14 de marzo de 2009
12 de marzo de 2009
Para los dos mil lectores bahienses...
desde la semana pasada, Los estantes vacíos está en venta en la librería del Angel, O´higgins 71, local 72.
10 de marzo de 2009
Es una pena que no hayas podido estar el viernes en el Pachamama. Aunque también es un acierto, una muestra de consistencia y realidad ante nuestros lecto-oyentes: el año pasado, en la lectura que dedicamos a tus textos, Romero leyó tu “diario de migraña”. Ahí estábamos nosotros, sin vos, y ahí mismo te imaginábamos en el espiral borroso de tu migraña casera. Una cagada, sí. Pero flor de performance. Digamos que la migraña fue una especie de “disfraz ad hoc”, parafraseando a no me acuerdo quien, respecto de las mentadas payasificaciones del Quinteto. Que quién sabe lo que es. En fin, procedo a contarte más o menos lo que pasó, lo que yo recuerdo, para que estés ahora, retrospectivamente, un poco ahí.
A las 20 horas del viernes se presentan tres sujetos en la dirección Pasaje Argañaras 22, todos vestidos de pantalón negro y remera verde, respondiendo a los nombres, apellidos o seudónimos de: Funes, Romero y Levín.
La seguiría en ese tono pero me aburrí.
El Pachamama estaba vacío, y tenía que ser nuestro. El grueso de socios, afines y habitués del lugar, ya se había excusado: (...)
(Para seguir leyendo, clickear acá)
Prejuicios
–Pero tenés buen look –me dice–. No serás Pola, pero tenés buen look.
8 de marzo de 2009
3 de marzo de 2009
2 de marzo de 2009
27 de febrero de 2009
25 de febrero de 2009
23 de febrero de 2009
-No sé... poné que escribo cosas, que soy periodista -le digo.
-Ah... ¿pero trabajás en diarios y revistas y esas cosas?
-De vez en cuando.
-Uy, justo no podía hacerle a personas que trabajaran en medios...
-Entonces poné, no sé, que corrijo libros. Que soy corrector de estilo.
-Bueno... ¿pongo corrector de estilo y escritor por cuenta propia?
-Okey, dale.
-...
-...
-Uy, ya lo puse...
-Está bien.
-... pero suena muy a vago...
22 de febrero de 2009
21 de febrero de 2009
18 de febrero de 2009
17 de febrero de 2009
"Qué trabajo me va a costar dejarte ir con los pájaros..."
Qué trabajo me va a costar dejarte marchar,
te vas a ir lleno de mí
y vas a volver sin conocerme.
Qué trabajo me va a costar dejar sobre tu pecho
posibles realidades de imposibles minutos.
A la tarde, en la montaña, un Perseo te va a limar las cadenas
y te vas a ir corriendo por los montes
hiriéndote los pies
Invierno de saco azul / nadie te va a recordar,
pero dentro de mí / siempre te vas a quedar.
Siempre conmigo vas a estar.
Mano gigante Dios / tu mano enseñaba a vivir,
quiero tu saco azul / y volver a ser como fui,
volver a casa y verte allí.
El mundo va a caer / va a desaparecer.
Yo tengo tu saco azul / tengo tu saco azul.
No van a poder seducirte ni mi carne ni mi llanto
ni los ríos donde dormías tu fiesta de oro, tampoco.
Desde Oriente a Occidente voy a llevar tu luz gigante,
redonda, tu luz enorme
que sostiene mi alma en tensión aguda.
Desde Oriente a Occidente.
Qué trabajo me va a costar dejarte ir con los pájaros,
qué trabajo me va a costar.
Voy a levantar tus brazos
y se los voy a regalar al viento,
voy a levantar así tus brazos
y se los voy a regalar al viento.
No voy a llorarte más / voy a seguirte hasta el sol.
Ni voy a soñar con vos / voy a usar tu corazón de león.
Yo voy a usar tu corazón.
No queda nada aquí / ya no hay nada que cuidar.
Sólo es tu pecho Dios / que empuja como las olas del mar.
Siempre conmigo vas a estar.
El mundo va a caer / va a desaparecer.
Yo tengo tu saco azul / tengo tu saco azul.
Me pedís que no te llore más, que no te llame más,
que te deje ir, que si te llamo venís,
y que vos estás por pasar a dejar de ser,
pero yo sé que no es por vosque no te debo llamar.
