29 de noviembre de 2007

Mañana


27 de noviembre de 2007

Dodó

(Nota de Noelia Rivero, publicada en el número de septiembre de la revista Dodó, vida de artistas) (Para leer, clickear en las imágenes)






26 de noviembre de 2007

26/11

Querido blog:

Son medio deprimentes esos bloggers que se la pasan mostrando fotos domésticas y hablando todo el tiempo de sus hijos, como si fueran los únicos en el mundo, ¿no? Hay excepciones, claro, como el blog de Loli, el de la Uruguaya y varios más, que están buenísimos y parecen tener la fórmula para quebrar esa regla general. Con respecto a los otros, no quiero decir que tenga algo en contra de esas muestras de intimidad, ni que no me gusten las fotos de nenes con pilas de cedés, mamaderas o manteles cuadriculados de fondo. Hablo de una sensación general que, supongo, deben tener algunos lectores ante esa especie de álbumes familiares públicos alumbrados con luces de living-comedor.


A riesgo de sonar un poco deprimente, entonces, puedo contar que Fausto ya camina como cien metros sin parar, que ya dice "papá" (aunque no está claro si refiriéndose a mí o como una onomatopeya) y que entiende frases como "buscá el chupete", "dejá de rayar ese compact", "los libros no se comen" o "si no te calmás no hay vainillitas". También finge ataques de tos, se ríe a las carcajadas, y se hace el que llora cuando alguien lo reta. La semana pasada Melina tuvo que comprar una red para tapar los espacios que dejaban libres las rejas del balcón. Hasta entonces Fausto había tirado a la calle cinco juguetes, dos tapas de mayonesa, un flan con dulce de leche, un paquete de medialunas y un chupete de los caros.

Ayer al mediodía, en el 166 rumbo al oeste, nos ubicamos con el nene en los asientos del fondo y, mientras esperaba para bajar, un chico de unos veintisiete años (un flaco bronceado, disfrazado de deportista, y, pensé en ese momento, muy parecido al promedio de participantes de Gran Hermano) se lo quedó mirando fijo. "Que maravilla", nos dijo. "Tiene una nariz perfecta, es lindísimo… Por Sunset lo van a corretear…"

21 de noviembre de 2007

Notas rápidas en el 39 (transcripción)

En una esquina de Marcelo T discuten un hombre y una mujer. No puedo darme cuenta si son pareja o sin son padre e hija. Gesticulan mucho. Me da la impresión de que ella está a punto de darle un bollo: le grita como si fuera un nene que juntó basura del suelo. También podrían ser nieta y abuelo: ella tiene menos de treinta y él más de sesenta. Recién cuando nuestro semáforo se pone en verde ellos se disponen a cruzar la calle. Al señor casi lo pisa un tacho.
*

En la verdulería hay un televisor prendido en Telenoche. Ver ahí a María Laura Santillán es como ver a un amigo en otro país. El verdulero levanta un cajón de tomates de la vereda y les mira el culo a dos chicas que pasan del brazo. Los mira como si estuviera comparando la calidad de dos lotes de manzanas.
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Una chica que va adelante habla por celular del recital de Soda Stereo. Dice que estuvo bueno pero que le pareció “muy comercial”. Hace un rato me cambié de asiento porque el flaco que iba parado trataba de espiarme el cuaderno.
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El vendedor ambulante es flaco y barbudo, muy parecido a Bin Laden. La barba lo debe hacer parecer más flaco de lo que en realidad es. Ofrece una linterna multiuso.“Ideal para ahora que se acercan los tiempos lindos”, dice, y yo no puedo darme cuenta de qué tiene que ver una cosa con la otra.
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Ese local de Macdonalds fue el primero al que fui en mi vida. Me llevó mi hermana hace como veinte años. Ella ya vivía en Buenos Aires y yo estaba pasando acá las vacaciones de invierno. En realidad no sé si fuimos a este local o al que está más cerca de Callao. En mi imaginación siempre fue este de Pacífico. Ella pidió un menú barato (dos hamburguesas con queso y una sola gaseosa), subimos al primer piso y comimos a lado de unas chicas con hombreras y pelos parados.
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Un cartel abajo del de Kentucky: moscato, pizza y fainá. Una de las canciones más horribles que escuché en mi vida. El colectivero gritó: “en la prósima el que baja en la estación”. En la baranda del puente hay una pintada política pro Seineldín. Alguna vez, hace unos cinco años, me prometí leerla cada vez que pasara por acá. El tipo que la escribió corrió peligro de muerte: casi se cae del puente o casi lo pisa un tren.
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La mujer que va sentada detrás mío despide un olor a fritanga impresionante. Todavía no pude verle la cara. De reojo vi que tiene unos cincuenta años y una camisa floreada. Estoy seguro de que en la cartera lleva un paquete de rotisería con papas fritas y milanesas de pollo.



