que parecían estupendas, y chicas qu debían ser unas brujas si de verdad se las llegaba a conocer bien. Era un lindo panorama, pero no sé si me entenderán lo que quiero decir. Aunque por otra parte era también bastante deprimente porque uno no podía dejar de preguntarse qué sería de todas ellas. Me refiero a cuando salieran del colegio y la universidad. La mayoría se casarían
con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de nafta, tipos que se enojan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping–pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos... Pero con eso de los aburridos hay que tener mucho cuidado. Es mucho más complejo de lo que parece. De verdad. Cuando estaba en Elkton Hills tuve durante dos meses como compañero de cuarto a un chico que se llamaba Harris Macklin. Era muy inteligente, pero también el tipo más plomo que he conocido en mi vida. Tenía una voz chillona y se pasaba el día hablando. No paraba, y lo peor era que nunca decía nada que pudiera interesarle a alguien. Sólo sabía hacer una cosa. Silbaba estupendamente. Mientras hacía la cama o colgaba sus cosas en el armario –cosa que hacía continuamente–, si no hablaba como una máquina, siempre se ponía a silbar. A veces le daba por lo clásico, pero por lo general era algo de jazz. Elegía una canción como por ejemplo Tin Roof Blues y la silbaba tan bien y tan suavecito –mientras colgaba sus cosas en el armario–, que daba gusto oírlo. Naturalmente nunca se lo dije. Uno no se acerca a un tipo de sopetón para decirle, «silbás estupendamente». Pero si lo aguanté como compañero de cuarto durante dos meses fue porque silbaba tan bien, mejor que ninguna otra persona que haya conocido jamás. Así que hay que tener un poco de cuidado con eso. Quizá no haya que tener tanta lástima a las chicas que se casan con tipos aburridos. Por lo general no hacen daño a nadie y puede que hasta silben estupendamente. Quién sabe. Yo desde luego no.

(…)

18 de julio de 2008

Oyola, premio Dashiell Hammet de novela negra

En la mañana española de hoy, a mi amigo Leo Oyola le anunciaron que es el ganador del premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón.

(me lo acaba de avisar Funes, y así lo lo informó El Mundo, de España)

Nunca tan merecido.
Felicitaciones, Tigre.

17 de julio de 2008

Yo me pregunto...

¿Qué habría pasado si la cosa hubiese sido al revés: si el que tenía que definir la votación era parte de la dirigencia del campo pero terminaba votando a favor del gobierno? ¿De cuántos millones en coimas estaría hablando la oposición? No quiero decir con esto que no exista la posibilidad de que el gobierno haya coimeado a alguien de alguna manera. Ni que Cobos haya sido coimeado. Sólo me pregunto por qué por ciertas mentes supuestamente impolutas, y por ende totalmente objetivas, puede rondar esa duda en algunos casos y no en otros.

¿Por qué el vicepresidente no habló en ningún momento sobre la ley en debate? ¿Por qué centró su discurso en sus miedos y en sus angustias personales? ¿Lo importante eran sus miedos, o lo importante era la ley que tenía que avalar o rechazar? Esta mañana dijo algo así como que no había que dramatizar, que esta era una ley más, que no significaba ninguna bisagra. Si esto era tan así, ¿por qué al tratar de justificarse y de convencerse temblaba como una hoja? ¿Por qué, si la ley no era tan crucial, dijo que se trataba del día más difícil de su vida?

¿Por qué, si sólo mediaron unas pocas horas no hábiles entre la noticia narrada y la entrada a la imprenta de la misma, el mayor diario argentino titula su edición de hoy con un agorero “crisis política”? ¿Hubo tiempo de que ocurriera alguna crisis política en esas pocas horas? ¿O se tratará sólo de una expresión de deseos?

¿Qué es lo que festejan las clases medias y altas republicanas, la derecha oligarca, la Coalición Cívica Libertadora, el progresismo blanco y gorila, la Unión Cívica Socialita, los trotskystas de derecha, la prensa amarilla y mercenaria, los piquetruchos abrazados a los discípulos de Martínez de Hoz? ¿Una posible reforma agraria, el advenimiento de una revolución, la posibilidad del lomo a ochenta pesos, el fin de la grasada y de los chorros en el gobierno? Cada cual tendrá sus motivos. Por lo pronto, lo que tal vez puedan empezar a festejar algunos son cosas más concretas: el aborto de una tímida vuelta del intervencionismo estatal, el aliento al cultivo de soja en detrimento de la ganadería y la lechería, el cross a la mandíbula a una tibia perspectiva de políticas progresistas.

Chiste triste

Dicen que el grupo de cumbia favorito del ¿todavía? vicepresidente, no sería Los Leales.

16 de julio de 2008

16/7

Querido blog:

Anoche, resfriado, y con un rollo de papel higiénico en la mesa de luz para sonarme la nariz cada diez minutos, estuve desvelado hasta las cinco de la mañana. Como hago siempre que no puedo dormir, traté de pensar en lugares tranquilos a esa hora de la noche. Por ejemplo: la cancha de básquet, vacía y oscura, de Napostá de Bahía; la cima de la sierra de la Ventana; una esquina desierta de La Paternal…

Cuando conseguí dormirme, soñé que era diputado de la Nación. Alguien lograba echar "por traidor" a Felipe Solá, y yo, a través de un sorteo que se hacía "entre todos los ciudadanos mayores de treinta años y con más un metro ochenta y dos de estatura", entraba en su lugar. A las primeras dos jornadas laborales iba con zapatillas y remera, pero a la tercera me ponía camisa y botitas de gamuza. Recién ahí se me acercaba alguien a hablarme. Cuando me preguntaban de qué bloque era, yo no sabía qué decir. Esperaba que alguien viniera a convencerme de que era de su bloque. Al cuarto día, uno de los porteros del Congreso me contaba que yo cobraría 3500 pesos en efectivo y 800 pesos en tickets restaurante.

