El domingo 21 de septiembre salió el primer número de Atico, un nuevo periódico bahiense. Y ese mismo día, en el suplemento cultural Nexo, Valeria Tentoni publicó una reseña de Los estantes vacíos.
Gracias Valeria, entonces, y larga vida a Atico.
Copio acá abajo las primeras líneas de la reseña:
Ignacio Molina, bahiense de 1976, nos trae en esta, su primera publicación, un compendio de quince cuentos que convergen en una unidad de estilo y prosa notable, en clave realista. Cada relato está atravesado por historias comunes, cotidianas, habitadas por personajes rotulados con nombres propios pero que bien podrían no tener nombre, o tener todos el mismo (...)
(para seguir leyendo)
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8 de octubre de 2008
7 de octubre de 2008
Rep
Clickeando acá se puede leer la versión editada de la entrevista que le hice a Rep hace ya algunos meses y que salió publicada un par de semanas atrás en la revista Noticias.
6 de octubre de 2008
En la placita, el domingo a la mañana, dos nenes extranjeros juegan en las hamacas. Hablan a los gritos en inglés, tienen anteojos de plástico, las frentes pintadas con colores flúo, y camisetas con inscripciones de universidades norteamericanas. Mi hijo se para frente a uno de ellos, le acerca la cara a dos centímetros y se lo queda mirando fijo. Un hombre sentado a una de las mesas empotradas se ríe. “Lo mira como diciendo de qué planeta vienen estos locos”, le dice a su mujer. Sentada al sol la mamá de los nenes habla con una amiga, ora en inglés ora en español. En realidad no puedo darme cuenta de cuál es la mamá y cuál es la amiga. Sea como sea, las dos miran los avisos clasificados, están vestidas como si fuera pleno verano y hablan, según lo que alcanzo a entender, de comprar un pe hache en Colegiales o en Yacarita.
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La televisión del domingo a la tarde se convulsiona con la renuncia de un técnico. Durante su mandato al frente del plantel defeccionó, falló en la elección de los jugadores, el grupo nunca encontró el andamiaje equipista y no pudo demostrar volumen de juego, dice con esa cadencia de los periodistas deportivos un egresado de carrera terciaria, un pibe que no necesita del facebook para que sus compañeros de la secundaria sepan de él
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La televisión del domingo a la tarde se convulsiona con la renuncia de un técnico. Durante su mandato al frente del plantel defeccionó, falló en la elección de los jugadores, el grupo nunca encontró el andamiaje equipista y no pudo demostrar volumen de juego, dice con esa cadencia de los periodistas deportivos un egresado de carrera terciaria, un pibe que no necesita del facebook para que sus compañeros de la secundaria sepan de él
3 de octubre de 2008
Cheba
Además de ser mi cuñado segundo (si es que así se denomina al grado de parentesco que se tiene con el novio de una prima), Cheba Massolo es músico. Entre otros proyectos, toca la guitarra en The Nada, la banda de Kevin Johansen. Y este año editó Coyazz, su primer disco solita, “una mezcla criolla y acústica de guitarras y charangos donde lo primordial del jazz se mezcla con el folklore y los elementos melódicos del tango”. La mayoría de los temas son instrumentales. Ideales para escuchar en cualquier momento del día mientras se hace cualquier cosa. Mi canción (si es que así se puede llamar a una composición que no contiene canto) preferida se llama Colegiales. Ahí arriba puse un videito, y clickeando acá se puede entrar al myspace desde donde se pueden bajar algunos temas.
2 de octubre de 2008
Mientras me hago un café durante un recreo del trabajo, escucho una entrevista a Diego Frenkel en la radio y me acuerdo de algo de quince años atrás.
Con mis hermanos vivíamos en un edificio con pileta. Un sábado al mediodía, uno de esos sábados calurosos de verano en que uno nunca termina de vestirse, mi hermano prende el televisor en un canal de música, y mirando un video de La Portuaria me dice: “me dijeron que este flaco vive de noche, nunca sale de día, se la pasa fumando y chupando y nunca ve la luz del sol, le tiene como fobia al día, vive de noche…”
A la media hora, cuando bajo a la pileta, a la primera persona que veo tomando sol, tendida en una reposera, es a Diego Frenkel. Tiene una malla flúo y toma un licuado en un vaso grande. Yo me quedo paralizado unos segundos. Si hubieran existido los celulares, le habría mandado un mensajito a mi hermano.
