4 de enero de 2006

Las españolas

Ayer tuve que ir a una escribanía del centro a entregar y retirar unos papeles. En la avenida Pueyrredón, al 64 que me llevaba subieron siete chicas extranjeras. Se sentaron alrededor mío en las últimas filas. Tenían entre veinticinco y treinta años y enseguida me di cuenta de su nacionalidad: mezclaban, a veces hasta en una misma frase, palabras en catalán y en un marcado acento español. Una de ellas me preguntó si faltaba mucho para la Plaza de Mayo. Yo le dije que bajaba ahí y le pregunté de dónde eran.

–De España.

–Ahá, no me digás. De qué ciudad quiero decir.

–De Barcelona . . . ¿Por el acento te has dado cuenta, no?

Habían llegado esa mañana a Ezeiza, y durante sus más de tres semanas de estadía en Argentina visitarían, entre otros lugares, "Patagonia", "Iguazú" y "Río Gallegos".

–¿Y tú qué sitios recomiendas de aquí? Nos han hablado de un lugar llamado Asia Cuba, y de la calle Freud, donde dicen que siempre se juntan un montón de psicólogos a hablar con la gente.

–. . .

–Por el Palermo nos han dicho.

–No sé, Villa Freud puede ser, que es una zona del barrio Palermo Viejo, ahora también llamado Palermo Trenque Lauquen.

A la más simpática le pregunté por la lengua en que hablaba en su vida cotidiana.

–Cincuenta y cincuenta –me dijo.

–¿Y en qué idioma pensás?

–Mmhh, no sé … sueño en catalán, pero cuando escribo, aunque escriba en catalán, pienso en español.

Durante el viaje intenté convertirme en un modesto guía turístico: "la estación Once y la Plaza Miserere", "el Congreso de la Nación y la Plaza de los Dos Congresos", "la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo", "Avenida de Mayo, la avenida más española de Buenos Aires", "allá a la izquierda el Obelisco, y vamos por la 9 de Julio, la avenida más ancha del mundo", "y también tenemos la más larga, Rivadavia, la cruzamos en Once", "el patio del Cabildo".

Mientras hablaba, y sobre todo cuando decía cosas como "tenemos la más ancha y la más larga del mundo", yo notaba que, tal vez para no parecerme a quienes se mimetizan con sus interlocutores extranjeros, exageraba mi acento argentino.

–Y dime, ¿la Casa Rosa dónde se encuentra?

–Ahí, y allá la Catedral, y acá ya hay que tocar el timbre, Plaza de Mayo.

Al caminar por la plaza y ver, al fondo de Diagonal Norte, la silueta del Obelisco, yo pensé que, si fuera extranjero, también me interesaría conocer Buenos Aires. Antes de cruzar la calle giré la cabeza; vi cómo las españolas se acercaban a las pintadas de los pañuelos blancos y me pareció escuchar que la menos simpática, señalando mi espalda, hablaba de mí.

4 comentarios:

paula dijo...

m, sì. se exagera el acento es como q una se da ciertas infulas de vistosidad, cuando la percibe.
yo ayer caminaba x pellegrini y veia las filas de busesturistas, pensaba....ah! toda esta gente vive en trasbordos hoteleros nunca se cruzarà con alguien como yo les señales lugares con onda sinceramente local. pero.....al cabo` q asi lo busquen. (vaya solidaridad al pedo la mia)

Charlotte dijo...

Yo a veces sufro cuando pienso en los lugares que caen los pobres turistas que veo caminando por las calles de Buenos Aires. Pero bueno, se ve que estas chicas tuvieron suerte y se toparon con un buen guía...

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