Esta mañana, entre otras cosas, trabajé escuchando la radio, terminé de leer un relato de Carson Mcullers, le cambié dos veces los pañales a mi hijo y caminé hasta el supermercado. De las góndolas de la carnicería salía un aire tan frío que me volvió a dar un ataque de estornudos. La cara de la cajera me sonó conocida, pero ella no me miró de ninguna manera especial. En otra época de mi vida hubiera sentido la necesidad de hablarle. En otra época de mi vida todas las cosas me resultaban extrañas.

15 de julio de 2008

Dialoguito

–Yo lo agarro del brazo y vos le tapás la boca así.
–Dale…


14 de julio de 2008

Siguiendo la luna

Vuelven los Cadillacs, uno de los grupos de música popular más importantes de la historia argentina. Ya tocaron gratis en el Planetario, y se sabe que van a grabar dos discos, con canciones nuevas y reversiones, y a hacer una gira por Latinoamérica que va a terminar en diciembre en la cancha de River. No se puede pretender que vuelvan a tocar con la actitud punk que tenían hace quince años, ni que Vicentico vuelva a romper guitarras contra el escenario o a tirarse de cabeza al medio de un pogo. No es lo mismo tener cuarenta y cinco años que veintinueve. Pero sí se puede esperar que no suenen demasiado pop latino o que, al menos durante los conciertos, no se note demasiado el negocio. Acá abajo (gentileza de lfcrarezas) una hermosa canción tocada por algunos de ellos durante una celebración íntima.

13 de julio de 2008

11 de julio de 2008

10 de julio de 2008

Enigmas del autogoogleo

En la sección "libros favoritos" de su página web, esta chica mexicana (que dice gustar de "las flores de Liz, la mota, el alcohol y el sexo") enumera:

-Aprender a mirar, de Robyn Quin
-No se admiten personas perfectas, de John Burke
y
-Palabras de Pedro Mairal acerca de Los estantes vacíos, de Ignacio Molina (¿?)

8 de julio de 2008

Tren

Esta mañana salí de mi casa para ir a tomar el tren, pero, supongo que demasiado sumergido en algún pensamiento, al llegar a la altura de la estación seguí de largo unos cincuenta metros, me metí en la boca del subte y caminé hasta la ventanilla.

-Uno de ochenta –dije, y recién cuando noté que el vendedor de boletos me miraba desconcertado salí de mi distracción.
-Perdón –le dije con la mano, y con la cabeza gacha y un poco de vergüenza volví sobre mis pasos.

*

Todo pasó en menos de quince segundos:

Una mujer subió al tren con un cochecito de bebé y una nena de primaria con mochila rosa y guardapolvo. La mujer, muy apurada, enseguida se cambió de vagón, y su hija mayor, que había empezado a caminar hacia el otro lado, giró la cabeza y se dio cuenta de que estaba sola. Repitiendo “mamá” y mirando hacia todas las direcciones, la nena salió al andén y se quedó ahí parada, quietita y llorando. Y entonces yo, que había seguido los movimientos de su madre, alcancé a decirle que se calmara y a arrastrarla de un brazo hacia el interior del tren antes de que se cerraran las puertas. Su mochila con rueditas quedó del otro lado, pero, hábil de reflejos, un diariero que había visto toda la escena se la alcanzó a otro tipo por una de las ventanillas abiertas.

Aunque mi intención no había sido la de ser protagonista, no pude evitar que la mayoría de las miradas se centrase en mí, y hasta el guarda, que venía caminando por el pasillo, se acercó a hablarme con el mismo tono con el que pedía boletos.
-Te das cuenta, cualquiera puede ser madre, flaco –teorizó, y con un gesto que supuse cómplice me preguntó retóricamente: -¿Dónde estaba la boluda? ¿Rascándose la argolla?

6 de julio de 2008

Este es el cuento de Federico Levín que leí el viernes a la noche en una esquina del Abasto.

4 de julio de 2008

1994

(Gracias Alex)

1 de julio de 2008

En el río


Entrevista con Pablo Trapero (II)

Primera parte, acá.

Segunda parte:

...Mi paternidad fue el punto de partida de la película. Desde que fui papá me cambió la perspectiva de muchas cosas. A mí me sonaba que eso era como un chamuyo que decían los grandes, pero me di cuenta de que tenían razón. Me impresionó mucho todo lo que fui viviendo en la intimidad con ese vínculo. Yo tenía la fantasía de que ser padre te achanchaba, pero para mí fue todo lo contrario: te da vitalidad, te cambian las prioridades, tus necesidades se modifican. Y la película tuvo mucho que ver con eso...

...Porque antes de ser una película sobre la cárcel, Leonera es una película sobre la maternidad. Su origen fue querer contar una historia sobre el vínculo increíble que se genera entre una mamá y su chiquito, sobre todo en el embarazo y el período de lactancia. Los papás, por más amor que tengan por su hijo y su mujer, están medio como testigos de esa relación: vas y ves en qué podés ayudar, pero hay una cosa simbiótica entre la mamá y el chico que es media milagrosa...

...Ni hablar del momento del parto: yo presencié el parto y fue una cosa que no me olvido en mi vida. Una cosa entre animal, un poco chancha, un poco tierna . . . Entonces yo tenía ganas de contar eso, y también cómo se modifica una mujer, cómo toda su humanidad se transforma tan rápidamente, y cómo se da ese torbellino de emociones, a medio camino entre lo instintivo y lo intelectual, lo sensorial, todo medio mezclado...

