11 de septiembre de 2008

Foto de Magalí Flaks

4 de septiembre de 2008

Diez años después (II)

Invierno de 1998


Invierno de 2008

2 de septiembre de 2008

1 de septiembre de 2008

"¿Quién es este flaco"?

El viernes, después de la emotiva presentación del gran libro de Falucho Bruzzone, Funes dibujó este retrato (especial para Unidad Funcional), con adivinanza retórica incluida.

Dos años

Hace dos años, horas después de que pasara todo esto,
yo entraba en un locutorio para contar esto.

29 de agosto de 2008

Hoy


27 de agosto de 2008

Diez años después

Invierno de 1998


Invierno de 2008

25 de agosto de 2008

Te juro que no pierdo
ni un segundo más
en suplementos de turismo,
en la teoría del iceberg,
ni en analizar las diferencias
entre socialismo ortodoxo
y peronismo de izquierda.
Todo mi tiempo
estará ocupado en intentar
que vos vuelvas a tocarme.

Rockman

No hay adónde ir
(el invierno está en todas partes)
y ya no sé por qué hago
estas cosas que hago.
Y ahora veo luces y casas brillantes
veo autos ahí en la ruta
y veo el mar en tus ojos,
y me pregunto qué estoy pensando.

Y ya sabés que nada es verdad,
(el río no crecerá jamás)
Todo a mi alrededor dice que
nunca estuve tan lejos de mí.

Martes


22 de agosto de 2008

Acorralado por la angustia
por el paso del tiempo
por saber que otras cosas
ya no tienen importancia

Me salva
y me condena a la vez
pensar
todo el día en palabras

21 de agosto de 2008

Muy de noche

Muy de noche
oigo las bocinas de los trenes
a diez cuadras de mi cama
y eso quiero decir
que todo lo demás está en silencio.

Muy de noche
puedo imaginar
la distancia inmóvil
que hay hasta las vías,
las esquinas desiertas,
los árboles sin copas,
los cuerpos desvelados,

sintiendo por momentos
que todo va a quedar así,
oscuro para siempre.

19 de agosto de 2008

En mi casa
palabras como hermoso
eran casi prohibidas.
Ni hablar de cena, gaseosa,
habitación.

Yo en esa época
empecé a tragarme las eses,
y ahora cuelo un hermoso
cada quince o veinte oraciones.
No sé si por rebeldía
ganas de molestar,
o por esa hache tan muda
que me sale pronunciada.

No-Retornable

Salió el nuevo número de No-Retornable, la revista digital editada y dirigida por Sol Echeverría y Marcelo López, con renovado diseño, nota editorial y otro montón de cosas lindas: entrevista a Fogwill, cuentos y relatos, debates sobre el conflicto oligarguía-gobierno popular, poemas de chicas, dossier sobre Bolaño y muchas más. Todo eso, clickeando sobre estas líneas.

17 de agosto de 2008

15 de agosto de 2008

En un mundo ideal
sin explotadores ni explotados
yo podría pasarme
todo el invierno en tu cama.


Pero esto es el barro, corazón,
hay que trabajar todo el día,
darles de comer a unas palomas
y ver cómo se vuelan las demás.

13 de agosto de 2008

Tsunami en miniatura

De un cuaderno del verano pasado:

8 de febrero de 2008

Esta tarde un tsunami en miniatura me hizo rebotar contra el mundo. Una ola gigante me hizo dar una vuelta entera a lo largo y golpearme la cabeza con el suelo. Ahora me cuesta girar el cuello. Después de varios días de calma, el mar estaba más furioso que de costumbre. Yo me había ido nadando solo hasta detrás de la rompiente, luchando contra la fuerza del océano, y sólo cuando un pibe me preguntó a los gritos si el agua tiraba mucho me di cuenta de que estaba muy lejos de la orilla. Para volver traté de no ponerme nervioso ni de cansarme en vano: intenté hacer la plancha y dejar que las corrientes me devolvieran a la playa. Después de hacer pie, y cuando el agua ya me llegaba a la cintura, vi venir a la ola gigante. Me di vuelta y la vi de repente, cuando ya estaba demasiado alta. Me agarra desprevenido, me sorprendí al escucharme decir, y no supe si cerrar los ojos o dejarlos abiertos. Antes de tomar esa decisión, sentí algo que me impulsaba desde abajo, como dos manos gigantes que me agarraban de los tobillos y me tiraban con fuerza hacia adentro. Empecé a dar vueltas dentro de la ola. Sentí el golpe fuerte contra la dureza del suelo, e imaginé cómo se me doblaba todo el cuello. Durante el instante en que pensé que me moría, se me vino a la cabeza la imagen de mi hijo jugando en la playa. A los cinco segundos estaba mareado cerca de la costa, despatarrada sobre la arena y con el traje de baño bajado hasta las rodillas.