Con mis hermanos vivíamos en un edificio con pileta. Un sábado al mediodía, uno de esos sábados calurosos de verano en que uno nunca termina de vestirse, mi hermano prende el televisor en un canal de música, y mirando un video de La Portuaria me dice: “me dijeron que este flaco vive de noche, nunca sale de día, se la pasa fumando y chupando y nunca ve la luz del sol, le tiene como fobia al día, vive de noche…”
A la media hora, cuando bajo a la pileta, a la primera persona que veo tomando sol, tendida en una reposera, es a Diego Frenkel. Tiene una malla flúo y toma un licuado en un vaso grande. Yo me quedo paralizado unos segundos. Si hubieran existido los celulares, le habría mandado un mensajito a mi hermano.
Me gusta mucho el término “tunear”. A mi hijo le regalaron un cuatriciclo, y cada vez que lo usa yo lo vuelvo loco diciéndole: “hay que tunearlo, hijo, pongámosle unos calcos, una bocina, un espejito, hay que tunearlo”. El otro día, en el 39, un pibe viajaba con una guitarra enfundada entre las piernas y hablaba por teléfono muy enojado: “te juro que si no sacás Sargent Pepper´s para el ensayo de mañana, te vas a tocar con Los Grossos”.
Pensá en tu futuro
Pará de boludear / pensá en tu futuro
que el tiempo se te acaba / mil problemas en tu hogar
1 de octubre de 2008
26 de septiembre de 2008
503
El blog se me arrebató.
Le quise tocar algo, no sé qué, y me cambió toda la plantilla.
Desaparecieron, por ejemplo, las quinientas direcciones de blogs amigos que había al costado.
Y quedó bastante feo en general.
La Unidad Funcional debe estar tan cansada como yo.
Este es su post Nº 503.
No sé si llega al 504.
Le quise tocar algo, no sé qué, y me cambió toda la plantilla.
Desaparecieron, por ejemplo, las quinientas direcciones de blogs amigos que había al costado.
Y quedó bastante feo en general.
La Unidad Funcional debe estar tan cansada como yo.
Este es su post Nº 503.
No sé si llega al 504.
25 de septiembre de 2008
23 de septiembre de 2008
Tips para escritores argentinos contemporáneos
Tip Nº 1:
Si a usted le cuesta escribir una novela en serio,
si le resulta imposible sostener una historia durante,
digamos, más de cuarenta páginas,
ya no se haga problemas:
revise su blog y los archivos de su computadora,
junte algunos textos sueltos de acá y de allá,
escriba uno cuentitos autobiográficos,
mezcle y emparche todo eso de alguna manera,
y después, en las entrevistas,
diga que lo que usted hace
son “protonovelas”, “novelas rotas”,
o “novelas atomizadas”.
Si a usted le cuesta escribir una novela en serio,
si le resulta imposible sostener una historia durante,
digamos, más de cuarenta páginas,
ya no se haga problemas:
revise su blog y los archivos de su computadora,
junte algunos textos sueltos de acá y de allá,
escriba uno cuentitos autobiográficos,
mezcle y emparche todo eso de alguna manera,
y después, en las entrevistas,
diga que lo que usted hace
son “protonovelas”, “novelas rotas”,
o “novelas atomizadas”.
22 de septiembre de 2008
18 de septiembre de 2008
El departamento de diseño de Entropía empezó a reacondicionar su homepage. Y la página dedicada a mi libro –gracias al lobby ejercido durante la semana– fue la primera en actualizarse. (Atenti con la foto del autor)
Ramón Ramón que grande sos
Por Ramón Paz
vivir en la novela del presente
respirando los párrafos mentales
junto a mujeres siempre horizontales
quedarse a la deriva casi ausente
y no escribirla nunca respirarla
dejarla que se vaya se disuelva
que decante la risa cuando vuelva
la risa y los amigos y la charla
qué rápido que va se escribe sola
entre goles errados y gambetas
y chicas con el miedo entre las tetas
y porros polvos pornos y porrones
vivamos cada día cada gesto
nos vamos a acordar de todo esto
vivir en la novela del presente
respirando los párrafos mentales
junto a mujeres siempre horizontales
quedarse a la deriva casi ausente
y no escribirla nunca respirarla
dejarla que se vaya se disuelva
que decante la risa cuando vuelva
la risa y los amigos y la charla
qué rápido que va se escribe sola
entre goles errados y gambetas
y chicas con el miedo entre las tetas
y porros polvos pornos y porrones
vivamos cada día cada gesto
nos vamos a acordar de todo esto
17 de septiembre de 2008
Fans del Quinteto...