Habrá que olvidar y bueno
y bueno pasará (y todo también pasará).
Pobre, tan sólo te voy a dejar sin saber nada
ni el olor de donde estás
sin siquiera reconocer el olor de donde estás.
Mi corazón late,
sin tu mano enorme en mi cara,
tu mano gigante en mi cara
gigante enorme.
Ya no lloro más, tengo de qué reír.
Mirá acá tocá acá, acá, tocá acá.
Tu mano enorme en mi cara,
gigante, tocá mi cara...
Canción de saco azul / nadie te va a recordar,
pero dentro de mí / siempre te vas a quedar.
Siempre conmigo vas a estar.
Canción de saco azul / nadie te va a recordar
sólo es tu pecho Dios / que empuja como las olas del mar.
Siempre conmigo vas a estar.
13 de febrero de 2009
Literatura
Dos semanas más tarde llamo por teléfono a Mónica y la invito a salir. No tuve noticias suyas desde que le mandé el email con los cuentos. Vamos a tomar algo a un pub de Barrio Norte y fumamos dos cigarrillos antes de que ella saque el tema.
–Leí los cuentos –dice, aspirando el humo.
–Ahá.
–Están muy bien escritos.
–Hm.
Mónica da otra pitada y me mira directamente a los ojos.
–Pero la verdad es que no sé qué es lo que tienen de especial. Todos los años se publican miles de cuentos como esos. No me parecen para nada originales. Están re bien escritos, ya te lo dije, súper profesionales. ¿A vos te importan esos personajes?
No contesto su pregunta y ella sigue hablando.
–Claro, cómo no te van a importar si escribís sobre ellos. Pero me pregunto por qué me tienen que interesar si a ellos mismos no les importa nada de sí mismos. Son como robots, no tienen sentimientos, ni metas en la vida, nada … Nada que les importe. Yo también fui a un taller literario y entiendo un poco del tema.
–Yo nunca fui a un taller literario.
–Ahá.
Nos quedamos un rato en un silencio un poco incómodo hasta que Mónica vuelve a hablar.
–Yo creo que la vida de la gente tiene que tener sentido. Hay que tener objetivos, algo positivo que nos haga seguir adelante, desafíos para mejorar, ser mejores personas.
–¿Todo eso lo aprendiste en el taller?
–Espero que no te enojes. Por lo menos te fui sincera.
–No, claro.
–Además, ya te lo dije. Están re bien escritos.
–Sí, ya me lo dijiste.
(…)
Fragmento del cuento “Literatura”, del libro Literatura y otros cuentos, de Martín Rejtman (Interzona, 2005)
12 de febrero de 2009
"Para saber bien cómo era la soledad / yo tuve que conocer a alguien como vos..."
Luego de andar caminando sin un rumbo fijo
vuelvo al lugar donde tanto silencio aprendí.
Abandonando placeres casi divertidos
(vuelvo al lugar donde tanto silencio aprendí)
Si estoy despierto y sueño con tus ojos
no te olvides que yo te vi primero.
Dame refugio esta noche de otoño,
ahora estoy libre sin causa y condena
Para saber bien cómo era la soledad
yo tuve que conocer a alguien como vos,
un dulce viento con lágrimas en sus mejillas,
disfrazadita de lluvia así me gusta más
Refugio, de Mal Momento (El audio no es muy bueno -está grabado en vivo en un estudio de radio- pero la canción es increíble)
11 de febrero de 2009
You're wondering now
You're wondering now, what to do, now you know this is the end
You're wondering how, you will pay, for the way you did behave
Curtain has fallen, now you're on your own
I won't return, forever you will wait
4 de febrero de 2009
Interviú
“Los escritores son los neuróticos que la pasaban mal en la escuela”Por Valeria Tentoni (para el suplemento Nexo del periódico Atico de Bahía Blanca)
Joven, muy joven, este autor bahiense ya cuenta con su primer libro de cuentos publicado, y una novela en camino. Con la idea en mente de que “cualquier acontecimiento puede ser narrado”, Molina se anima al relato de lo imperceptible, y empuñando elementos cotidianos, como quien manipula colores primarios, logra generar un universo de palabras en el vacío, para que haya, como dice, donde antes no había nada, una historia. El valor de una llamada de teléfono equivocada.