12 de agosto de 2008

Friendly

Anoche les pregunté a los pibes qué les parecía la nueva apariencia del blog.

–Más sobrio, más minimalista, ¿no? –les dije buscando su aprobación.

–Mmm, al contrario. El verde y naranja era más sobrio. Este me parece… no sé … con esa foto del encabezado … medio raro, una onda gay friendly, como de chico sensible que cuenta sus cosas … –me dijo uno que, en contrapartida, me regaló este libro por mi cumpleaños.

11 de agosto de 2008

Canciones cursis

El sábado a la tarde, caminando por Palermo Soja, saludo a Melina Pitra. Ella al principio me mira con cara rara, pero cuando me desanudo la bufanda del cuello me dice: ¿hoola, cómo te va, no te reconocía? Está comiendo en una mesa de la vereda con Bam Bam. A él lo saludo guiñándole un ojo, para que no crea que soy un cholulo ni que me la quiero levantar. Los dos tienen gorras con visera para que no los reconozcan, deben ser re famosos. Le pregunto si le gustó cómo quedó la nota. Muy buena, me dice, y vuelvo a anudarme la bufanda.

Cinco cuadras más adelante, estoy parado frente a la vidriera de una librería y alguien me llama desde atrás. ¿Me conocés, no?, me pregunta un tipo de cuarenta y pico de años, melena enrulada, mochila al hombro y zapatillas viejas. No, le digo. Bueno, te digo mi nombre, me dice, por ahí con eso sí me conocés: Carlos Rosales. Tampoco, le digo. Ah, por la pinta que tenés pensé que me conocías. El tipo se cree famoso. Me pregunto qué pinta tendré. Mientras él me cuenta que es el líder de la murga del barrio, pienso que si sigue así va a tener que salir a la calle con visera. Abre la mochila e intenta venderme a quince pesos una remera pintada por él. Me cuenta que en la murga son peronistas encubiertos, que apoyan al gobierno popular, y que venden esas remeras para poder autofinanciarse y seguir en la lucha. Después me saluda con un abrazo, me dice que es psicólogo, me pasa una tarjeta con un número de teléfono y me pide que en cualquier momento lo llame.

Entre ese encuentro y el anterior, me subí el cuello de la campera, traté de no mirarme en los reflejos de las vidrieras, intenté no mirar a los ojos a las personas que me cruzaba, pensé en el pasado, en el futuro y en las palabras a usar, caminé por el barrio tarareando canciones cursis de amor.

Glamour


8 de agosto de 2008

Un instante de distracción

Por la ventanilla del colectivo, durante un poco más de lo que dura un semáforo en rojo, veo los segundos posteriores a un accidente fatal. En el asfalto, un cuerpo tendido boca abajo sobre un charco de sangre. Dentro del auto, el conductor se cubre la cara con las manos. La mujer que va en el asiento del acompañante lo abraza, le acaricia el pelo, lo trata de calmar. Alrededor, como salidos de la nada, se empiezan a juntar los curiosos. Es algo que pasa siempre cuando hay un accidente: parece que la esquina está desierta, que no hay nadie en ningún lado, pero a los diez segundos del ruido del choque ya se juntaron veinte personas. Salen de los negocios, de los edificios, de debajo de las baldosas. Las viejas interrumpen la siesta o el programa de chimentos y salen al balcón. Aunque es clara la muerte, alguien ya estará intentando llamar a una ambulancia. Supongo que al colectivero le gustaría seguir curioseando, pero ante la luz verde y los bocinazos de los autos de atrás tiene que arrancar. Algunos se levantan de sus asientos para –tomados del pasamanos– poder seguir mirando la escena hasta que el giro en la siguiente esquina se los impida. La última imagen que tengo es la del conductor saliendo del auto para, calculo, acercarse al cadáver. Menos de dos minutos atrás los dos vendrían muy tranquilos pensando en sus cosas: el parabrisas un poco sucio, el laburo atrasado en la oficina, la marca de vino para el asado de la noche, la minita que pasaba por ahí. Ahora, gracias a un instante de distracción, ya nada será igual. El presunto homicida se acerca al cuerpo de la víctima y oye la alarma breve del teléfono que sale de un bolsillo del sobretodo. “no tardes. trae facturas. beso”, podría llegar a decir el mensaje de texto.
A esta foto me la sacó Funes, una noche en que hablamos tanto de política que el flequillo me quedó al Cristina-style.