... compran en Tematika
LOS QUE COMPRARON IGOR DE FEDERICO LEVIN TAMBIEN COMPRARON:
Bituin Bituin Natacha (Trade) Luis Maria Pescetti
El Ahorcado Orson Scott Card
Chat Natacha Chat Luis Maria Pescetti
Querido Diario (Natacha) Luis Maria Pescetti
Buenísimo Natacha! (Trade) Luis Maria Pescetti
Arte Menor Betina Gonzalez
El Comun Olvido Sylvia Molloy
Conductores Suicidas Alejo Garcia Valdearena
El Disco de tu Corazon Miranda
Los Estantes Vacíos Ignacio Molina
LOS QUE COMPRARON NINGUNA PARTE DE RICARDO ROMERO TAMBIEN COMPRARON:
La Conexion Latina Osvaldo Aguirre
Los Indeseables Osvaldo Aguirre
Santería Leonardo A. Oyola
El Doble Berni Elvio Gandolfo - Gabriel Sosa
El Doble Berni Elvio Gandolfo - Gabriel Sosa
Brooklyn Follies Paul Auster
Cosa de Negros Washington Cucurto
Los Estantes Vacíos Ignacio Molina
Guia Polaris Español - Italiano
El Psicoanalista John Katzenbach
LOS QUE COMPRARON IGOR DE FEDERICO LEVIN TAMBIEN COMPRARON:
Bituin Bituin Natacha (Trade) Luis Maria Pescetti
El Ahorcado Orson Scott Card
Chat Natacha Chat Luis Maria Pescetti
Querido Diario (Natacha) Luis Maria Pescetti
Buenísimo Natacha! (Trade) Luis Maria Pescetti
Arte Menor Betina Gonzalez
El Comun Olvido Sylvia Molloy
Conductores Suicidas Alejo Garcia Valdearena
El Disco de tu Corazon Miranda
Los Estantes Vacíos Ignacio Molina
LOS QUE COMPRARON NINGUNA PARTE DE RICARDO ROMERO TAMBIEN COMPRARON:
La Conexion Latina Osvaldo Aguirre
Los Indeseables Osvaldo Aguirre
Santería Leonardo A. Oyola
El Doble Berni Elvio Gandolfo - Gabriel Sosa
El Doble Berni Elvio Gandolfo - Gabriel Sosa
Brooklyn Follies Paul Auster
Cosa de Negros Washington Cucurto
Los Estantes Vacíos Ignacio Molina
Guia Polaris Español - Italiano
El Psicoanalista John Katzenbach
16 de septiembre de 2008
15 de septiembre de 2008
14 de septiembre de 2008
13 de septiembre de 2008
11 de septiembre de 2008
9 de septiembre de 2008
4 de septiembre de 2008
2 de septiembre de 2008
1 de septiembre de 2008
"¿Quién es este flaco"?
29 de agosto de 2008
27 de agosto de 2008
25 de agosto de 2008
Rockman
No hay adónde ir
(el invierno está en todas partes)
y ya no sé por qué hago
estas cosas que hago.
Y ahora veo luces y casas brillantes
veo autos ahí en la ruta
y veo el mar en tus ojos,
y me pregunto qué estoy pensando.
Y ya sabés que nada es verdad,
(el río no crecerá jamás)
Todo a mi alrededor dice que
nunca estuve tan lejos de mí.
(el invierno está en todas partes)
y ya no sé por qué hago
estas cosas que hago.
Y ahora veo luces y casas brillantes
veo autos ahí en la ruta
y veo el mar en tus ojos,
y me pregunto qué estoy pensando.
Y ya sabés que nada es verdad,
(el río no crecerá jamás)
Todo a mi alrededor dice que
nunca estuve tan lejos de mí.