20 de noviembre de 2007

Cañas (verano de 1982)


Yo soy el de malla roja.
Y sí, estamos intentando pescar, no sólo haciendo alarde de nuestras cañas.

12 de noviembre de 2007

La tensión entre escritura y experiencia

–¿Flaco, adónde querés ir de vacaciones?

–No sé, yo iría a alguna playa de Uruguay, pero debe estar re caro . . . Podríamos ir a la costa argentina . . . qué sé yo . . . a San Bernardo, ponele . . .

–¿¿En serio me estás diciendo?? . . . ¿Por qué San Bernardo?

–Qué sé yo . . . me gusta el nombre. Me resulta simpático, además . . . se me hace cómodo para ir con el bebé, un ambiente familiar, bien clase media . . .

–¿Simpático, decís? . . . Además, ¿desde cuándo te gustan los ambientes familiares? . . . Me estás jodiendo, no te puede gustar el nombre . . . La vida es otra cosa, no los cuentitos que vos escribís . . .

7 de noviembre de 2007

Rugby (I)

Estamos en el tercer tiempo. Yo tengo los botines limpios, las suelas sin barro, y la camiseta completamente blanca: jugué los últimos quince minutos del segundo tiempo pero casi no toqué la guinda. Apenas terminó el partido, y para no tener que pedirle el bidón a los chicos del equipo contrario, hice lo que siempre hago en los entrenamientos cuando tengo mucha sed: sellé los labios, junté mucha saliva en la boca y después la tragué intentando convencerme de que era agua. Ahora lleno un vaso de papel con gaseosa tibia y me voy a tomarlo a un costado de la cancha. Veo jugar a los de intermedia, escucho los gritos, huelo el humo que sale de la parrilla, y me dan ganas de que los segundos pasen cada vez más rápido. Cuando de reojo veo acercarse a mi entrenador, me levanto y voy a tratar de esconderme a la zona de los árboles.

Odio al rugby y a todo el clima que se forma alrededor. Ni el casete de Los Fabulosos Cadillacs que pusieron en el quincho me saca las ganas de querer estar en mi casa, mirando televisión, escuchando la radio o escribiendo historietas en alguno de mis cuadernos. Odio al rugby y al ambiente que lo rodea: lo único que quiero ahora es estar en mi cuarto. Hace unos meses mi mamá me compró los botines y la camiseta y me llevó al club, con la idea de que ahí me iba a “hacer nuevos amigos”. Mi deporte preferido es el básquet, pero supongo que ella se dejó llevar por el mito que indica que en el rugby se fomenta la amistad como en ningún otro deporte. Creo que algunos de mis compañeros ni siquiera saben mi nombre. En las vacaciones de invierno fuimos cuatro o cinco días a Lomas de Zamora y nos alojamos de a dos en las casas de los chicos de Pucará. Mientras el entrenador, en el colectivo de ida, sorteaba a las parejas, escuché que alguien decía a mis espaldas: “yo puedo dormir en un baño o en cualquier lado; lo único que pido es que no me toque con Molina” . . .

6 de noviembre de 2007

5 de noviembre de 2007