7 de agosto de 2008

En forma de cuento

Asunto: te cuento algo re copado
De: maria molina
Para: ignaciomolina22@hotmail.com

hola tio nacho como estas si estas un poco triste o enojado porque fausti te tira de los pelos haora te vas a alegrar un poco.

lo que te voy a contar te lo voy a aser en forma de cuento si de cuento y esto enpieza asi :

era una tarde de invierno en bahia que una nena llamada la tati molina (maria) se le ocurrio sabiendo de que la abuela de un chico llamado mateo (mi primo) y la tia de ese mismo chico llamada ines se ivan a Bs As entonces la llame a mi madre (agus) y le pregunte si podia ir al mismo y ella me contesto que si entonces yo me puse re contenta . al dia siguiente salia para alla , en coche a las 9:00 o 9:30 . y asi termina esta historia verdadera . ( nacho la historia es de verdad mañana salgo para alla ) .

te mando un beso . maria

6 de agosto de 2008

El futuro no existe

Y sin embargo ahora,
la rama que me mantiene erguido,
atada con un hilo a mi cuerpo,
se llama esperanza.
En el 2005, cuando cumplí veintinueve, recibí 21 saludos de feliz cumpleaños en el blog; en el 2006, cuando cumplí treinta, 16; en el 2007, cuando cumplí treinta y uno, 13; y ayer, al cumplir treinta y dos, solamente 6.

Los comentadores afectuosos se están yendo a la goma.

5 de agosto de 2008

El almanaque se zarpa

Dieciséis en cada pata

4 de agosto de 2008

Acá, en un locutorio de San Telmo, en Defensa a dos cuadras del bajo, hago tiempo hasta las cinco para volver a la editorial. En la máquina de al lado se sienta una mujer enorme. Unos cuarenta años, calculo por el espejo que cubre la pared. Esucha la radio muy fuerte. La música sale de los auriculares como si saliera de un parlante. Por las canciones y las voces de las locutoras: FM Hit o alguna de esas. Mañana cumplo años. 32. El almanaque ya se zarpa. La vida dura medio segundo. Lo tenés ahí, lo querés fijar pero ya se escapó. Todo queda viejo. La mina de al lado le pega al teclado como si lo quisiera romper. Recibo, en el gmail, un anuncio de la suspensión de lo de esta noche. "No hay quorum propio." Cuando lo haya, entonces, voy a ser un año más viejo. Que me regalen volver a nacer, tener todo el tiempo tiempo adelante. Estar en las chinelas de un nene de un año. Tener un padre flaco y alto que se preocupe por mí. Que se canse de bajar a buscar chupetes a la vereda. Que se meta en mi cama a la noche cuando me pongo a llorar. Escribo acá lo que no escribiría en mi casa, como si el estar escondido en este rincón significara también que los lectores son otros. La mina de al lado se levanta. Por unos segundos deja una estela de perfume en el aire. Por la radio llegué a escuchar el parte del clima. La locutora dijo que hacían 12 grados y 93% de humedad. Nada más que 12 grados. No es tanto. Pero a mí se me hace el día más frío del siglo.

"Mujeres de barba candado"

(...)
Apenas vuelvo a Buenos Aires, llamo a mi ex mujer y arreglo para ir a almorzar con mi hijo Alberto. Comemos milanesa a la napolitana con papas fritas. Le digo que no sé si la habrán cocinado en Milan o en Napoli. No me entiende. Salió a la madre. Me quedo callado durante un rato largo. Antes de despedirse, Alberto me dice que le gustaría ser actor, pero serio, no como yo. Le contesto que con una cebolla podés llorar, pero que no hay hortalizas que hagan reír. Me pregunta qué es una hortaliza. Vuelvo a casa decepcionado. Ni bien entro, suena el teléfono. Atiendo por acto reflejo, sin pensar en que podría ser Cristina. Por suerte era Amanda. Me invita a ver esta noche su nuevo tatuaje. Luego de cortar, vuelven a llamar. Ahora no era Amanda ni Cristina, sino Mónica. Dice que mañana tenemos que ir a Tribunales para solicitar la personería jurídica. Me siento a leer el segundo tomo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y me duermo de inmediato. Nunca falla. Al despertar intento escribir un chiste de políticos, pero no logró sacarme de la cabeza el de las mujeres. No logro saber cuál es la falla.
(...)