¿Cómo se originó tu vínculo con la literatura? ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
Creo que me empezó a gustar la literatura desde antes de saber que me gustaba, desde antes de leer un libro por voluntad propia. De chico exploraba mucho en las letras de las canciones, por ejemplo. O leía el diario y, más que en la noticia en sí, me fijaba en cómo estaba construido el texto. Me enganchaba con todo tipo de narraciones, con los programas de radio de la noche, los discursos políticos, las transmisiones de básquet. Me colgaba oyendo conversaciones, imaginando charlas entres personas que no se conocían. No pretendo decir que todo es literatura, pero sí creo que en esa época le empecé tomar el gusto a cierto tipo de relatos. Después, en la adolescencia, el primer libro que compré, influenciado por una canción de Los Fabulosos Cadillacs, fue Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano.
En tu libro Los estantes vacíos, se encuentra un estilo bien afirmado que está presente en cada uno de los cuentos. ¿Cómo fuiste encontrando ese estilo? ¿Cómo definirías tu escritura?
Las definiciones de ese tipo siempre son inexactas, por eso prefiero no arriesgar ninguna. Te podría decir que me gusta trabajar con los detalles, con los pliegues del pensamiento, con las cosas no dichas, con retazos que a simple vista no merecerían estar en ningún libro. Cuando me pongo a escribir trato de olvidarme de la palabra literatura. Es un término hermoso, pero que también, en cierta acepción, conlleva una carga de tradición muy pesada. Y yo intento alejarme de cualquier tradición, trato de romper con los clichés, los estereotipos, el costumbrismo, las estructuras, el coloquialismo mal entendido. No sé si lo logro, ni cuál es el valor de eso, pero lo intento.
Tenés cierta predilección por lo cotidiano, lo doméstico, si se quiere; ¿Qué hace del detalle de un acontecimiento "normal", una historia para contar?
Cualquier acontecimiento puede ser narrado. Esa certeza me salva muchas veces. Aunque tengo como regla tácita no escribir sobre ciertos temas (por razones que resultaría largo explicar), saber que cualquier cosa se podría corporizar en palabras puede ser un alivio hasta en situaciones extremas. Con respecto a lo cotidiano y lo doméstico, creo que lo raro tendría que ser lo contrario: que los personajes de las novelas siempre protagonicen grandes epopeyas, cuando en realidad eso no pasa tanto en la vida real. La mayor parte del tiempo uno no la pasa pensando en los grandes sucesos o en las misiones vitales, sino en cosas mucho más pequeñas: duda en volver a su casa para confirmar si dejó la llave de gas cerrada, hacer fuerza mental en la cola del banco para que le toque la cajera más linda, se obsesiona con asuntos a los que al otro día no les encuentra sentido, se incomoda si tiene que hablar con un desconocido en un ascensor. Una vez un amigo me preguntó: “¿por qué será que en las películas o en las novelas nadie recibe llamadas de teléfono equivocadas?”. Tampoco nunca un personaje llama a otro para nada en especial, para preguntarle cómo anda todo. Yo en mis relatos intento que todas las llamadas sean equivocadas, pero que al mismo tiempo tengan un sentido dentro de la historia.
¿Por qué procesos transita una idea en vos hasta trasladarse a la palabra escrita?
Es impredecible. Cada vez que termino de escribir algo, creo que nunca me va a salir otra cosa. Es raro leerse: ahí hay una historia que antes no existía y que uno metió de alguna manera en el mundo, aunque sin tener la conciencia exacta de cómo lo hizo. Yo suelo tomar notas de escenas, de diálogos, y algunas después van tomando forma. La mejor parte de la escritura es la que se hace de manera inconsciente. Uno puedo pensar los personajes y delinear una trama, pero lo que pasa cuando surge la inspiración y se van llenando páginas de cuaderno o de word es lo más lindo, y, al mismo tiempo, lo más misterioso de todo.
¿Tenés rituales a la hora de escribir?
Antes tenía rituales y me imponía rutinas. Pero desde que soy padre ya no puedo darme ese lujo: escribo cuando encuentro el tiempo y la tranquilidad para hacerlo. Tal vez por eso empecé a escribir novelas, para tener hilos de los que ir tirando cada vez que me siento a escribir y no tener que empezar siempre desde cero. Una comodidad burguesa, en cierto sentido.