...O sea que es una película sobre la relación entre Julia y Tomás, sobre los chicos y sobre la responsabilidad de los adultos sobre los chicos también. Porque en la película es más fácil ver cómo afecta una decisión o cómo afectan en la realidad los adultos a los chiquitos, pero nosotros somos responsables de los chicos todo el tiempo, desde la elección de dónde lo mandás a la escuela, cómo los alimentás, en qué universo lo acompañas. Cada una de las decisiones que uno va tomando en el día a día va a afectar la vida de tu hijo o de otro chico, y la película también habla de eso desde otro lugar: el poder atroz que uno tiene sobre los niños, y cómo inconscientemente uno puede afectar muchas cosas sin tomar conciencia del nivel de invasión que hay sobre el chico...

...Y esta disyuntiva que pasa en la película, qué es mejor, estar libre pero sin su mamá, o estar con su mamá pero preso, en muchísimas cosas menos estridentes se dan todos los días. No por nada los psicólogos se la pasan hablando de cómo nos afectan nuestros primeros años de vida, y de cómo sobrevive uno a ese período de formación. Y todo eso se ve en el universo de la peli, representado en la historia de Julia y Tomás...

*
...Siento que para mucha gente la película va a provocar muchas de estas preguntas, dudas, pensamientos, más allá de los casos puntuales. Como aplicar eso para la vida cotidiana, todas esas cositas silenciosas del día a día en la película están expresadas de una manera extrema. Creo que lo que permite la imagen es materializar un montón de pequeñas cositas como las estamos hablando, sin que se las denuncie directamente...

...Durante estos primeros años de vida de Mateo, estaba muy alucinado y tenía ganas de contar historias que tuvieran que ver con eso. En su momento fue Nacido y criado, que era más sobre la paternidad, y en Leonera es sobre el universo femenino alrededor de la maternidad. Tenía ganas de entrar al mundo femenino, donde el universo fueran las mujeres y donde los hombres sean menos protagónicos...

*
...Martina es actriz desde muy chiquita. A los 17 tuvo el privilegio de ser alumna de Gandolfo, un gran maestro, y cuando nos conocimos ella ya trabajaba en producción y estaba alejada de la actuación. Nos conocimos trabajando, y desde entonces yo le pedí que volviera a actuar, que hiciéramos una experiencia juntos. Hicimos Nacido y criado, donde nos habíamos cagado de frío a no sé cuántos kilómetros de Buenos Aires, y después le propuse que hiciéramos la próxima película juntos, con ella como protagonista, una película chiquita, con dos o tres personajes, que pasara en un departamento. Y Martina empezó a escribir la historia de Ramiro, Nahuel y Julia, de este vínculo complicado entre los personajes, que terminaba con un crimen. Me la mostró y le dije “buenísimo, pero vamos a hacerla de ahí para adelante”. Entonces ella estuvo involucrada desde muy temprano en el desarrollo de Julia, mientras yo trabajaba con el guión. Y las dos cosas nos fueron enriqueciendo desde muy temprano...

*
...Lo que pasa que nosotros nos conocimos así, nuestra vida es así desde el principio. En nuestro caso fue mucho más intensa, porque además de que Martina es actriz y productora ejecutiva, yo soy director y productor, entonces las jornadas de laburo era medio matadoras. Cuesta a veces encontrar el límite y decir “bueno, listo, llegamos a casa, hablemos del clima, de cualquier cosa”. Pero yo disfruté mucho la verdad, y Martina, a pesar de tener un personaje muy difícil, también lo disfruto. Creo que eso se ve en la película. Si no hubiera existido esa química, la película no hubiera salido bien...

*
...Si vos perdés mucho tiempo escuchando lo que dicen, te distraes. Las críticas, tanto cuando son a favor como cuando son en contra, son opiniones. Como director me expongo a que la gente opine si la peli le parece una obra maestra o le parece una bosta. Pero es parte del aprendizaje de un director entender ese diálogo que la película tiene con la gente que la ve y que eso no afecte tu camino. Me halaga que todo el mundo diga que soy bueno como director, no te voy a decir que no, pero trato de mantener cierta distancia con eso para poder seguir haciendo cosas. Por suerte las críticas son buenas, y eso da un poquito de seguridad y eso ayuda con los productores y los distribuidores para seguir proyectando otras cosas...

*
...Yo entiendo que una película es un hecho de comunicación, y que tiene que haber alguien que escuche y que quiera participar de esa idea. No me gusta pensar una película como un producto que la gente va a tener que ir a ver, pero sí me gusta ir y meterme en una sala y sentir la reacción del público. Además quiero que se vea porque es un tema que me importa que se hable. Me gusta que las películas vayan teniendo su camino independiente, y para eso es necesario que haya gente que las vea...

...Si un tipo hace arte, uno puede pensar que es por el hecho espontáneo de evacuar una necesidad de expresión. Pero yo creo que también el arte es una herramienta de comunicación, y que alguien tiene que ver esas películas, leer esos libros o escuchar esa música, para que se complete. Uno puede decir “no me interesa que la vean un millón de personas”, pero algún público tiene que haber para poder tener un feedback. Creo que el arte tiene una función en la sociedad, y me gusta ejercer esa función. No sólo entretener o expresarse, sino también formar parte de un movimiento de comunicación, de decir las cosas que no te gustan, proponer cosas para que las cosas sean diferente. Creo en eso...