22 de agosto de 2008
21 de agosto de 2008
Muy de noche
Muy de noche
oigo las bocinas de los trenes
a diez cuadras de mi cama
y eso quiero decir
que todo lo demás está en silencio.
Muy de noche
puedo imaginar
la distancia inmóvil
que hay hasta las vías,
las esquinas desiertas,
los árboles sin copas,
los cuerpos desvelados,
sintiendo por momentos
que todo va a quedar así,
oscuro para siempre.
oigo las bocinas de los trenes
a diez cuadras de mi cama
y eso quiero decir
que todo lo demás está en silencio.
Muy de noche
puedo imaginar
la distancia inmóvil
que hay hasta las vías,
las esquinas desiertas,
los árboles sin copas,
los cuerpos desvelados,
sintiendo por momentos
que todo va a quedar así,
oscuro para siempre.
19 de agosto de 2008
17 de agosto de 2008
15 de agosto de 2008
13 de agosto de 2008
Tsunami en miniatura
De un cuaderno del verano pasado:
8 de febrero de 2008
Esta tarde un tsunami en miniatura me hizo rebotar contra el mundo. Una ola gigante me hizo dar una vuelta entera a lo largo y golpearme la cabeza con el suelo. Ahora me cuesta girar el cuello. Después de varios días de calma, el mar estaba más furioso que de costumbre. Yo me había ido nadando solo hasta detrás de la rompiente, luchando contra la fuerza del océano, y sólo cuando un pibe me preguntó a los gritos si el agua tiraba mucho me di cuenta de que estaba muy lejos de la orilla. Para volver traté de no ponerme nervioso ni de cansarme en vano: intenté hacer la plancha y dejar que las corrientes me devolvieran a la playa. Después de hacer pie, y cuando el agua ya me llegaba a la cintura, vi venir a la ola gigante. Me di vuelta y la vi de repente, cuando ya estaba demasiado alta. Me agarra desprevenido, me sorprendí al escucharme decir, y no supe si cerrar los ojos o dejarlos abiertos. Antes de tomar esa decisión, sentí algo que me impulsaba desde abajo, como dos manos gigantes que me agarraban de los tobillos y me tiraban con fuerza hacia adentro. Empecé a dar vueltas dentro de la ola. Sentí el golpe fuerte contra la dureza del suelo, e imaginé cómo se me doblaba todo el cuello. Durante el instante en que pensé que me moría, se me vino a la cabeza la imagen de mi hijo jugando en la playa. A los cinco segundos estaba mareado cerca de la costa, despatarrada sobre la arena y con el traje de baño bajado hasta las rodillas.
8 de febrero de 2008
Esta tarde un tsunami en miniatura me hizo rebotar contra el mundo. Una ola gigante me hizo dar una vuelta entera a lo largo y golpearme la cabeza con el suelo. Ahora me cuesta girar el cuello. Después de varios días de calma, el mar estaba más furioso que de costumbre. Yo me había ido nadando solo hasta detrás de la rompiente, luchando contra la fuerza del océano, y sólo cuando un pibe me preguntó a los gritos si el agua tiraba mucho me di cuenta de que estaba muy lejos de la orilla. Para volver traté de no ponerme nervioso ni de cansarme en vano: intenté hacer la plancha y dejar que las corrientes me devolvieran a la playa. Después de hacer pie, y cuando el agua ya me llegaba a la cintura, vi venir a la ola gigante. Me di vuelta y la vi de repente, cuando ya estaba demasiado alta. Me agarra desprevenido, me sorprendí al escucharme decir, y no supe si cerrar los ojos o dejarlos abiertos. Antes de tomar esa decisión, sentí algo que me impulsaba desde abajo, como dos manos gigantes que me agarraban de los tobillos y me tiraban con fuerza hacia adentro. Empecé a dar vueltas dentro de la ola. Sentí el golpe fuerte contra la dureza del suelo, e imaginé cómo se me doblaba todo el cuello. Durante el instante en que pensé que me moría, se me vino a la cabeza la imagen de mi hijo jugando en la playa. A los cinco segundos estaba mareado cerca de la costa, despatarrada sobre la arena y con el traje de baño bajado hasta las rodillas.
