22 de julio de 2008

El cazador oculto

Una vez, cuando todavía no tenía ni un libro elegido por mí en mi cuarto, fui a la casa de mis tíos, me paré frente a la biblioteca y les pregunté qué me recomendaban. No quiero exagerar, pero es probable que si esa tarde no hubiera vuelto a mi casa con un ejemplar de El cazador oculto, de J.D. Salinger, en un bolsillo de la campera, el rumbo de mi vida habría sido otro.

A párrafos como el que abre el capítulo 17, y copio acá abajo, llegué a sabérmelos casi de memoria. Ahora hace muchos años que no lo releo, y no sé cómo me impactaría si lo volviera hacer. A los que todavía no tuvieron el gusto de leerlo, les paso en este link un pdf (nunca encontré una buena traducción de este libro, espero que esta sea una excepción).


Era todavía muy pronto cuando llegué, así que decidí sentarme debajo del reloj en uno de aquellos sillones de cuero que había en el vestíbulo. En muchos colegios estaban ya de vacaciones y había como un millón de chicas esperando a su pareja: chicas con las piernas cruzadas, chicas con las piernas sin cruzar, chicas con piernas preciosas, chicas con piernas horrorosas, chicas que parecían estupendas, y chicas qu debían ser unas brujas si de verdad se las llegaba a conocer bien. Era un lindo panorama, pero no sé si me entenderán lo que quiero decir. Aunque por otra parte era también bastante deprimente porque uno no podía dejar de preguntarse qué sería de todas ellas. Me refiero a cuando salieran del colegio y la universidad. La mayoría se casarían
con cretinos, tipos de esos que se pasan el día hablando de cuántos kilómetros pueden sacarle a un litro de nafta, tipos que se enojan como niños cuando pierden al golf o a algún juego tan estúpido como el ping–pong, tipos mala gente de verdad, tipos que en su vida han leído un libro, tipos aburridos... Pero con eso de los aburridos hay que tener mucho cuidado. Es mucho más complejo de lo que parece. De verdad. Cuando estaba en Elkton Hills tuve durante dos meses como compañero de cuarto a un chico que se llamaba Harris Macklin. Era muy inteligente, pero también el tipo más plomo que he conocido en mi vida. Tenía una voz chillona y se pasaba el día hablando. No paraba, y lo peor era que nunca decía nada que pudiera interesarle a alguien. Sólo sabía hacer una cosa. Silbaba estupendamente. Mientras hacía la cama o colgaba sus cosas en el armario –cosa que hacía continuamente–, si no hablaba como una máquina, siempre se ponía a silbar. A veces le daba por lo clásico, pero por lo general era algo de jazz. Elegía una canción como por ejemplo Tin Roof Blues y la silbaba tan bien y tan suavecito –mientras colgaba sus cosas en el armario–, que daba gusto oírlo. Naturalmente nunca se lo dije. Uno no se acerca a un tipo de sopetón para decirle, «silbás estupendamente». Pero si lo aguanté como compañero de cuarto durante dos meses fue porque silbaba tan bien, mejor que ninguna otra persona que haya conocido jamás. Así que hay que tener un poco de cuidado con eso. Quizá no haya que tener tanta lástima a las chicas que se casan con tipos aburridos. Por lo general no hacen daño a nadie y puede que hasta silben estupendamente. Quién sabe. Yo desde luego no.

(…)

7 comentarios:

mariano dijo...

en nuestros corazones siempre estará holden caulfield. aunque el asesino de lennon lo llevara en el bolsillo, ese libro siempre nos va a acompañar. "si quieren que les cuente ese quilombo de mi vida..."

Anónimo dijo...

Puedo decir que lo lei, pero no lo recuerdo. Años despues supe que en la adolescencia habia leido un "gran libro", pero me lo habia tragado como tantos otros, sin detenerme a pensar mucho. El resultado es el mismo que para la mayoria de los libros que lei en auqle tiempo: no me acuerdo un carajo. Sin embargo de este guardo un recuerdo. La intensa relacion del personaje principal con su hermana. Un arelacion que no se si podria definir hoy. Srea cuestion de volver a leerlo.

Sybil Carpenter dijo...

Todo Salinger me cambió la vida. El cazador oculto fue también el primer libro de él que leí. Hubo otros, que en la adolescencia causaron en mi impactos similares: uno es Más que humano, de Theodor Sturgeon. Siempre quiero escribir algo sobre esto.

simalme dijo...

Lo leí adolescente y también me marcó. Se lo regalo a los chicos con los que trabajo.

Agustina dijo...

Lo releí hace poco y el gusto fue aún mayor. Algo así como: ahhh, esto es un buen escritor.

Yaolli Naul dijo...

este será uno de los libros que leeré, cuando termine en los que ando.

gracias¡¡¡

Lola dijo...

Yo lo leí hace poco, sólo que en España se publica con el título de "El guardián ente el centeno". La verdad es que no terminé de leerlo porque alguien a quien no le había gustado nada me dijo que si estaba esperando que ocurriera algo, podía dejarlo, porque no tenía un desenlace final.
De cualquier forma yo no lo recomendaría como lectura para adolescentes, me pareció que el protagonista era un chico bastante desequilibrado, pero no como consecuencia de la edad, sino por su personalidad. Tampoco me gustó el que pintara un chico muy inteligente y al mismo tiempo le asignara un lenguaje lleno de coletillas y repeticiones...no sé no me encajaba.
Un saludo. Lola