30 de junio de 2008

Este viernes

4 de julio, 21 hs.
Centro Cultural Abasto,
en Gallo y Humahuaca - Abasto

El Quinteto de la Muerte
(la fiesta de la narrativa)
Presenta:

“Una noche levinesca”


starring

Federico Levín (como Levín)
Ignacio Molina (como Levín)
Lucas “Funes” Oliveira
(como Levín)
Leonardo Oyola (como Levín)
y Ricardo Romero (como Levín)

Musicaliza y da sentido
a todo este despropósito: Facundo Gorostiza

Hablada en leviniano
Apta todo público
(a los pacoquis se les permite asistir acompañados por sus padres)

26 de junio de 2008

Entrevista con Pablo Trapero (1)

Hace ya varias semanas, cuando todavía era un periodista formal, fui a una función de prensa de Leonera, la excelente película de Pablo Trapero. Con un par de críticos nos metimos en una sala de un laboratorio cinematográfico de zona norte, y un par de veces tuve que hacer un esfuerzo para que no se me notara la emoción. Esa misma tarde hablé por teléfono con Trapero, que todavía estaba en Cannes, y a los tres días lo entrevisté en su productora de Palermo Viejo. Esta es la versión que salió publicada, y más abajo copio algunas partes del crudo (o semi crudo) de la desgrabación. Habrá una segunda entrega.


...Había ido varias veces al festival de Cannes, pero ir a la competencia, más allá de la alfombra y de la exposición que tiene, fue otro mundo. Fue muy linda la recepción, muy emotiva. Lo lindo es que tiene una sala enorme, de 2500 butacas, y cuando terminó la peli hubo aplausos y gente llorando. Fue muy emocionante, porque generalmente el público del cine no es tan demostrativo, y si una peli no le gusta la matan. Por eso no me esperaba una reacción emotiva.
La película se pasó el primer día de la competencia, y después, en vez de un día, como teníamos pautado, hicimos cuatro días con entrevistas de prensa. Algo que fue caótico pero también buenísimo para la película...

...Producir es muy lindo, desde la producción se definen muchas cosas de una película, desde el formato hasta el tipo de equipos que vas a usar. Me gusta estar siempre cerca de la película. Hacer cine no es sólo escribir y dirigir, también es aprender de tecnología, de sistemas de edición, de posibilidades. Yo entiendo al cine como una cosa global. En cada escena hay cosas que decidir, no sólo el texto y el mundo interior de lo que estás contando, también todo lo que lo rodea...

...Dirigir es entender la historia que querés contar, y a cada una de las personas con las que vas trabajando. En la película actúan presas, chicas que actuaban por primera vez, chicas con experiencia, personal del servicio penitenciario, ex presas. Pensá que Santoro es una estrella de Hollywood y Ragendorfer es un periodista de policiales, a mí me gusta esa mezcla, porque siento que enriquece mucho las escenas...

...Hacer una película no es sólo el momento en que filmás: es la vida cotidiana del equipo y la mía. Es enriquecedor trabajar con gente variada, aprender experiencias de gente que tiene vidas distintas. Las chicas y chicos presos compartieron un universo nuevo para ellos, y fue una manera de devolverle algo a la gente que nos había contado sus historias antes, darle un espacio y un lugar de esparcimiento, sacarlos de su cotidianidad. Esa es una de las particularidades que tiene el cine. La película terminada es una cosa, pero todo lo previo es la vida de lo que hacemos la película, y eso enriquece mucho nuestra vida antes de la película terminada. A mí me gusta esa idea de que el cine no sólo sea la escena o la película, sino que mientras se va haciendo hay muchas vidas que se van modificando o entrelazando. En un rodaje pasa de todo: se arman noviazgos, se pelea gente, se hacen amistades. Yo me conocí con Martina trabajando. Estábamos terminando Mundo Grúa y preparando un largometraje, y nos conocimos ahí. El cine es una actividad muy intensa, puramente emocional, porque estás contando tus sentimientos, tus miedos, tus fantasías, y casi toda la gente que labura en cine tiene esa sensibilidad, esa curiosidad por la comunicación, por conocer gente, historias nuevas. Entonces por un lado va eso que es la vida de todos los días, y por otro lado va el resultado, que es la película...
...A mí me gusta meterme en historias que me van a hacer conocer mundos nuevos, o que van a hacer pensar y generar debates. Cada una de estas historias va dejándote un universo afectivo y emocional muy fuerte. Como cuando te metés en el mundo de la bonaerense, o en las cárceles. No sólo es el hecho concreto de la película como un evento cultural o artístico, sino que todo ese proceso todas nuestras vidas se van modificando y teniendo contacto con realidades muy diferentes...

...Yo siempre tuve muchas imágenes sobre la cárcel, sobre esa falta de libertad. Es muy difícil la vida en un lugar así. Y es más difícil cuando la mayoría de la gente que está en prisión está sin condena, en proceso de prisión preventiva. Porque mucha gente que conocimos está por intento de robo de una bicicleta o algo así, y está hace cuatro años esperando el juicio. La vida de esa persona se modificó para siempre. Y quizás un día le dan una condena de un año. Hay casos de criminales, pero la mayoría de la gente que puebla las cárceles son los “perejiles”, los que cayeron medio de boludos, y eso es muy fuerte, ver cómo muchas vidas se modifican tan violentamente y no necesariamente con un sentido de justicia.
Se sabe que la injusticia genera injusticia, pero fue muy fuerte verlo de esa manera. Y un descalabro social tan grande que hace que las divisiones sociales sean tan enormes, no hace más que generar más injusticia. Vivirlo durante tanto tiempo tan de cerca fue algo muy movilizador para mí, y a medida que me iba involucrando con la investigación y la escritura deseaba que la película pudiera servir como algo más que para ir a Cannes o adonde sea. Con Martina éramos conscientes de que teníamos la oportunidad no sólo de contar una historia sino de abrir un debate sobre una realidad de la que no se hablaba mucho. El intercambio que hubo con los presos, que además cobraron por su laburo, fue muy fuerte. Pasaron cosas como que chicas que estaban en una unidad, al trasladarse por la película, pidieron quedarse en esa unidad...

