6 de julio de 2005

Ranuras inexploradas

El domingo jugué al básquet. Si bien mis números en la ofensiva fueron bastante decorosos (12 puntos, incluidos dos triples y un gancho "cielo" desde fuera de la pintura), la derrota de mi equipo, el bajo rendimiento defensivo y los pocos rebotes tomados no me permitieron convertirme en el MVP de la jornada.
Si tuviera que hacer una analogía entre el básquet y la escritura, diría que, así como cada jugada debe tener su timing y su coordinación, cada frase debe tener su música. En ambos casos, la táctica y la estrategia deben ser el sustento para la creatividad. Tanto en el parquet o en las baldosas como en el papel o en la pantalla, tiene que haber tensión, justeza, sorpresa e imaginación. Siempre hay que darle un espacio al rival o al hipotético lector; hay que medirlo a la distancia para volver a atacar. Y cada tanto, para resolver los problemas que uno mismo elabora, hay que tomarse un minuto.

Más tarde, en el camino de vuelta, frenamos en un semáforo rojo de la avenida Cabildo. Ya era de noche, sólo los kioscos, las farmacias y los restaurantes estaban abiertos. En la esquina había una montaña de bolsas de basura y, como al término de cada fin de semana, el resto de la vereda también se veía mugrienta.
Del otro lado de la avenida, en la ventana de un primer y único piso, vi las luces cambiantes de un televisor. Delante de la pantalla había dos nenes que jugaban a pelearse a las trompadas, como actuando para las decenas de peatones y de autos que recorrían la cuadra, y no era difícil imaginar la parte del living oculta por la pared: juguetes tirados en el suelo, olor a encierro, una mesa cubierta por un mantel de hule floreado, a la vez cubierto por migas, platos con sobras de fideos y una botella con jugo.
El edificio, antiguo, de dos departamentos al frente y pintado de amarillo, está encima de un negocio de ropa juvenil y aprisionado entre una torre de veinte pisos y un local de comida rápida. A pesar de los años que llevo caminando por esa avenida, nunca había reparado en esa ventana como quedada en el tiempo.
Cuando el auto volvió a arrancar me dije que lo que estaba pensando también tenía que ver con la escritura, que escribir no era más que eso: descubrir en el paisaje cotidiano ranuras inexploradas, pasear con anteojos nuevos por lugares conocidos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Timing, sorpresa, precisión,estrategia, resolver los problemas que uno mismo elabora, pasear con anteojos nuevos por lugares conocidos, descubrir ranuras inexploradas... qué es esto sino el psicoanálisis- además de la escritura y el básquet?? Vamos! Dele la revancha con un escritor!! La Flaca.

Anónimo dijo...

recien ahora entiendo tus silencios,solo observas y miras para poder luego escribir...
Muy lindo tu relato y muy autentico...

Molina dijo...

Flaca: aunque tomo en cuenta tus palabras, no prometo ninguna revancha. Habrá que convencerme, ya veremos...

Anónimo: gracias por el elogio, y me gustaría saber quién sos. Necesito que salgas del anonimato.

Pola dijo...

Pasear con anteojos nuevos por los mismos lugares. Nada que elimine mejor la rutina.

Anónimo dijo...

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