Formás parte del grupo El Quinteto de La Muerte, con el que realizan lecturas en vivo. ¿Qué cosas te aportó este grupo humano?
Lo que me otorgó el Quinteto es, sobre todo, la amistad con gente que invierte buena parte de su tiempo en una actividad tan absurda como la literaria. Porque el de escritor de ficciones debe ser uno de las oficios más inútiles a nivel social. Es verdad que sirve para que alguna gente se entretenga, se emocione o se ponga a pensar, pero la relación costo beneficio, en términos de producción capitalista, es demasiado negativa. Entonces el Quinteto es una de las cosas que me ayuda a sentirme menos solo dentro un mundo en el que el capital simbólico tiene una utilidad casi nula.
¿Qué aportes te dió la lectura en vivo de tus textos? ¿Modificó tu manera de escribir?
No la modificó para nada. Me gusta leer en público, a veces lo disfruto más y a veces menos, pero tengo claro que ahí no se juega nada de mí como escritor. No es una instancia comparable a la de un músico tocando sus canciones. Un escritor no tiene necesariamente que interpretar bien su obra. No es un actor ni un locutor. La verdadera experiencia de lectura es solitaria y en voz baja. Lo mejor de las lecturas en público es que le dan entidad social y de conjunto a un hecho que no la tendría de otro modo. Las lecturas están buenas cuando tiene cierta mística, y creo que las del Quinteto la tienen.
¿Te sentís parte de una generación literaria? ¿Qué elementos los hermana además del momento y del lugar?
La generación existe, no es cuestión de sentirse parte o no. Supongo que todas las épocas tuvieron sus camadas de nuevos escritores, pero lo que hay ahora, y que se nota desde hace unos cuatro años, es una herramienta como Internet que les permitió, en principio, darse a conocerse entre ellos. Así como en otras décadas los autores se nucleaban en torno a revistas, ahora lo hacen a través de blogs y de sitios digitales. Paralelamente a eso surgieron algunas editoriales independientes como Entropía –en la que edité mi primer libro y voy a editar el próximo– y se armó un circuito de lecturas que ayudó a crear un clima. En cuanto a los autores, no veo ningún patrón común. Por suerte hay una gran variedad de concepciones y de estilos.
¿Cómo aprovechás el formato blog para tu escritura? ¿Qué cosas tuyas van a parar ahí?
A lo que escribo en el blog no le doy mucha trascendencia, lo publico así nomás, sin pensarlo demasiado y sin correcciones. Aunque después me doy cuenta de que varias de esas cosas me terminan gustando. De hecho, en base a textos del blog armé Un padre de familia sin auto, una especie de novelita autobiográfica que va a formar parte del libro del Quinteto de la Muerte que se va a publicar este año.
Naciste en Bahía y viviste acá hasta los quince años. En una nota decís de esta, que es una ciudad "tímida". ¿Por qué?
Sí, dije eso, pero después me arrepentí un poco. Decir eso me sirvió para hablar un poco de mí, como una metáfora de mi infancia. Pero no me gusta generalizar ni ser prejuicioso, no quiero parecerme a los tarados que, por el hecho de estar más o menos cerca de Puerto Belgrano, dicen que Bahía es una ciudad fascista.
¿Qué imágenes te trae Bahía Blanca? ¿Cómo ves, desde tu vida en Buenos Aires y tus visitas esporádicas, el estado de cosas del medio cultural en esta ciudad?
Las imágenes son muchas. Ahora se me ocurre el frío de la plaza Rivadavia cuando la cruzaba para ir al colegio; el viento caliente y seco del verano; la cancha de Estudiantes llena; la tranquilidad de la avenida Alem los domingos a la tarde en que volvía con mi familia de Sierra de la Ventana; la cantina de Napostá; una pintada en la entrada del club Palihue a mediados de los ochenta: ciudado, Astiz anda suelto; las primeras salidas nocturnas por Fuerte Argentino cuando todavía me peinaba como un nene y no me había cambiado la voz. Lo que pasa es que yo me fui de Bahía cuando aún no se había concretado el proyecto de exterminio social y cultural pergeñado por el menemismo. Entonces es lógico que la actual sea una ciudad diferente, aunque no tuve demasiadas oportunidades para constatarlo. Y si con medio cultural te referís al campo artístico o literario, tampoco tengo muchas referencias, más allá de la existencia de un interesante grupo de poetas y de un valioso espacio como la editorial Vox.