12 de agosto de 2008
Friendly
Anoche les pregunté a los pibes qué les parecía la nueva apariencia del blog.
–Más sobrio, más minimalista, ¿no? –les dije buscando su aprobación.
–Mmm, al contrario. El verde y naranja era más sobrio. Este me parece… no sé … con esa foto del encabezado … medio raro, una onda gay friendly, como de chico sensible que cuenta sus cosas … –me dijo uno que, en contrapartida, me regaló este libro por mi cumpleaños.
–Más sobrio, más minimalista, ¿no? –les dije buscando su aprobación.
–Mmm, al contrario. El verde y naranja era más sobrio. Este me parece… no sé … con esa foto del encabezado … medio raro, una onda gay friendly, como de chico sensible que cuenta sus cosas … –me dijo uno que, en contrapartida, me regaló este libro por mi cumpleaños.
11 de agosto de 2008
Canciones cursis
El sábado a la tarde, caminando por Palermo Soja, saludo a Melina Pitra. Ella al principio me mira con cara rara, pero cuando me desanudo la bufanda del cuello me dice: ¿hoola, cómo te va, no te reconocía? Está comiendo en una mesa de la vereda con Bam Bam. A él lo saludo guiñándole un ojo, para que no crea que soy un cholulo ni que me la quiero levantar. Los dos tienen gorras con visera para que no los reconozcan, deben ser re famosos. Le pregunto si le gustó cómo quedó la nota. Muy buena, me dice, y vuelvo a anudarme la bufanda.
Cinco cuadras más adelante, estoy parado frente a la vidriera de una librería y alguien me llama desde atrás. ¿Me conocés, no?, me pregunta un tipo de cuarenta y pico de años, melena enrulada, mochila al hombro y zapatillas viejas. No, le digo. Bueno, te digo mi nombre, me dice, por ahí con eso sí me conocés: Carlos Rosales. Tampoco, le digo. Ah, por la pinta que tenés pensé que me conocías. El tipo se cree famoso. Me pregunto qué pinta tendré. Mientras él me cuenta que es el líder de la murga del barrio, pienso que si sigue así va a tener que salir a la calle con visera. Abre la mochila e intenta venderme a quince pesos una remera pintada por él. Me cuenta que en la murga son peronistas encubiertos, que apoyan al gobierno popular, y que venden esas remeras para poder autofinanciarse y seguir en la lucha. Después me saluda con un abrazo, me dice que es psicólogo, me pasa una tarjeta con un número de teléfono y me pide que en cualquier momento lo llame.
Entre ese encuentro y el anterior, me subí el cuello de la campera, traté de no mirarme en los reflejos de las vidrieras, intenté no mirar a los ojos a las personas que me cruzaba, pensé en el pasado, en el futuro y en las palabras a usar, caminé por el barrio tarareando canciones cursis de amor.
Cinco cuadras más adelante, estoy parado frente a la vidriera de una librería y alguien me llama desde atrás. ¿Me conocés, no?, me pregunta un tipo de cuarenta y pico de años, melena enrulada, mochila al hombro y zapatillas viejas. No, le digo. Bueno, te digo mi nombre, me dice, por ahí con eso sí me conocés: Carlos Rosales. Tampoco, le digo. Ah, por la pinta que tenés pensé que me conocías. El tipo se cree famoso. Me pregunto qué pinta tendré. Mientras él me cuenta que es el líder de la murga del barrio, pienso que si sigue así va a tener que salir a la calle con visera. Abre la mochila e intenta venderme a quince pesos una remera pintada por él. Me cuenta que en la murga son peronistas encubiertos, que apoyan al gobierno popular, y que venden esas remeras para poder autofinanciarse y seguir en la lucha. Después me saluda con un abrazo, me dice que es psicólogo, me pasa una tarjeta con un número de teléfono y me pide que en cualquier momento lo llame.
Entre ese encuentro y el anterior, me subí el cuello de la campera, traté de no mirarme en los reflejos de las vidrieras, intenté no mirar a los ojos a las personas que me cruzaba, pensé en el pasado, en el futuro y en las palabras a usar, caminé por el barrio tarareando canciones cursis de amor.