...A todos nos puede pasar caer presos. Y eso está claro en la película, no fue casual. El universo de Julia es muy diferente al de las demás internas, y ella se incorpora a ese mundo, donde no es tan habitual ver a una chica de clase media, de otra formación, y que por algún motivo tiene que estar ahí.
Y a ella la cárcel la va transformando. Porque, como siempre se dice, la cárcel no regenera sino todo lo contrario: es como una escuela de futuros delincuentes. Y Julia tuvo que aprender rápido, por una cuestión de supervivencia. Y a pesar de que hay una imagen de que la cárcel es todo el tiempo hostilidad, también hay vínculos afectivos y solidarios, surgidos de la necesidad de generar una esperanza todos los días para salir adelante. Hay realidades muy contrastadas, de gente que perdió las esperanzas y se deja estar y de otros que todo el tiempo tratan de buscar algo para renovar el compromiso de despertarse al día siguiente. Todas esas son cosas que no pasan desapercibidas cuando estás cerca. Cada vez que íbamos a filmar a la cárcel nos quedábamos con la cabeza dando vueltas. Espero que la película ayude para que algo pase...

24 de junio de 2008

Podría ser peor

Tener a tu hijo con fiebre, mocos y tos.
Perder un empleo.
Engriparte.
Que te dé un ataque al hígado.
Irte al descenso directo.

20 de junio de 2008

Criminales

Sigan desabasteciendo y caceroleando, nomás. Son re buena onda.

19 de junio de 2008

18 de junio de 2008

Gustavo Ferreyra dixit

(...)
No quisiera que mis más o menos cómodos ideales intelectuales (una sociedad sin clases, etc.) me libre del compromiso efectivo que hoy la realidad pone delante de mis narices.
Ante esto creo que es más noble equivocarse poniendo el cuerpo y asumiendo el compromiso de actuar, que lamentarse simplemente de que la historia no responda a lo que determina nuestras impotentes cabecitas.
(...)

(vía Tomas Hotel)
La mirada no debería estar puesta en los que, ejerciendo un derecho democrático, muestran sus utensilios de cocina en Cabildo y Cacerolazo soñando con derrocar a un gobierno. La mirada debería estar en las quince cuadras y los trece pesos que la señora que cuida a mi hijo tuvo que gastar para conseguir un cuarto de kilo de pan y una botella de aceite para dejarle a su familia antes de venir a mi casa.
–Yo no sé qué es lo que quiere esta gente –me dijo cuando llegó.

17 de junio de 2008

Cabildo y Cacerolazo

Calamaro decía esta frase en el 2001
(cuando parece que el contexto era otro)
y yo recién ahora la estoy aceptando:
“Cuidado con los vecinos de Cabildo y Cacerolazo;
son los primeros en llamar al patrullero”.

Parece que fue ayer

Entre la noche de ayer y la madrugada de hoy se cumplieron ya dos años de, entre otras cosas, esto y esto. Días después yo daba la versión oficial, y los editores de Entropía daban la suya -bastante reñida con la realidad.

Hoy, cuando casi ningún libro de doscientas páginas baja de los 35 o 40 mangos, Los estantes… sigue vendiéndose a sólo 21 pesitos en las librerías. Habría que agotar la edición antes de que algún eslabón de la cadena de comercialización se dé cuenta del despropósito.




12 de junio de 2008

Escribirá el Felipe Pigna del siglo XXII:

“(...) Y aún seguía funcionando el no-te-metás. Mientras el Partido Agrario desabastecía a la población con el objetivo de derrocar al gobierno nacional y popular e implementar la denominada “tercera década infame”, ciertos jóvenes intelectuales de la época miraban para otro lado (...)”

11 de junio de 2008

Recursos Humanos

Despliego la cuenta del teléfono frente a la ventanilla del Pago Fácil, pero el policía parado junto a la puerta del kiosco me frena con señas.
–Tenés un retraso de diez o quince minutos –me dice.
“No, de ocho o nueve años”, estoy a punto de responderle, pero enseguida me doy cuenta de lo que habla: en segunda fila estacionó un camión de caudales, y los empleados de la empresa se disponen a llevarse la recaudación del negocio.

Una vez, hace siete u ocho años, yo trabajé en esa empresa. Las oficinas centrales quedaban en una zona oscura y elevada de La Boca, a pocas cuadras del Riachuelo. Mi tarea consistía en contar la plata que los camiones traían de los comercios y de los Bancos. Encerrados en cabinas individuales de dos por dos y paredes transparentes, los empleados recibían los fajos de billetes y las monedas en grandes sacos y consignaban las cifras que arrojaban las cuentas en una computadora. No podían hablar entre ellos, y, para alejar las manos de la mesa de trabajo, debían mirar a la cámara que colgaba del techo de la cabina y avisar en voz alta, por ejemplo, “voy a toser” o “me voy a rascar un tobillo”. Las seis jornadas semanales eran de nueve horas diarias, de diez de la noche a seis de la manaña, y el sueldo era de 450 pesos.
-Claro que con el presentismo aumenta a 475 –nos había dicho sonriendo la encargada de Recursos Humanos, una rubia de unos veinticinco años, a los empleados que empezaban a trabajar la misma noche que yo, una mujer mayor de cuarenta y un hombre de alrededor de cincuenta.