"Mujeres de barba candado", un cuento de Fernando Vico en el Nº 3 de 150 Monos.

3 de agosto de 2008

Quisiera estar en tus chinelas

29 de julio de 2008

Una lectura, una experiencia

Los estantes vacíos, según Carolina Berduque.

Esta es la historia de una lectura y de una experiencia. De una vivencia de lectura. Entiéndase: no es una reseña. Sólo apuntes de unas cuantas horas vividas con un libro. Como reza el título, se trató en aquel enero de este año de Los estantes vacíos, de Ignacio Molina.

Quizás deba aclarar que conocí a Ignacio en la cresta de la ola de los blogs, hace unos cuantos años y que ya en aquella oportunidad leí unos cuantos de sus relatos. Quizás también deba añadir que me gustaron. Y mucho. Percibí, en aquel momento, agradables resabios de Carver, de Salinger: historias –aparentemente– simples, bien contadas, con las dosis justas de información, sin derroche de recursos. Por eso cuando comencé a leer Los estantes vacíos sabía que iba a disfrutar del libro. Lo que no sabía era que lo iba a vivir. Me explico.

(Para seguir leyendo, clickear acá)

Cuidando la mesa de los argentinos

En la nueva etapa del gobierno popular, el paquete de media docena de salchicas traerá siete salchicas.

28 de julio de 2008

Lágrimas

De chico fui a la psicóloga y a la fonoaudióloga. No sé si habrá alguna relación entre ambas cosas, pero en el recuerdo me cuesta distinguir a las dos mujeres. Las dos tenían el mismo corte y el mismo color de pelo. Señoras de cuarenta y pico de años a mediados de la década del ochenta (que no es lo mismo que señoras de cuarenta y pico hoy, más de veinte años después).

A la psicóloga iba porque me hacía pis en la cama. O al menos eso era lo que yo imaginaba que les respondía a los que me preguntaban. Dudo que en esa época supiera los motivos concretos por los cuales mis papás me mandaban ahí. No es que ahora los tenga muy claros, pero al menos los intuyo. En las sesiones jugábamos bastante. Un día jugamos al voley con una pelota de básquet desinflada y una red de ping pong. Yo tendría ocho años. Ella me contó que de chica jugaba al voley en un club que se llamaba Ipi. Durante mucho tiempo estuve averiguando, casi en silencio, dónde quedaba ese club. Hoy sé que no hay ni hubo ningún club con ese nombre en Bahía. Puede ser, pienso ahora, que mi psicóloga infantil haya vivido su niñez en otra ciudad.

En una sesión hablamos sobre mis miedos con respecto a mi futura operación. Cuando tenía diez años, el 8 de diciembre de 1986, me operaron de un testículo. El problema que tenía se llamaba “testículo ascensor”. Hasta hoy pienso que lo llamaban así porque subía y bajaba todo el tiempo (o, en todo caso, con más frecuencia que lo normal -si es que es normal que suban y bajen), pero no tengo registro en mi memoria de ese supuesto movimiento. Del día de la operación me acuerdo de cómo me fui quedando dormido con la anestesia general, mientras médicos y enfermeras me miraban la entrepierna. Y del post-operatorio recuerdo el dolor que sentí cuando mi papá me despegó una gasa con sangre seca de la punta del pito. Creo que contuve el grito –porque del otro lado de la puerta había unos compañeros de escuela que me habían ido a visitar– pero que con las sábanas me tuve que secar algunas lágrimas.
(...) Todo fue hace tan poco tiempo y a la vez hace tanto, que me mareo. Es como si hubiesen pasado siglos, pero fue ayer nomás (...)

25 de julio de 2008

La fábrica de soda cerró hace años

Por cada cosa que se elige hay millones que se desperdician. Un día escuché esa frase al pasar frente a la vidriera de un negocio de artículos de pesca. Otro día, con la frente arrugada, como dándole importancia a mis palabras, le pregunté a un entrevistado si era tímido o vergonzoso. Por suerte él nunca me preguntó cuál era la diferencia entre esos dos términos.

24 de julio de 2008

76

Estoy leyendo 76, el libro de cuentos de Félix Bruzzone editado por Tamarisco.