"Me salva/y me condena a la vez/pensar/todo el día en palabras". ¿Qué lugar ocupa la poesía en vos?
Para escribir narrativa es necesario tener un sentido poético. Al término prosa poética no lo entiendo: para mí toda la prosa debe ser poética. Pero no hablo de la acepción cursi y solemne que se le da a la poesía en la escuela, sino de su sentido más profundo, y también de la justeza que hay que tener para construir las frases, de sentir que cada palabra tiene que estar ahí por algo y cumpliendo determinada función. En cuanto a mis poemas, los hago sin proponérmelo demasiado. Surgen como chispazos. Estoy pensando en algo, y de pronto me baja casi todo el poema completo. Después sólo tengo que sentarme a transcribirlo. Por otro lado, me gustaría que la lectura de mis relatos tuviera un efecto parecido a la lectura de un buen poema, una especie de emoción imprecisa, una sensación complicada de definir.
Para terminar; sé que cuando tu hijo Fausto se pone mañoso, le contás un cuento. ¿Cómo es Molina papá escritor? ¿Cómo se emparenta ese rito privado con tu hijo?
Papá-escritor suena raro. En realidad, cualquier título que se ponga al lado del de padre queda medio ridículo. A mí ser padre me ayudó a relativizar la mirada sobre muchas cosas, entre ellas la literatura. Sigo pensando que la literatura me cambió la vida y que sin ella sería una persona mucho menos saludable psíquicamente, pero a muchas de las cosas que la rodean (las capillas, la rosca, el pasilleo, el supuesto prestigio) les presto cada vez menos atención. Con respecto a mi hijo, voy a hacer lo posible para que disfrute del placer de la lectura, pero espero, por su bien, que no tenga pasta de escritor. Porque los escritores, en general, son los tipos introspectivos y neuróticos que de chicos la pasaban mal en la escuela, los que eran marginados en los recreos, los que se sacaban las peores notas porque no prestaban atención en las clases. Entonces espero que mi hijo tenga otros intereses, que sea médico, ingeniero o abogado. O que encuentre un buen modo de vengarse de sus compañeritos.
*
2 de febrero de 2009
30 de enero de 2009
"Sueño con la cola que sólo vi una vez / aunque no fuera áurea ni única...
(este post se autodestruirá)
9 de enero de 2009
8 de enero de 2009
2 de enero de 2009
29 de diciembre de 2008
Plataforma 56
deambula por la terminal de Retiro
en busca de testimonios
sobre el éxodo turístico
viera la sonrisa y los brazos abiertos
con que me saluda mi hijo
tras quince días sin verme,
llamaría a estudios centrales
para pedir que dejen de hablar
sobre la ola de inseguridad
o el blanqueo de capitales,
para darles la primicia
de que lo único real
está sucediendo ahora
en la plataforma cincuenta y seis
al costado de un coche cama
procedente de Villa Gesell.
24 de diciembre de 2008
23 de diciembre de 2008
20 de diciembre de 2008
La novela, un modo de acumulación
*
El novelista tiene algo de empresario, o de jefe de área diciéndose a sí mismo: bueno, ponete las pilas, para el fin de esta semana tenés que terminar el segundo capítulo, metele que no terminás más.
*
El novelista acumula palabras y frases como si tratara de acumular carga horaria en un trabajo tradicional. Un modo de acumulación capitalista y en cierto modo conservador. Un modo de acumular que funciona en realidad por sustracción. Dos trabajos que se ejecutan de manera consciente, muchas veces lejos de los raptos de inspiración: ya tengo la estructura, ahora invento cosas para meter ahí adentro.
*
El momento más feliz en el proceso de escritura de una novela puede no ser aquel en que uno está escribiéndola: puede ser aquel en que, lejos de la máquina, mientras hace cualquier otra cosa, piensa en ideas, palabras o frases y no ve la hora de sentarse a escribirlas, a ir dándole forma a ese nuevo universo que va a meter en el mundo.
