13 de noviembre de 2008

"La mirada de los otros"

Me gustaba vivir en Bahía Blanca. Cada vez que volvía de pasar las vacaciones de invierno en Buenos Aires o algún fin de semana en Sierra de la Ventana, me alegraba de que fuera ése y no otro el lugar en el que me había tocado nacer. Tengo una imagen grabada: al atardecer de un domingo de octubre, a fines de los ochenta, entramos con mi familia a la avenida Alem por la ruta 3. El aire está templado, las calles laterales están desiertas, sol empieza a caer. En un semáforo rojo, a la altura del Parque de Mayo, miro al tipo que viaja en el auto de al lado: un hombre solo, mordiendo una manzana, al volante de un Citroen despintado. Muchas veces, cuando pienso en Bahía, recuerdo esa sensación de placidez, esa tranquilidad casi somnífera que hace suponer que, de un momento a otro, cualquier cosa puede pasar.

Viví en Bahía hasta meses después de cumplir mis quince años; por lo tanto, la mirada que tengo sobre la ciudad está indisolublemente ligada a la mirada que tengo sobre mi infancia y los primeros años de mi adolescencia. Ese vínculo es fáctico pero también casual: creo que, al igual que yo durante mi niñez y mi pubertad, Bahía es una ciudad que sufre de timidez. Está mirada (personal, subjetiva y, desde ya, totalmente refutable) no implica ninguna valoración negativa. Bahía me sigue encantando cada vez que la visito y noto que, como todo tímido, esconde un enorme potencial inexplorado.

Me resulta difícil escribir sobre un lugar del que me fui hace casi diecisiete años. Me cuesta darme cuenta de cómo transitó la ciudad los nefastos cambios culturales producidos en el país a partir de los primeros años de la década pasada. La Bahía Blanca que yo viví más o menos conscientemente es la de los ochenta y los primeros noventa. Una ciudad que, para mí, se alternaba entre el pretendido linaje del club Palihue y el humilde decoro del club Napostá.

¿Entonces cómo puedo afirmar, pese a la distancia, que Bahía es una ciudad tímida? Hay un caso concreto que puede servir de ejemplo. Bahía es la ciudad que posee la mayor cantidad de jugadores de básquet por habitante de América Latina y de la que salieron las mejores figuras de ese deporte en la historia del país. Sin embargo, en los casi veinticinco años que lleva jugándose la Liga Nacional, no hubo ni un equipo bahiense campeón. Si esto no es una clara muestra de timidez es, por lo menos, la comprobación de que Bahía Blanca es un ente al que le cuesta relacionarse con los demás y que vive replegándose sobre sí mismo, con todo lo bueno y lo malo que eso implica.

(Publicado en la sección "La mirada de los otros" del n°2 de la revista literaria bahiense Esto no es una revista literaria)

6 comentarios:

marina k dijo...

me gustó mucho!

diego dijo...

Leo esto y pienso en cómo hubieran sido los estantes vacios si no te hubieras mudado

mariano cisneros dijo...

Hola Molina! Vivi en Bahia del 83 al 87, entre mis 7 y mis 11. Siempre odie bahia blanca, pero este post me revivio algunas cosas buenas olvidadas. saludos. Mariano

AEZ dijo...

Nunca se me había ocurrido ver a Bahía como "tímida". Y mucho menos pensar que por esa timidez nunca hubo acá un equipo campeón de Liga: siempre dije que era por una cuestión económica, porque cualquiera con plata sale campeón en una Liga como la nuestra -y en un deporte como el básquetbol.

En fin. Mientras me sigue dando vueltas el concepto, pregunto: ¿qué otra ciudad del mundo tiene mejor relación basquetbolistas-por-habitante? Y: ¿qué otra ciudad del mundo con 300.000 habitantes metió tres basquetbolistas campeones olímpicos en un mismo Juego?

Y pasado de bahiensidad, me retiro tímidamente.

Abrazo.

Molina dijo...

gracias Marina y Mariano.

Diego: cómo decís que habría sido?

Abel: yo tampoco la había visto nunca como tímida. Pero bueno, a uno le piden que escriba algo y... algo tiene que escribir. Ja. No, hablando en serio, cuando escribí esto se me ocurrió eso. Si lo hubiera escrito otro día, tal vez se me ocurría otra cosa.
Sí me interesa que haya quedado clara que Bahía me encanta y la banco a muerte.
Y con respecto a la Liga. También sé que es una cuestión económica. Pero entonces me cuestiono eso: cómo puede ser que siendo una ciudad grande (en comparación con otras que anduvieron bien en la Liga) y con empresas importantes, como las del polo petroquímico, que podrían apoyar, nunca tuvimos un equipo campeón, y sólo dos subcampeones. Por qué ciudades como Venado Tuerto, Sunchales o San Luis sí, y nosotros no. Ahí tiene que haber algo que va más allá de una cuestión económica. Es llamativo que ningún equipo haya logrado el apoyo necesario como para armar un equipo que los pase por encima a todos.
Ver que que Espil vuelve a Argentina para jugar en Boca y no en Estudiantes, por ejemplo, no me terminan de entrar en la cabeza.
Y a lo que me refería en el post es que a nosotros (notese el "nosotros") nos interesa más lo doméstico, las cosas locales, que salir a relacionarnos con los demás (el torneo local tiene muchos seguidores, pero, al mismo tiempo, un equipo profesional de Liga se tuvo que ir a jugar a Monte Hermoso). En eso veo algo como de timidez, de replegarse sobre sí mismo.
Ah, no sé, supongo que alguna ciudad de EEUU nos gana en relación basquetbolista-por-habitante. Pero bueno, saquemos el "latina américa" si querés y pongamos "el mundo". Total, quién nos va a venir a decir algo...
Abrazo

diego dijo...

No sé como habría sido, porque los estantes vacíos me parece porteñísimo, no me lo imagino a partir de otra ciudad. Pero al mismo tiempo supongo que a cierta edad a vos te vino la urgencia de escribir un libro (no sé si urgencia es la palabra, pero "se te salió un libro por los dedos", como dice un amigo) con lo cual pienso en eso, que habría pasado. Uh, llegué a la misma pregunta que antes...