22 de julio de 2008

El cazador oculto

Una vez, cuando todavía no tenía ni un libro elegido por mí en mi cuarto, fui a la casa de mis tíos, me paré frente a la biblioteca y les pregunté qué me recomendaban. No quiero exagerar, pero es probable que si esa tarde no hubiera vuelto a mi casa con un ejemplar de El cazador oculto, de J.D. Salinger, en un bolsillo de la campera, el rumbo de mi vida habría sido otro.

A párrafos como el que abre el capítulo 17, y copio acá abajo, llegué a sabérmelos casi de memoria. Ahora hace muchos años que no lo releo, y no sé cómo me impactaría si lo volviera hacer. A los que todavía no tuvieron el gusto de leerlo, les paso en este link un pdf (nunca encontré una buena traducción de este libro, espero que esta sea una excepción).


Era todavía muy pronto cuando llegué, así que decidí sentarme debajo del reloj en uno de aquellos sillones de cuero que había en el vestíbulo. En muchos colegios estaban ya de vacaciones y había como un millón de chicas esperando a su pareja: chicas con las piernas cruzadas, chicas con las piernas sin cruzar, chicas con piernas preciosas, chicas con piernas horrorosas, chicas que parecían estupendas, y chicas qu debían ser unas brujas si de verdad se las llegaba a conocer bien. Era un lindo panorama, pero no sé si me entenderán lo que quiero decir. Aunque por otra parte era también bastante deprimente porque uno no podía dejar de preguntarse qué sería de todas ellas. Me refiero a cuando salieran del colegio y la universidad. La mayoría se casarían
con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de nafta, tipos que se enojan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping–pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos... Pero con eso de los aburridos hay que tener mucho cuidado. Es mucho más complejo de lo que parece. De verdad. Cuando estaba en Elkton Hills tuve durante dos meses como compañero de cuarto a un chico que se llamaba Harris Macklin. Era muy inteligente, pero también el tipo más plomo que he conocido en mi vida. Tenía una voz chillona y se pasaba el día hablando. No paraba, y lo peor era que nunca decía nada que pudiera interesarle a alguien. Sólo sabía hacer una cosa. Silbaba estupendamente. Mientras hacía la cama o colgaba sus cosas en el armario –cosa que hacía continuamente–, si no hablaba como una máquina, siempre se ponía a silbar. A veces le daba por lo clásico, pero por lo general era algo de jazz. Elegía una canción como por ejemplo Tin Roof Blues y la silbaba tan bien y tan suavecito –mientras colgaba sus cosas en el armario–, que daba gusto oírlo. Naturalmente nunca se lo dije. Uno no se acerca a un tipo de sopetón para decirle, «silbás estupendamente». Pero si lo aguanté como compañero de cuarto durante dos meses fue porque silbaba tan bien, mejor que ninguna otra persona que haya conocido jamás. Así que hay que tener un poco de cuidado con eso. Quizá no haya que tener tanta lástima a las chicas que se casan con tipos aburridos. Por lo general no hacen daño a nadie y puede que hasta silben estupendamente. Quién sabe. Yo desde luego no.

(…)

18 de julio de 2008

Oyola, premio Dashiell Hammet de novela negra

En la mañana española de hoy, a mi amigo Leo Oyola le anunciaron que es el ganador del premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón.

(me lo acaba de avisar Funes, y así lo lo informó El Mundo, de España)

Nunca tan merecido.
Felicitaciones, Tigre.

17 de julio de 2008

Yo me pregunto...

¿Qué habría pasado si la cosa hubiese sido al revés: si el que tenía que definir la votación era parte de la dirigencia del campo pero terminaba votando a favor del gobierno? ¿De cuántos millones en coimas estaría hablando la oposición? No quiero decir con esto que no exista la posibilidad de que el gobierno haya coimeado a alguien de alguna manera. Ni que Cobos haya sido coimeado. Sólo me pregunto por qué por ciertas mentes supuestamente impolutas, y por ende totalmente objetivas, puede rondar esa duda en algunos casos y no en otros.

¿Por qué el vicepresidente no habló en ningún momento sobre la ley en debate? ¿Por qué centró su discurso en sus miedos y en sus angustias personales? ¿Lo importante eran sus miedos, o lo importante era la ley que tenía que avalar o rechazar? Esta mañana dijo algo así como que no había que dramatizar, que esta era una ley más, que no significaba ninguna bisagra. Si esto era tan así, ¿por qué al tratar de justificarse y de convencerse temblaba como una hoja? ¿Por qué, si la ley no era tan crucial, dijo que se trataba del día más difícil de su vida?