8 de agosto de 2008
Un instante de distracción
Por la ventanilla del colectivo, durante un poco más de lo que dura un semáforo en rojo, veo los segundos posteriores a un accidente fatal. En el asfalto, un cuerpo tendido boca abajo sobre un charco de sangre. Dentro del auto, el conductor se cubre la cara con las manos. La mujer que va en el asiento del acompañante lo abraza, le acaricia el pelo, lo trata de calmar. Alrededor, como salidos de la nada, se empiezan a juntar los curiosos. Es algo que pasa siempre cuando hay un accidente: parece que la esquina está desierta, que no hay nadie en ningún lado, pero a los diez segundos del ruido del choque ya se juntaron veinte personas. Salen de los negocios, de los edificios, de debajo de las baldosas. Las viejas interrumpen la siesta o el programa de chimentos y salen al balcón. Aunque es clara la muerte, alguien ya estará intentando llamar a una ambulancia. Supongo que al colectivero le gustaría seguir curioseando, pero ante la luz verde y los bocinazos de los autos de atrás tiene que arrancar. Algunos se levantan de sus asientos para –tomados del pasamanos– poder seguir mirando la escena hasta que el giro en la siguiente esquina se los impida. La última imagen que tengo es la del conductor saliendo del auto para, calculo, acercarse al cadáver. Menos de dos minutos atrás los dos vendrían muy tranquilos pensando en sus cosas: el parabrisas un poco sucio, el laburo atrasado en la oficina, la marca de vino para el asado de la noche, la minita que pasaba por ahí. Ahora, gracias a un instante de distracción, ya nada será igual. El presunto homicida se acerca al cuerpo de la víctima y oye la alarma breve del teléfono que sale de un bolsillo del sobretodo. “no tardes. trae facturas. beso”, podría llegar a decir el mensaje de texto.
7 de agosto de 2008
En forma de cuento
Asunto: te cuento algo re copado
De: maria molina
Para: ignaciomolina22@hotmail.com
hola tio nacho como estas si estas un poco triste o enojado porque fausti te tira de los pelos haora te vas a alegrar un poco.
lo que te voy a contar te lo voy a aser en forma de cuento si de cuento y esto enpieza asi :
era una tarde de invierno en bahia que una nena llamada la tati molina (maria) se le ocurrio sabiendo de que la abuela de un chico llamado mateo (mi primo) y la tia de ese mismo chico llamada ines se ivan a Bs As entonces la llame a mi madre (agus) y le pregunte si podia ir al mismo y ella me contesto que si entonces yo me puse re contenta . al dia siguiente salia para alla , en coche a las 9:00 o 9:30 . y asi termina esta historia verdadera . ( nacho la historia es de verdad mañana salgo para alla ) .
te mando un beso . maria
De: maria molina
Para: ignaciomolina22@hotmail.com
hola tio nacho como estas si estas un poco triste o enojado porque fausti te tira de los pelos haora te vas a alegrar un poco.
lo que te voy a contar te lo voy a aser en forma de cuento si de cuento y esto enpieza asi :
era una tarde de invierno en bahia que una nena llamada la tati molina (maria) se le ocurrio sabiendo de que la abuela de un chico llamado mateo (mi primo) y la tia de ese mismo chico llamada ines se ivan a Bs As entonces la llame a mi madre (agus) y le pregunte si podia ir al mismo y ella me contesto que si entonces yo me puse re contenta . al dia siguiente salia para alla , en coche a las 9:00 o 9:30 . y asi termina esta historia verdadera . ( nacho la historia es de verdad mañana salgo para alla ) .
te mando un beso . maria
6 de agosto de 2008
El futuro no existe
Y sin embargo ahora,
la rama que me mantiene erguido,
atada con un hilo a mi cuerpo,
se llama esperanza.
la rama que me mantiene erguido,
atada con un hilo a mi cuerpo,
se llama esperanza.
En el 2005, cuando cumplí veintinueve, recibí 21 saludos de feliz cumpleaños en el blog; en el 2006, cuando cumplí treinta, 16; en el 2007, cuando cumplí treinta y uno, 13; y ayer, al cumplir treinta y dos, solamente 6.
Los comentadores afectuosos se están yendo a la goma.
Los comentadores afectuosos se están yendo a la goma.