Cuando escribo que una vez trabajé en ese lugar, es literal: esa primera madrugada, mientras empezaba a dolerme la cabeza y desde el 64 que me devolvería a Belgrano miraba los fondos de la Casa Rosada, pensé que ese trabajo no era para mí. O, mejor dicho, que ese trabajo no era para nadie pero que yo podía darme el lujo de renunciar. Al llegar a mi casa, y aunque no tenía hambre, rompí el ayuno y diluí tres aspirinas en un café con leche. Después vomité, bajé las persianas y esperé a que se hicieran las diez para llamar a la encargada de Recursos Humanos.
–A ese centro clandestino de trabajo no voy más –le informé intentando sonreír, y ella me dijo que esa misma tarde podría pasar a buscar la plata que me correspondía por las nueve horas de servicios prestados. Yo le agradecí y me quedé a oscuras, en la cama, hasta el anochecer. Creo que ese día empezaron mis migrañas.

9 de junio de 2008

Marulanda

El domingo en la plaza
mi hijo llena un balde con arena
y se lo pone de sombrero a una mamá.
Mejor dicho se lo pone de casco,
pienso en voz baja y me escondo
tras las páginas centrales del diario,
ojeo política, deportes, internacionales,
siento el repique de una murga
y me parece escuchar a una nena
decir que al cachorrito de su mascota

lo va a bautizar Marulanda.

Lector crítico y atento

Lucas dijo...

Hola Ignacio.Compré tu libro hará algún tiempo y lo fui leyendo de a poquito hasta este momento que terminé el último relato. Como obviamente no tengo tu mail te hago un comentario por acá, y después te alabo el libro.

a-Comentario: en la página 184, el cuento es Ejército de Salvación. Hay un diálogo, me estoy fijando, que no cierra. Hablan acerca de dónde estaban durante un recital, y usan de referencia la ubicación de los músicos en el escenario. El tema es que no los llaman por el nombre. Me parece que le saca "realidad" ese detalle, es muy pelotudo de mi parte, pero, pensá, si vamos a ver un recital, ponele, a la renga, yo no te voy a decir que estaba del lado del cantante, te voy a decir "estaba ahí nomás del chizzo", por ejemplo. Queda medio grasa, no sé, son las 7 am, y es un detallecito.

b- si te digo esto, si solamente leyéndolo con lupa pedorra encuentro esta boludez, es que el libro tiene que ser excelente, y lo es, y me pone contento haberlo leído y me gustó mucho. Así que felicitaciones chabón, y no sé si tenés alguna otra cosa escrita pero me gustaría leerla.

Nada más. Sepa disculpar. Mis saludos.

4:39 AM

8 de junio de 2008

5 de junio de 2008

4 de junio de 2008

Luctuoso episodio

Esto pasó hoy en el subte, y más o menos así fue relatado a través un teléfono celular por un agente de la policía:

Señor comisario, le relato sucintamente los hechos: un individuo fuera de sus cabales, aparentemente discapacitado, supuestamente drogado, estaba realizando su viaje en la formación del subterráneo, tomado del pasamanos, cuando imprevistamente y sin ningún motivo aparente comenzó a amedrentar con palabras ofensivas al resto del pasaje, haciendo especial hincapié en los sujetos femeninos de mediana edad en particular y en las damas en general. Los epítetos iban en aumento, tanto en su cantidad como en su capacidad insultante, por lo que en la estación Facultad de Medicina un sujeto masculino del pasaje dio aviso a un agente de la policía federal, o sea a mí, que en ese momento cumplía con su labor asignada cerca de la ventanilla expendedora. Por ese motivo me apresto a dejar mi lugar de trabajo para ascender a la formación del tren, y al pretender que el susodicho hombre drogado cese con su provocaciones y sus palabras soeces recibo de este energúmeno un fuerte golpe de puño cerrado en la zona de mi quijada. Es entonces que un pasajero de importante tamaño me ayuda en la tarea y logramos reducir al susodicho. No obstante lo cual, cuando estábamos por hacerlo bajar en la siguiente estación, esta persona, de unos treinta años de edad y, repito, fuera de sus cabales, procedió a golpear con el hemisferio central de su cráneo el material de una de las puertas del vagón, produciendo una rotura en dicho material, además de una herida punzo cortante en la piel que recubre su cráneo. Cuando la puerta del vagón se abrió en la estación denominada Catedral, y con la ayuda de un agente que ya había sido avisado por nuestro sistema de telecomunicaciones, pudimos reducir al supuesto malviviente, quien gracias a la providencia fue el único sujeto que salió herido del lamentable episodio. En este mismo momento me dirijo con un testigo del hecho a realizar la correspondiente denuncia a la comisaría. El sujeto que provocó el luctuoso suceso esta siendo derivado por el personal pertinente al establecimiento sanitario más cercano, donde recibirá las curaciones necesarias. Así se sucedieron los hechos, señor comisario.

Clausuraron el Pacha

¿Qué pasó?

¿Qué se puede hacer?

2 de junio de 2008

Papeles viejos (pastillas que encienden el fuego)

10-2

Soy un asador bastante mediocre. Cuando puedo, me ayudo con esas pastillas de no sé qué material que venden en algunos lugares. En el super de Ostende, después de comprar carne, chorizos y bebidas, le pregunto al cajero en voz baja, con un poco de vergüenza:

–¿No tenés esas pastillas que encienden el fuego?

–No, flaco . . . –me dice él con una media sonrisa, tras un par de segundos de silencio, y yo pago y recibo el vuelto con la cabeza gacha, sin saber cómo explicarle que no le pedí pastillas de viagra.

28 de mayo de 2008

Superhéroes (unas líneas blogger)

Una noche con un amigo,
disfrazados de superhéroes,
viajamos a los bosques de Palermo.