*
Lo mejor de escribir novelas es que uno, cuando se sienta frente al papel o la pantalla, siempre tiene algo para hacer. O al menos tiene hilos de los cuales tirar para ir ampliando la superficie. Eso es, en rigor, lo mejor y lo peor al mismo tiempo. Una comodidad cautelosa, que no tendría mucho que ver con el espíritu de la creación artística genuina.
No-Retornable
18 de diciembre de 2008
17 de diciembre de 2008
Siguiendo la luna
12 de diciembre de 2008
"¿Se sienten como rockstars del ambiente literario?"
"Contra la solemnidad habitual y el individualismo egocéntrico de los autores consagrados, estos nuevos valores de la narrativa local se juntaron para leer, cocinar y hasta vestirse en público"
Para leer la nota, clickear acá.
11 de diciembre de 2008
Sandinista
Ayer entré a un Supermercado
y vi los estantes vacíos;
la mayor parte vacíos; y sentí un poco
la melancolía de los estantes vacíos,
pero más que eso, la alegría
por la dignidad de nuestro pueblo patente
en los estantes vacíos.
Estos estantes antes tan abarrotados
de cosas de todos colores innecesarias y necesarias
o como están en otros países. Es el precio
que pagamos, un pueblo pequeño peleando
contra el Coloso, y los veo repletos
de heroicidad los estantes vacíos.
El precio de la independencia. Y porque hay
miles de cachorros de Sandino sueltos por el monte.
Y así como faltan esas hileras de cosas de colores
falta la señora en la accra enseñando su haga,
el niño de ojos blancos como mármol extendiendo su mano.
Los niños retozan en sus barrios;
los mayores, tranquilos.
Y los policías sin garrotes de hule en la calle
para pegar a la gente,
ni bombas lacrimógenas
ni mangueras de agua ni escudos antimotines,
por los estantes vacíos.
Están sin las cosas
necesarias o innecesarias, pero llenos de sacrificio
y orgullo los estantes vacíos,
orgullo, arrogancia si se quiere, de un pueblo:
los estantes vacíos.
Ni se vende ni se rinde.
Y me fui, pesaroso pero gozoso por los estantes vacíos.
9 de diciembre de 2008
8 de diciembre de 2008
Bicho
4 de diciembre de 2008
Un padre de familia sin auto
ni casa, ni familia,
mira el techo desvelado,
a las tres de la mañana.
Y espera a que se hagan las ocho
para caminar los mil kilómetros
que entran en la cuadra
que ahora lo distancia de su hijo.
Un padre sin familia que
–como los futbolistas
que se van al descenso–
habla en tercera persona,
para ablandar el dolor.
Si invitaran al Quinteto...
“Es fascinante ser el único acá”
3 de diciembre de 2008
29 de noviembre de 2008
Pienso un poco en mis hijos. Mis hijos son mi casa
como estas estrellas son la casa
de mis ojos.
Desierta está la Plaza Batallón 40.
Su comandante es este hermoso árbol
que susurra
con los brazos abiertos,
y en la cabeza alta, en las banderas
y en los brazos abiertos
del comandante que perdió su sueño
susurra el aire suave,
el más suave de toda Sudamérica.
Nombre de cuartel tiene la plaza,
pero no es necesario
pasar por una guardia
para sentarse un rato en este banco,
no hay policía militar que pida
los papeles,
la dirección del alma.
Respira a pocos metros
el comandante positivo
y en su pecho susurra el aire suave,
el más suave de toda Sudamérica,
este aire lavado y vuelto a lavar
de amanecer en amanecer,
desde que el país existe,
como un blanco ajustado uniforme
sobre el cuerpo sin sueño
del comandante abierto
como cruz, florecido.
Alguien, algún día,
me contará qué hizo
el Batallón 40
aunque a mí no me importe
saberlo,
aunque hoy me baste
con leer su nombre
pintado con pobreza en una esquina,
me baste con sentir
que el Batallón 40
descansa en esta plaza,
bajo este cielo bajo, muy bajo
y muy oscuro
entre estrella y estrella
que pesa sobre el alma como jaula
vacía de zoológico,
con la puerta entreabierta.
En mi bolsillo, junto a otras llaves,
guardo la llave de una casa
de Buenos Aires
donde mis hijos duermen,
donde también va a amanecer
dentro de poco.
Allá todo era simple.
Se me caía el anillo
de casado del dedo,
salía a la terraza
miraba amanecer.