5 de agosto de 2008
4 de agosto de 2008
Acá, en un locutorio de San Telmo, en Defensa a dos cuadras del bajo, hago tiempo hasta las cinco para volver a la editorial. En la máquina de al lado se sienta una mujer enorme. Unos cuarenta años, calculo por el espejo que cubre la pared. Esucha la radio muy fuerte. La música sale de los auriculares como si saliera de un parlante. Por las canciones y las voces de las locutoras: FM Hit o alguna de esas. Mañana cumplo años. 32. El almanaque ya se zarpa. La vida dura medio segundo. Lo tenés ahí, lo querés fijar pero ya se escapó. Todo queda viejo. La mina de al lado le pega al teclado como si lo quisiera romper. Recibo, en el gmail, un anuncio de la suspensión de lo de esta noche. "No hay quorum propio." Cuando lo haya, entonces, voy a ser un año más viejo. Que me regalen volver a nacer, tener todo el tiempo tiempo adelante. Estar en las chinelas de un nene de un año. Tener un padre flaco y alto que se preocupe por mí. Que se canse de bajar a buscar chupetes a la vereda. Que se meta en mi cama a la noche cuando me pongo a llorar. Escribo acá lo que no escribiría en mi casa, como si el estar escondido en este rincón significara también que los lectores son otros. La mina de al lado se levanta. Por unos segundos deja una estela de perfume en el aire. Por la radio llegué a escuchar el parte del clima. La locutora dijo que hacían 12 grados y 93% de humedad. Nada más que 12 grados. No es tanto. Pero a mí se me hace el día más frío del siglo.
"Mujeres de barba candado"
(...)
Apenas vuelvo a Buenos Aires, llamo a mi ex mujer y arreglo para ir a almorzar con mi hijo Alberto. Comemos milanesa a la napolitana con papas fritas. Le digo que no sé si la habrán cocinado en Milan o en Napoli. No me entiende. Salió a la madre. Me quedo callado durante un rato largo. Antes de despedirse, Alberto me dice que le gustaría ser actor, pero serio, no como yo. Le contesto que con una cebolla podés llorar, pero que no hay hortalizas que hagan reír. Me pregunta qué es una hortaliza. Vuelvo a casa decepcionado. Ni bien entro, suena el teléfono. Atiendo por acto reflejo, sin pensar en que podría ser Cristina. Por suerte era Amanda. Me invita a ver esta noche su nuevo tatuaje. Luego de cortar, vuelven a llamar. Ahora no era Amanda ni Cristina, sino Mónica. Dice que mañana tenemos que ir a Tribunales para solicitar la personería jurídica. Me siento a leer el segundo tomo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y me duermo de inmediato. Nunca falla. Al despertar intento escribir un chiste de políticos, pero no logró sacarme de la cabeza el de las mujeres. No logro saber cuál es la falla.
(...)
"Mujeres de barba candado", un cuento de Fernando Vico en el Nº 3 de 150 Monos.
Apenas vuelvo a Buenos Aires, llamo a mi ex mujer y arreglo para ir a almorzar con mi hijo Alberto. Comemos milanesa a la napolitana con papas fritas. Le digo que no sé si la habrán cocinado en Milan o en Napoli. No me entiende. Salió a la madre. Me quedo callado durante un rato largo. Antes de despedirse, Alberto me dice que le gustaría ser actor, pero serio, no como yo. Le contesto que con una cebolla podés llorar, pero que no hay hortalizas que hagan reír. Me pregunta qué es una hortaliza. Vuelvo a casa decepcionado. Ni bien entro, suena el teléfono. Atiendo por acto reflejo, sin pensar en que podría ser Cristina. Por suerte era Amanda. Me invita a ver esta noche su nuevo tatuaje. Luego de cortar, vuelven a llamar. Ahora no era Amanda ni Cristina, sino Mónica. Dice que mañana tenemos que ir a Tribunales para solicitar la personería jurídica. Me siento a leer el segundo tomo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y me duermo de inmediato. Nunca falla. Al despertar intento escribir un chiste de políticos, pero no logró sacarme de la cabeza el de las mujeres. No logro saber cuál es la falla.
(...)
"Mujeres de barba candado", un cuento de Fernando Vico en el Nº 3 de 150 Monos.
3 de agosto de 2008
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