¿Por qué, si sólo mediaron unas pocas horas no hábiles entre la noticia narrada y la entrada a la imprenta de la misma, el mayor diario argentino titula su edición de hoy con un agorero “crisis política”? ¿Hubo tiempo de que ocurriera alguna crisis política en esas pocas horas? ¿O se tratará sólo de una expresión de deseos?

¿Qué es lo que festejan las clases medias y altas republicanas, la derecha oligarca, la Coalición Cívica Libertadora, el progresismo blanco y gorila, la Unión Cívica Socialita, los trotskystas de derecha, la prensa amarilla y mercenaria, los piquetruchos abrazados a los discípulos de Martínez de Hoz? ¿Una posible reforma agraria, el advenimiento de una revolución, la posibilidad del lomo a ochenta pesos, el fin de la grasada y de los chorros en el gobierno? Cada cual tendrá sus motivos. Por lo pronto, lo que tal vez puedan empezar a festejar algunos son cosas más concretas: el aborto de una tímida vuelta del intervencionismo estatal, el aliento al cultivo de soja en detrimento de la ganadería y la lechería, el cross a la mandíbula a una tibia perspectiva de políticas progresistas.

Chiste triste

Dicen que el grupo de cumbia favorito del ¿todavía? vicepresidente, no sería Los Leales.

16 de julio de 2008

16/7

Querido blog:

Anoche, resfriado, y con un rollo de papel higiénico en la mesa de luz para sonarme la nariz cada diez minutos, estuve desvelado hasta las cinco de la mañana. Como hago siempre que no puedo dormir, traté de pensar en lugares tranquilos a esa hora de la noche. Por ejemplo: la cancha de básquet, vacía y oscura, de Napostá de Bahía; la cima de la sierra de la Ventana; una esquina desierta de La Paternal…

Cuando conseguí dormirme, soñé que era diputado de la Nación. Alguien lograba echar "por traidor" a Felipe Solá, y yo, a través de un sorteo que se hacía "entre todos los ciudadanos mayores de treinta años y con más un metro ochenta y dos de estatura", entraba en su lugar. A las primeras dos jornadas laborales iba con zapatillas y remera, pero a la tercera me ponía camisa y botitas de gamuza. Recién ahí se me acercaba alguien a hablarme. Cuando me preguntaban de qué bloque era, yo no sabía qué decir. Esperaba que alguien viniera a convencerme de que era de su bloque. Al cuarto día, uno de los porteros del Congreso me contaba que yo cobraría 3500 pesos en efectivo y 800 pesos en tickets restaurante.

Esta mañana, entre otras cosas, trabajé escuchando la radio, terminé de leer un relato de Carson Mcullers, le cambié dos veces los pañales a mi hijo y caminé hasta el supermercado. De las góndolas de la carnicería salía un aire tan frío que me volvió a dar un ataque de estornudos. La cara de la cajera me sonó conocida, pero ella no me miró de ninguna manera especial. En otra época de mi vida hubiera sentido la necesidad de hablarle. En otra época de mi vida todas las cosas me resultaban extrañas.

15 de julio de 2008

Dialoguito

–Yo lo agarro del brazo y vos le tapás la boca así.
–Dale…


14 de julio de 2008

Siguiendo la luna

Vuelven los Cadillacs, uno de los grupos de música popular más importantes de la historia argentina. Ya tocaron gratis en el Planetario, y se sabe que van a grabar dos discos, con canciones nuevas y reversiones, y a hacer una gira por Latinoamérica que va a terminar en diciembre en la cancha de River. No se puede pretender que vuelvan a tocar con la actitud punk que tenían hace quince años, ni que Vicentico vuelva a romper guitarras contra el escenario o a tirarse de cabeza al medio de un pogo. No es lo mismo tener cuarenta y cinco años que veintinueve. Pero sí se puede esperar que no suenen demasiado pop latino o que, al menos durante los conciertos, no se note demasiado el negocio. Acá abajo (gentileza de lfcrarezas) una hermosa canción tocada por algunos de ellos durante una celebración íntima.

13 de julio de 2008

11 de julio de 2008

10 de julio de 2008

Enigmas del autogoogleo

En la sección "libros favoritos" de su página web, esta chica mexicana (que dice gustar de "las flores de Liz, la mota, el alcohol y el sexo") enumera:

-Aprender a mirar, de Robyn Quin
-No se admiten personas perfectas, de John Burke
y
-Palabras de Pedro Mairal acerca de Los estantes vacíos, de Ignacio Molina (¿?)