No sé qué hizo el Batallón 40,
ni me importa saberlo.
Pero junto a este árbol,
bajo este cielo
que perdió a su tigre,
miro con sueño las estrellas,
siento la suave brisa como el alma
de muchos hombres pobres
y borrados
sobre la luz de un monte.
En mi bolsillo guardo la llave
de otros amaneceres tibios
pero sin sueño,
amaneceres para gritar
pero no, porque mis hijos duermen.
Aquí descanso, en el Batallón 40.
24 de noviembre de 2008
Quiero que legalicen la marihuana
cantan golpeando el techo,
sacando los brazos por las ventanillas,
los hinchas de River Plate
que nos secuestraron en el cuarenta y dos
y nos llevan sin escalas hasta Núñez.
Mirá si serán putas las gallinas,
me dice en voz baja al oído
la chica que viaja a mi lado,
y me muestra con disimulo,
bajándose un centímetro la pollera,
el borde de su bombacha azul y oro.
Mirá serán caretas estos pibes
que no pueden quemarse un churro
por fuera de la ley.
19 de noviembre de 2008
18 de noviembre de 2008
La placita
Lunes a las siete de la tarde. Mi hijo maneja su auto en la placita y una nena se le acerca y se queda mirándolo fijo. Fausto gira la cabeza y me consulta con la mirada; parece que no sabe cómo reaccionar.*
Se acaba de ir un contingente de tres mujeres y cinco nenes. También se fue una chica de unos diez años que saltaba a la soga. Ahora, la presencia más destacable es la de un papá con saco y corbata que habla de negocios por celular. “Si me la dejás a ocho lucas verdes la paso a buscar mañana mismo”, dice como apurando al que le habla del otro lado. Por unos segundos, no sé por qué, estoy convencido de que tiene el teléfono apagado y que está actuando para mí.
*
Sentada a la mesita que tengo detrás hay una pareja de adolescentes. Ella tiene el pelo lacio hasta la cintura, teñido de amarillo oro, y pantalones militares. El pibe está totalmente de negro, tiene una mochila con inscripciones en liquid paper, y habla como si no le molestara el flequillo que le cubre el ojo derecho: “la vieja hija de puta me prometió cincuenta pesos y terminó dándome cuarenta, encima yo no le puedo decir nada porque es la mamá de los melli”.
*
Ahora, jugando a la pelota, hay dos nenes con camisetas de fútbol: una del Barcelona de España y otra de la Juventus de Italia. Mi viejo, si estuviera acá, diría que son de San Lorenzo de Almagro y de Liniers de Bahía; es así de localista.
*
¿Cómo dar cuenta de la calidez de la luz sepia del atardecer que se cuela por entre las hojas de ese árbol?
*
Dos mellizos de un año (no deben ser los mellizos de los que hablaba el emo) juegan prolijamente con un balde y una pala en el arenero. Fausto los mira quieto desde la zona de las baldosas, sentado en su autito, como si estuviera presenciando un espectáculo desde la platea preferencial.
*
Cada tanto aparece alguien extraño por la placita, alguien que no es ni papá ni tío ni abuelo y que es mirado de reojo por los demás: un borracho pacífico, una vieja chiflada, un tipo que conversa con sí mismo. Esta vez es un gordo de unos sesenta años que se sienta en uno de los bancos verdes, apoya un paquete de papel madera en el suelo y empieza a desplegarlo. Adentro hay una pila bastante alta de sánguches de miga. Desde acá se nota que están secos y endurecidos. El tipo, que está demasiado abrigado para la época del año, los empieza a comer con la mirada fija en algún punto de la calle. Tiene unos auriculares puestos. Durante unos segundos me convenzo de no transmiten sonidos.
17 de noviembre de 2008
"Nueva escritura en Latinoamérica"
14 de noviembre de 2008
Bellatin por Entropía
Los que leen meses enteros, se deprimen y aconsejan...
Anónimo ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Fans del Quinteto...":
la verdad que es deprimente buscar en temátika a ver quien compra tus libros. te conviene mirar un poco a tu alrededor y dejar de llevar a cabo las máximas que vos mismo expones para los escritores primerizos.Cerrá el blog, abandoná el lobby, y sentate a escribir. En una de esas, lo hacés bien.