El era Batman y yo Linterna Verde,
bajamos del 130, bordeamos un lago
y fuimos testigos espontáneos
de un choque frontal
sin víctimas fatales.

A Batman lo vieron justo
unos movileros de Crónica TV
que volvían de cubrir un evento,
y declaró que sobrevolaba la zona
cuando presenció el accidente.

El notero estaba muy interesado
en la actuación del "joven maravilla",
¿dónde estaba?, ¿qué le había pasado?

Y Batman le dijo a la cámara
que Robin era medio amargo,
y señalando hacia el bosque
que Linterna tenía más aguante,
pero yo ya me había apagado
y camuflado en la copa de un árbol.

23 de mayo de 2008

Lost in Once

Las pruebas irrefutables de que Hurley es argentino y toma el 41 de Munro-Once a las 8:30 todos los días
(gracias Soledad por la primicia y las fotos)



20 de mayo de 2008

Cositas baratas

Hablamos de literatura con una modelo entrevistada. Ella me cuenta que le gusta leer a los clásicos y, cuando el fotógrafo le dice que yo escribo "libros", se pone contenta:

–¡Ay, qué lindo! –dice–: también me encanta leer cositas baratas.

150 monos

Salió el número 3 de la revista digital 150 monos, dirigida por Carolina Berduque, Juan Cruz de Sabato y Santiago Sánchez Santarelli, con pornosonetos de Ramón Paz y un cuento de mi amigo Fernando Vico, entre muchas otras cosas. Desde este sitio se puede descarcar el pdf.

19 de mayo de 2008

La diferencia...

...entre ser hijo y ser padre,

es que cuando sos hijo tenés al tiempo delante

y cuando sos padre el tiempo te corre.

15 de mayo de 2008

Una pavada

Hace una semana guardé cinco billetes de cien pesos dentro de un libro, y a los tres días, cuando fui a buscarlos, no pude recordar en qué libro estaban. Revisé todos los del primer y segundo estante del tercer cuerpo de la biblioteca y no encontré nada. Traté de no desesperarme. Intenté consolarme pensando que, en definitiva, quinientos pesos ya no era tanta plata. Es como si hubiera perdido doscientos hace tres años, me dije, no muy convencido. También pensé que tal vez ya los había gastado sin darme cuenta, que los había sacado de ahí sin pensarlo, que había pagado las expensas y las cuentas y que el vuelto había quedado en algún cajón. Decidí esperar unos días y volver a buscar. Esta mañana me puse a revisar los libros de política e historia del tercer y cuarto estante. Los iba abriendo uno por uno; cada vez con menos esperanza, pasaba las hojas y los iba apilando en el suelo. En la búsqueda aparecieron fotos viejas y folletos publicitarios. En algún momento me prometí que si encontraba la plata lo iba a contar en el blog. El anteúltimo libro del cuarto estante era Infierno en el monte tucumano: la euforia que sentí después de agitarlo, al ver cómo salía volando el atado de billetes, fue tan intensa como fugaz. Enseguida, en vez de sentirme aliviado, pensé en todo el tiempo que había perdido en la búsqueda. Encima, me dije en voz alta, ahora tengo que poner esta pavada en el blog.


Nota al pie: la foto grande es del día de mi primera comunión, circa 1985. Ahí estoy junto a mis compañeritos de tercer grado del Don Bosco de Bahía, disfrazado de monaguillo y simulando rezar.

13 de mayo de 2008

Derecho al autor

Publicado en el Nº 3 de la revista Plural, en la hermosa sección Derecho al autor. Más abajo copio la versión original del texto que escribí. Y en la imagen, el texto retocado según los particulares criterios de algún corrector.

Me llevó casi siete años escribir los relatos de Los estantes vacíos. Al primero de ellos (“Ejército de Salvación”, que paradójicamente es el que cierra el libro) lo compuse en el invierno de 1999. Mi intención era alejarme de la forma del cuento tradicional (introducción-nudo-desenlace), de los finales forzadamente sorpresivos y de las clásicas historias de chico-conoce-chica. Quería trabajar con la cotidianidad pero alejarme del costumbrismo, construir historias realistas pero al mismo tiempo delimitar un universo propio. Escribía con la intención de que los espacios que dejaban vacíos las tramas inconclusas y la indefinición de las relaciones fueran ocupados por el hipotético lector.

Sólo cuando llevaba escritos siete u ocho relatos con el mismo estilo me di cuenta de que tenía entre manos la génesis de un libro de cuentos y no un conjunto de textos dispersos. A partir de entonces esos relatos –y los que fui escribiendo después–, pasaron a formar parte de mi vida: me la pasaba tomando notas, caminaba por la calle tratando de resolver la frase que no me había salido frente a la pantalla, y salía de mi casa con los borradores impresos para seguir pensando en ellos adonde fuera. Sin siquiera imaginar que algún día tendría lectores, fui escribiendo, corrigiendo y dándole forma al libro, de un modo casi obsesivo, hasta sentir que cada palabra había quedado en su justo lugar. La desidia o la apatía que pueden llegar a transmitir los cuentos es producto, entonces, de todo lo contrario. Esto no significa que Los estantes vacíos sea perfecto ni mucho menos, sólo intento aclarar que recién dejé de trabajar en él cuando supe que había alcanzado su límite más alto.

A darle homogeneidad al volumen ayudó el hecho de que algunos personajes fueran saltando de un texto a otro, a veces como protagonistas y otras veces como actores de reparto. El último cuento que escribí –y que le da título al conjunto– comparte situaciones con el primer relato del 99. Al terminarlo sentí que un círculo había empezado a cerrarse, pero sólo cuando el libro salió de la imprenta, a mediados del 2006, sentí que ya estaba construido el universo que había imaginado siete años atrás.