8 de julio de 2008

Tren

Esta mañana salí de mi casa para ir a tomar el tren, pero, supongo que demasiado sumergido en algún pensamiento, al llegar a la altura de la estación seguí de largo unos cincuenta metros, me metí en la boca del subte y caminé hasta la ventanilla.

-Uno de ochenta –dije, y recién cuando noté que el vendedor de boletos me miraba desconcertado salí de mi distracción.
-Perdón –le dije con la mano, y con la cabeza gacha y un poco de vergüenza volví sobre mis pasos.

*

Todo pasó en menos de quince segundos:

Una mujer subió al tren con un cochecito de bebé y una nena de primaria con mochila rosa y guardapolvo. La mujer, muy apurada, enseguida se cambió de vagón, y su hija mayor, que había empezado a caminar hacia el otro lado, giró la cabeza y se dio cuenta de que estaba sola. Repitiendo “mamá” y mirando hacia todas las direcciones, la nena salió al andén y se quedó ahí parada, quietita y llorando. Y entonces yo, que había seguido los movimientos de su madre, alcancé a decirle que se calmara y a arrastrarla de un brazo hacia el interior del tren antes de que se cerraran las puertas. Su mochila con rueditas quedó del otro lado, pero, hábil de reflejos, un diariero que había visto toda la escena se la alcanzó a otro tipo por una de las ventanillas abiertas.

Aunque mi intención no había sido la de ser protagonista, no pude evitar que la mayoría de las miradas se centrase en mí, y hasta el guarda, que venía caminando por el pasillo, se acercó a hablarme con el mismo tono con el que pedía boletos.
-Te das cuenta, cualquiera puede ser madre, flaco –teorizó, y con un gesto que supuse cómplice me preguntó retóricamente: -¿Dónde estaba la boluda? ¿Rascándose la argolla?

6 de julio de 2008

Este es el cuento de Federico Levín que leí el viernes a la noche en una esquina del Abasto.

4 de julio de 2008

1994

(Gracias Alex)

1 de julio de 2008

En el río


Entrevista con Pablo Trapero (II)

Primera parte, acá.

Segunda parte:

...Mi paternidad fue el punto de partida de la película. Desde que fui papá me cambió la perspectiva de muchas cosas. A mí me sonaba que eso era como un chamuyo que decían los grandes, pero me di cuenta de que tenían razón. Me impresionó mucho todo lo que fui viviendo en la intimidad con ese vínculo. Yo tenía la fantasía de que ser padre te achanchaba, pero para mí fue todo lo contrario: te da vitalidad, te cambian las prioridades, tus necesidades se modifican. Y la película tuvo mucho que ver con eso...

...Porque antes de ser una película sobre la cárcel, Leonera es una película sobre la maternidad. Su origen fue querer contar una historia sobre el vínculo increíble que se genera entre una mamá y su chiquito, sobre todo en el embarazo y el período de lactancia. Los papás, por más amor que tengan por su hijo y su mujer, están medio como testigos de esa relación: vas y ves en qué podés ayudar, pero hay una cosa simbiótica entre la mamá y el chico que es media milagrosa...

...Ni hablar del momento del parto: yo presencié el parto y fue una cosa que no me olvido en mi vida. Una cosa entre animal, un poco chancha, un poco tierna . . . Entonces yo tenía ganas de contar eso, y también cómo se modifica una mujer, cómo toda su humanidad se transforma tan rápidamente, y cómo se da ese torbellino de emociones, a medio camino entre lo instintivo y lo intelectual, lo sensorial, todo medio mezclado...

...O sea que es una película sobre la relación entre Julia y Tomás, sobre los chicos y sobre la responsabilidad de los adultos sobre los chicos también. Porque en la película es más fácil ver cómo afecta una decisión o cómo afectan en la realidad los adultos a los chiquitos, pero nosotros somos responsables de los chicos todo el tiempo, desde la elección de dónde lo mandás a la escuela, cómo los alimentás, en qué universo lo acompañas. Cada una de las decisiones que uno va tomando en el día a día va a afectar la vida de tu hijo o de otro chico, y la película también habla de eso desde otro lugar: el poder atroz que uno tiene sobre los niños, y cómo inconscientemente uno puede afectar muchas cosas sin tomar conciencia del nivel de invasión que hay sobre el chico...