12 de mayo de 2008

La pipa y el ajedrez

Si hubiera que elegir objetos para simbolizar una forma conservadora (por no decir reaccionaria) de entender la literatura, yo votaría, sin dudas, por una pipa y un tablero de ajedrez.


9 de mayo de 2008

7 de mayo de 2008

Literatura y política (cuestionario por mail)

(…) Lo convocamos a raíz de una publicación que esperemos en el futuro pueda ver la luz. Trata sobre una revista- aún sin nombre- en el queen cada número se investigara y debatirá acerca de una idea. En estos momentos estamos preparando un primer número que tratara sobre la disminución deideología política en la literatura argentina actual. Nos gustaría que respondiera nuestras preguntas (…)

1- ¿Cree que las ideas políticas están desapareciendo de la literatura?
2- ¿Los lectores quieren o no que se mezcle la ideología política en la ficción?
3- Beatriz Sarlo ha planteado la necesidad de restituir la densidad ideológica de los desaparecidos, que la guerrilla y la radicalización política no fueron sólo una aventura del sentimiento. ¿En las muchas novelas actuales que desarrollan su acción en la década del 70, las ideas están siendo restituidas o tan sólo muestran aventuras del sentimiento?
4- ¿El vaciamiento de sentido e ideas políticas favorece o perjudica el interés del lector por comprar un libro?
5- ¿Las ideologías de los escritores se extinguieron o no hay quien quiera escucharlas?
6- ¿La sociedad no extraña las ideas políticas de los intelectuales?


1- La actividad literaria es un hecho político, en el sentido amplio del término. Las ideas políticas –más o menos solapadamente– siempre están presentes en la literatura, y el lenguaje, y el contexto en que se lo ejercita, siempre está atravesado por la política. Lo que no significa que todos los textos aborden de forma explícita acontecimientos políticos. Puede ser que la política como tema no esté demasiado presente en los textos literarios de los últimos años, cuestión que no me parece necesariamente negativa.

2- No puedo hablar por los lectores en general. A mí en particular me interesa menos esa posible mezcla entre política y ficción que la calidad del texto, más allá de la temática que aborde.

3- Estoy de acuerdo con lo de Sarlo. Quitarle la carga ideológica a los militantes de los años setenta, y hacerlos protagonistas de un mero relato de aventuras, es banalizar su historia y hacer desaparecer sus ideales. Aunque no creo que el de la literatura sea el campo indicado para llevar a cabo esa restitución. La literatura (la ficción, para ser más claro) sólo sirve para contar historias. Del resto (del abordaje histórico de hechos políticos o sociales) se deben encargar los historiadores, los ensayistas y los dirigentes políticos.

4- El interés del lector me resulta insondable. De todos modos, puedo inferir que el lector (la masa de lectores que consagra best-sellers, si a ella nos estamos refiriendo) no razona demasiado a la hora de comprar un libro: elige por la tapa, por el renombre comercial del autor, o guiándose por las listas de los más vendidos. Su capacidad de elección no va mucho más allá de eso. El mercado y la calidad literaria son totalmente incompatibles.

5- En mi caso, la ideología del autor es lo que menos me interesa. Lo que interesa es la ideología –en el sentido más amplio posible– del texto. Lo que importa es lo que se desprende del texto en sí, independientemente de la figura del autor. Para poner un ejemplo claro: puedo leer una novela de Vargas Llosa, aunque la ideología del autor me resulte detestable.

6- La sociedad ni siquiera se plantea una pregunta semejante.



5 de mayo de 2008

No pongo en el blog todas las notas que hago, sólo las que intuyo que a mí me gustaría leer. En este caso, una entrevista que le hice un par de semanas atrás al gran actor Rafael Ferro y que salió publicada en el último número de Noticias. Clickeando acá se puede leer la versión editada y reducida que salió en la revista, y abajo copio la nota original –mucho más fiel y recomendable–, que escribí con tanto cariño:

A Rafael Ferro lo incomoda dar entrevistas. O al menos eso asegura apenas comenzado el reportaje: "Está bueno tener una charla interesante, pero no me gusta cuando la nota sólo sirve para llenar espacios en las revistas". Esa premisa, la de no ocupar espacios en vano, también parece haber guiado el rumbo de su vida: Ferro fue jugador profesional de squash en Alemania hasta los veinticinco años, y en el apogeo de su carrera, cuando se dio cuenta de que el deporte ya no lo hacía feliz, abandonó todo y volvió a la Argentina para estudiar teatro. "Yo tengo la teoría de que cada tanto hay que reinventarse, romper todo y empezar de nuevo, así me pasó con el squash y en cualquier momento me puede llegar a pasar con esto." Con "esto", Ferro se refiere a la profesión de actor que hoy, a sus cuarenta y dos años, lo encuentra formando parte del elenco de La Lola, la tira emitida por América.

–¿Te aburriste de la actuación?

-No me aburrí de la actuación en sí misma. Disfruto del trabajo pero no del entorno, de la cosa de la exposición. Todo es muy hipócrita, porque parece que a veces sólo importa la fotito. Se dicen muchas pavadas, vos viste lo que es el circo que hay alrededor.

-¿Qué otras cosas te molestan del ambiente?

-Me desagrada la forma en que está medido el triunfo, los parámetros que se usan para medir el éxito. Ahora parece que el triunfo es sólo tener rating y ganar mucha plata. Al que piensa que triunfar es eso yo le diría "retirate y producí una película buena en serio en vez de seguir con los mismos programas". Hay muchos que ya tienen millones y lo podrían hacer tranquilamente (...)