...Y esta disyuntiva que pasa en la película, qué es mejor, estar libre pero sin su mamá, o estar con su mamá pero preso, en muchísimas cosas menos estridentes se dan todos los días. No por nada los psicólogos se la pasan hablando de cómo nos afectan nuestros primeros años de vida, y de cómo sobrevive uno a ese período de formación. Y todo eso se ve en el universo de la peli, representado en la historia de Julia y Tomás...

*
...Siento que para mucha gente la película va a provocar muchas de estas preguntas, dudas, pensamientos, más allá de los casos puntuales. Como aplicar eso para la vida cotidiana, todas esas cositas silenciosas del día a día en la película están expresadas de una manera extrema. Creo que lo que permite la imagen es materializar un montón de pequeñas cositas como las estamos hablando, sin que se las denuncie directamente...

...Durante estos primeros años de vida de Mateo, estaba muy alucinado y tenía ganas de contar historias que tuvieran que ver con eso. En su momento fue Nacido y criado, que era más sobre la paternidad, y en Leonera es sobre el universo femenino alrededor de la maternidad. Tenía ganas de entrar al mundo femenino, donde el universo fueran las mujeres y donde los hombres sean menos protagónicos...

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...Martina es actriz desde muy chiquita. A los 17 tuvo el privilegio de ser alumna de Gandolfo, un gran maestro, y cuando nos conocimos ella ya trabajaba en producción y estaba alejada de la actuación. Nos conocimos trabajando, y desde entonces yo le pedí que volviera a actuar, que hiciéramos una experiencia juntos. Hicimos Nacido y criado, donde nos habíamos cagado de frío a no sé cuántos kilómetros de Buenos Aires, y después le propuse que hiciéramos la próxima película juntos, con ella como protagonista, una película chiquita, con dos o tres personajes, que pasara en un departamento. Y Martina empezó a escribir la historia de Ramiro, Nahuel y Julia, de este vínculo complicado entre los personajes, que terminaba con un crimen. Me la mostró y le dije “buenísimo, pero vamos a hacerla de ahí para adelante”. Entonces ella estuvo involucrada desde muy temprano en el desarrollo de Julia, mientras yo trabajaba con el guión. Y las dos cosas nos fueron enriqueciendo desde muy temprano...

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...Lo que pasa que nosotros nos conocimos así, nuestra vida es así desde el principio. En nuestro caso fue mucho más intensa, porque además de que Martina es actriz y productora ejecutiva, yo soy director y productor, entonces las jornadas de laburo era medio matadoras. Cuesta a veces encontrar el límite y decir “bueno, listo, llegamos a casa, hablemos del clima, de cualquier cosa”. Pero yo disfruté mucho la verdad, y Martina, a pesar de tener un personaje muy difícil, también lo disfruto. Creo que eso se ve en la película. Si no hubiera existido esa química, la película no hubiera salido bien...

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...Si vos perdés mucho tiempo escuchando lo que dicen, te distraes. Las críticas, tanto cuando son a favor como cuando son en contra, son opiniones. Como director me expongo a que la gente opine si la peli le parece una obra maestra o le parece una bosta. Pero es parte del aprendizaje de un director entender ese diálogo que la película tiene con la gente que la ve y que eso no afecte tu camino. Me halaga que todo el mundo diga que soy bueno como director, no te voy a decir que no, pero trato de mantener cierta distancia con eso para poder seguir haciendo cosas. Por suerte las críticas son buenas, y eso da un poquito de seguridad y eso ayuda con los productores y los distribuidores para seguir proyectando otras cosas...

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...Yo entiendo que una película es un hecho de comunicación, y que tiene que haber alguien que escuche y que quiera participar de esa idea. No me gusta pensar una película como un producto que la gente va a tener que ir a ver, pero sí me gusta ir y meterme en una sala y sentir la reacción del público. Además quiero que se vea porque es un tema que me importa que se hable. Me gusta que las películas vayan teniendo su camino independiente, y para eso es necesario que haya gente que las vea...

...Si un tipo hace arte, uno puede pensar que es por el hecho espontáneo de evacuar una necesidad de expresión. Pero yo creo que también el arte es una herramienta de comunicación, y que alguien tiene que ver esas películas, leer esos libros o escuchar esa música, para que se complete. Uno puede decir “no me interesa que la vean un millón de personas”, pero algún público tiene que haber para poder tener un feedback. Creo que el arte tiene una función en la sociedad, y me gusta ejercer esa función. No sólo entretener o expresarse, sino también formar parte de un movimiento de comunicación, de decir las cosas que no te gustan, proponer cosas para que las cosas sean diferente. Creo en eso...